cap?tulo 1

– ?Un guardaespaldas! ?No necesito un jodido guardaespaldas!

Las puntas plateadas de las botas vaqueras de piel de serpiente de Bobby Tom Denton centellearon bajo la luz del sol cuando el ex-futbolista atraves? la alfombra y plant? los talones de sus manos sobre el escritorio de su abogado.

Jack Aikens lo mir? con cautela.

– Windmill Studios piensa que s?.

– No me importa lo que piensen. Todo el mundo sabe que no hay ni una sola persona en el sur de California que tenga ni una pizca de sentido com?n. -Bobby Tom se incorpor?-. Bueno, puede que algunos rancheros, pero nadie m?s. -Acomod? su larguirucha silueta en una silla de cuero, apoy? las botas sobre el escritorio, y cruz? los tobillos.

Jack Aikens observ? a ese hombre que era su cliente m?s importante. Hoy Bobby Tom vest?a casi conservadoramente, unos pantalones de lino blancos, una camisa de seda color lavanda, sus botas p?rpuras de piel de serpiente y un sombrero vaquero gris claro. El ex-receptor no iba a ning?n sitio sin su sombrero stetson. Algunas de sus novias llegaban a jurar que no se lo sacaba siquiera para hacer el amor, aunque eso Jack no se lo cre?a. Bueno, Bobby Tom se enorgullec?a de ser texano, aunque su carrera profesional lo hab?a obligado a pasar la mayor parte de la ?ltima d?cada viviendo en Chicago.

Con su atractivo de modelo de portada, su sonrisa matadora y sus dos anillos de ganador de la SuperBowl, Bobby Tom Denton era el ni?o mimado m?s famoso del f?tbol profesional. Desde el comienzo de su carrera la audiencia televisiva hab?a quedado encandilada por su aire provinciano; pero los jugadores rivales no hab?an quedado tan encandilados por su encanto de ni?o bueno. Sab?an que Bobby Tom era listo, decidido y dif?cil de atrapar. No s?lo hab?a sido el receptor m?s destacado de la NFL, sino que tambi?n hab?a sido el mejor en su puesto y cuando una lesi?n en la rodilla, cinco meses antes de que se jugara en enero la SuperBowl, lo hab?a obligado a retirarse con s?lo treinta y tres a?os hab?a sido natural que Hollywood mostrara inter?s en convertirle en el ?ltimo h?roe de sus pel?culas de acci?n y aventura.

– Bobby Tom, los de Windmill tiene derecho a preocuparse. Te pagan bastantes millones de d?lares para que ruedes tu primera pel?cula con ellos.

– ?Soy futbolista, no una jodida estrella de cine!

– En enero, pasaste a ser un futbolista retirado -se?al? Jack-. Y fuiste t? quien firm? el contrato para rodar esa pel?cula.

Bobby Tom se quit? su sombrero de vaquero, se pas? una mano entre su grueso cabello rubio y se volvi? a poner el sombrero.

– Estaba borracho y buscaba darle un nuevo rumbo a mi vida. Deber?as de haber impedido que tomara decisiones tan importantes cuando estoy bebido.

– Somos amigos desde hace mucho tiempo, y a?n no te he visto borracho, as? que esa no es una excusa. Y resulta que eres uno de los hombres de negocios m?s listos que conozco, as? que sin duda alguna no necesitas el dinero. Si no hubieras querido firmar ese contrato con Windmill, no lo habr?as hecho.

– Bueno, pues he cambiado de idea.

– Te he visto firmar m?s contratos de los que puedo contar, y nunca te he visto romper uno. ?Est?s seguro que quieres comenzar ahora?

– No he dicho que fuera a romper el maldito contrato.

Jack se levant? y coloc? un par de carpetillas y cogi? un tubo de Tums [2]. Se conoc?an desde hac?a una d?cada, pero sospechaba que no conoc?a a Bobby Tom mejor que el peluquero que le cortaba el pelo. A pesar de su amabilidad y simpat?a, el ex-jugador de f?tbol era muy celoso de su privacidad. Jack no lo culpaba. Todo el mundo quer?a algo de Bobby Tom y el futbolista hab?a aprendido a protegerse. En opini?n de Jack, no siempre lo consegu?a. Todos los ex-compa?eros, mujeres o vecinos de su ciudad natal con alg?n tipo de infortunio hab?an llegado a considerar a Bobby Tom una presa f?cil.

Jack abri? el tap?n plateado del bote de Tums.

– S?lo por curiosidad. ?Sabes algo de actuar?

– Caramba, no.

– Me lo figuraba.

– No veo que importancia puede tener. Todas las pel?culas son iguales, todo lo que se tiene que hacer es dar una patada en el culo a alguien y desnudar a un par de mujeres. Caramba, yo lo llevo haciendo desde los ocho a?os.

Ese tipo de comentarios era t?pico de Bobby Tom Denton, y Jack sonri?. A pesar de lo que su cliente dijera, quer?a creer que Bobby Tom ten?a intenci?n de hacer una pel?cula de ?xito. Lo conoc?a lo suficiente como para saber que no iba a cobrar por algo que no tuviera intenci?n de hacer lo mejor posible, desde comprar tierras hasta acciones de nuevos negocios. Aunque de todas maneras se estaba tomando su tiempo.

Jack se reclin? en su silla.

– Habl? con Willow Craig de Windmill hace un par de horas. Es una mujer tremendamente infeliz, sobre todo desde que insististe en que los exteriores se rodaran en Telarosa.

– Necesitaban un peque?o pueblo en Texas. Sabes lo mal que va all? la econom?a.

– Cre?a que intentabas mantenerte alejado de all? alg?n tiempo, especialmente con toda esa locura del festival para revitalizar el pueblo.

Bobby Tom se estremeci?.

– No me lo recuerdes.

– Pero el hecho es que tienes que ir all?. Windmill ya ha trasladado al equipo y todos los empleados, pero como t? no est?s a?n no pueden empezar.

– Les dije que iba a ir.

– Igual que les dijiste que ibas a ir a todas esas pruebas de vestuario que hab?an programado hace dos semanas en Los ?ngeles.

– No quer?a parecer un jodido pollo relleno. Caramba, tengo el mejor guardarropa de la NFL. ?Para qu? necesito pruebas de vestuario?

Jack se rindi?. Como siempre, Bobby Tom iba a hacer las cosas a su manera. A pesar de toda su superficial amabilidad, el texano era testarudo como una mula y no le gustaba que lo presionaran.

Bobby Tom baj? las botas del escritorio y lentamente se levant?. Aunque lo ocultaba perfectamente, Jack sab?a c?mo se hab?a sentido por su retirada forzosa. Desde que los m?dicos le hab?an dicho que nunca podr?a volver a jugar, Bobby Tom se hab?a comportado como un hombre al borde de la ruina en vez de una leyenda del deporte que hab?a percibido un multimillonario salario de los Chicago Stars y que s?lo era una parte del dinero que pose?a. Jack se pregunt? si el contrato para hacer la pel?cula no ser?a simplemente la manera que ten?a Bobby Tom de pasar el tiempo mientras intentaba aclararse respecto a qu? hacer con el resto de su vida.

Bobby Tom se par? en la puerta y le dirigi? a su agente la mirada; la mirada penetrante de sus ojos azules que todos los defensas de la liga hab?an aprendido a temer.

– Llama a esa gente de Windmill ahora mismo y diles que no venga ese guardaespaldas.

Aunque la petici?n fue dicha con suavidad, Jack no se enga??. Bobby Tom siempre sab?a exactamente lo que quer?a y generalmente lo obten?a.

– Me temo que ya hay alguien en camino. Y es un escolta, no un guardaespaldas.

– Les dije que yo ir?a a Telarosa, y lo har?. Si aparece un maldito guardaespaldas y cree que puede darme ?rdenes, ser? mejor que sea un hombre tenaz porque, de otra manera, volver? con mis iniciales grabadas en el trasero.

Jack mir? el sobre amarillo que ten?a delante y decidi? que ese no era el mejor momento para decirle a Bobby Tom que el “hombre tenaz” que enviaba Windmill Studios respond?a al nombre de Gracie Show. Mientras deslizaba el sobre debajo de una carpetilla dese? que la se?orita Show tuviese un buen culo, unas tetas de infarto y los instintos de una pira?a. De cualquier otra manera, no iba a tener ninguna posibilidad contra Bobby Tom Denton.

*****

El pelo de Gracie Show era un desastre. Mientras la h?meda brisa nocturna de principios de julio empujaba un mech?n de su pelo casta?o cobrizo delante de sus ojos, decidi? que deber?a haberse pensado mejor lo de confiar en un peluquero llamado Mister Ed. Sin embargo, no cre?a que se debiese hacer hincapi? en algo tan negativo, as? que en vez de pensar en la desastrosa permanente, cerr? la puerta del coche de alquiler y camin? por la acera en direcci?n a la casa de Bobby Tom Denton.

Media docena de coches estaban aparcados en el curvo camino de acceso, y al acercase a la estructura de madera y vidrio que asomaba sobre el lago Michigan, oy? m?sica sonando con gran estruendo. Eran las nueve y media. Desear?a poder posponer el encuentro hasta el d?a siguiente, cuando estuviera m?s descansada y menos nerviosa, pero simplemente no pod?a darse el lujo de disponer de tiempo. Necesitaba probar a Willow Craig lo eficazmente que pod?a solucionar su primera responsabilidad real.

Era una casa inusual, baja y arm?nica, con el tejado en un ?ngulo agudo. Las puertas principales estaban lacadas y ten?an unos pomos de aluminio que parec?an huesos. No pod?a decir que la casa fuera precisamente de su gusto, pero era interesante. Tratando de ignorar las mariposas de su est?mago, resueltamente presion? el timbre y estir? con fuerza la chaqueta de su mejor traje azul marino, sin forma y con una falda que no era ni larga ni corta, sino simplemente pasada de moda. Dese? que la falda no se hubiera arrugado tanto en el vuelo de Los Angeles al Aeropuerto O’Hare de Chicago, pero la ropa nunca hab?a sido lo suyo. Algunas veces pensaba que su sentido de la moda se hab?a atrofiado al haber crecido con tanta gente mayor alrededor, porque siempre parec?a ir al menos con dos d?cadas de retraso.

Cuando presion? el timbre otra vez, crey? o?r la reverberaci?n de un gong desde el interior, pero la m?sica era tan fuerte, que no estuvo segura. Un peque?o hormigueo de anticipaci?n recorri? su cuerpo. La fiesta sonaba salvaje.

Aunque Gracie ten?a treinta a?os, nunca hab?a asistido a una fiesta salvaje. Se pregunt? si habr?a pel?culas pornogr?ficas y platitos con coca?na pas?ndose entre los invitados. Estaba casi segura de que lo desaprobar?a, pero no ten?a en realidad ning?n tipo de experiencia al respecto, as? que se reserv? la opini?n. Despu?s de todo, ?como iba a forjarse una nueva vida si no estaba abierta a nuevas experiencias? No era que fuera a experimentar con drogas, pero, en lo que respecta a pel?culas pornogr?ficas…, quiz? pudiera echar una miradita.

Presion? el timbre dos veces seguidas y retir? otro caprichoso mech?n de pelo hacia su trenza despeinada. Hab?a esperado que su nueva permanente eliminase la necesidad de utilizar ese peinado tan anticuado pero c?modo, que hab?a utilizado sin descanso durante la d?cada anterior. Hab?a imaginado algo suave y ondulado que la hiciera sentir una mujer nueva y la permanente de Mister Ed era tan marcada que no se acercaba ni de lejos a lo que ella ten?a en mente.

?Por qu? no hab?a recordado a tiempo sus a?os de adolescente cuando todos sus esfuerzos de autosuperaci?n hab?an resultado desastrosos? Se hab?a pasado meses con el pelo verde por haber calculado mal la cantidad de per?xido de un tinte y otra vez se le hab?a puesto la piel hecha un desastre por una reacci?n al?rgica a una crema para pecas. A?n o?a las carcajadas de sus compa?eros de clase de secundaria cuando los algodones que rellenaban su sujetador se hab?an movido mientras comentaba para la clase un libro de lectura obligada. Ese incidente hab?a sido un golpe mortal y en ese mismo momento se hab?a prometido a si misma aceptar las francas palabras que su madre hab?a dicho desde que Gracie ten?a seis a?os:

Desciendes de una larga serie de mujeres feas, Gracie Snow. Acepta que nunca ser?s guapa y vivir?s bastante m?s feliz.

Era de altura mediana, ni lo suficientemente baja como para ser graciosa, ni lo suficientemente alta para resultar esbelta. Aunque no estaba precisamente plana, se encontraba en el nivel m?s cercano. Sus ojos no eran ni ardientemente casta?os ni chispeantemente azules, sino de un gris de dif?cil descripci?n. Su boca era demasiado ancha, su barbilla demasiado terca. Ni se molestaba en agradecer su piel clara, pues montones de pecas se esparc?an sobre su nariz, ni tampoco que ?sta ?ltima fuera peque?a y recta. Lo que hac?a era concentrarse en los dones que Dios le hab?a dado: inteligencia, extra?o sentido del humor e insaciable inter?s por todos los aspectos de la condici?n humana. Se dec?a a s? misma que la fuerza de car?cter era m?s importante que cualquier tipo de belleza y s?lo cuando estaba m?s deprimida en casa deseaba poder cambiar un poco de integridad, una pizca de virtud o parte de sus dotes organizativas por una talla m?s de sujetador.

La puerta finalmente se abri?, sus pensamientos y ella se encontraron cara a cara con uno de los hombres m?s feos que hab?a visto nunca: gigantesco, con grueso cuello y hombros desnudos y protuberantes. Lo mir? con inter?s al tiempo que los ojos del hombre descend?an r?pidamente por su traje azul marino y su impoluta blusa blanca de poli?ster hasta sus zapatos negros.

– ?S??

Enderez? los hombros y alz? la barbilla una pizca.

– Estoy aqu? para ver al Sr. Denton.

– Pues ya era hora. -Sin previo aviso, la agarr? del brazo y tir? de ella hacia el interior-. ?Trajiste m?sica?

Ella se alarm? ante la pregunta, percibiendo s?lo una vaga impresi?n del vest?bulo: suelo de caliza y un mont?n de aluminio en la escultura de la pared junto con un soporte de granito para un casco de samurai.

– ?M?sica?

– Claro, le dije a Stella que se asegurara de que tra?as tu propia m?sica. No importa. Guardo la cinta que se dej? la ?ltima chica que vino.

– ?La cinta?

– Para Bobby Tom en el jacuzzi. Los chicos y yo quer?amos darle una sorpresa. Espera aqu? mientras lo preparo todo. Luego entraremos juntos.

Sin m?s, desapareci? por una puerta corredera de shoji [3] que hab?a a la derecha. Lo sigui? con la mirada, entre alarmada y curiosa. Obviamente la hab?a confundido con otra persona, ya que sab?a que Bobby Tom no aceptaba llamadas de Windmill Studios; se pregunt? si deber?a aprovechar el malentendido.

La vieja Gracie Snow habr?a esperado pacientemente a que regresara para poder explicarle su misi?n, pero la nueva Gracie Show ten?a ante s? la aventura que tan ardientemente deseaba y sigui? el sonido de la ?spera m?sica a lo largo de un pasillo.

Las habitaciones que pas? no se parec?an a ninguna que ella hubiera visto antes. Siempre hab?a estado secretamente ?vida de sensaciones y s?lo con ver no la llenaba. Sent?a comez?n en las manos por acariciar la aspereza de la escultura de hierro oxidado y los bloques de granito donde se asentaba, que parec?a un ?rbol prehist?rico seccionado. Quer?a sentir en la punta de sus dedos la textura de las paredes, algunas de las cuales estaban lacadas en un gris p?lido mientras que otras estaban cubiertas por trozos de cuero gastado color ceniza. El mobiliario era otro tema, como un div?n tapizado en loneta con un estampado tipo cebra que parec?a llamarla por se?as y el aroma de eucalipto que sal?a de unas urnas antiguas tentando sus orificios nasales.

Entremezcl?ndose con el eucalipto, distingui? el olor a cloro. Al rodear un gran macizo de grandes rocas que ocultaban art?sticamente la pared, abri? m?s los ojos con sorpresa. El pasillo desembocaba en una lujosa gruta, cuyas paredes eran enormes l?minas de vidrio desde el suelo al techo. Palmas, bamb? y alguna otra planta ex?tica se dispon?an como tumbonas independientes sobre el suelo de m?rmol negro, haciendo que la gruta pareciera tropical y prehist?rica. La piscina de losetas negra y forma asim?trica parec?a un estanque escondido donde los dinosaurios podr?an acercarse a beber. Incluso las sillas de dise?o austero y las mesas hechas de rocas redondeadas se mezclaban con el ambiente.

El decorado pod?a parecer prehist?rico, pero los invitados eran bien modernos. Era un grupo heterog?neo de unas treinta personas. Todas las mujeres eran j?venes y bellas, mientras los hombres, tanto blancos como negros, ten?an m?sculos protuberantes y gruesos cuellos. No sab?a nada sobre futbolistas salvo las malas reputaciones que les preced?an y al observar los escasos bikinis utilizados por la mayor parte de las mujeres, no pudo reprimir la peque?a chispa de esperanza de que podr?an estar a punto de comenzar alg?n tipo de org?a. No era que fuese a participar en tal cosa, suponiendo que alguien la invitara, pero ser?a algo interesante de observar.

Una de las mujeres chill? agudamente centrando la atenci?n en el jacuzzi espumoso que hab?a en el centro de unas rocas redondeadas sobre una plataforma cerca de las ventanas. Cuatro mujeres retozaban en las burbujas y Gracie sinti? envidia y admiraci?n al ver los brillantes pechos bronceados que sobresal?an por las partes superiores de sus bikinis. Luego desplaz? la mirada de las mujeres al ?nico hombre que hab?a en la plataforma, y se qued? paralizada.

Lo reconoci? de inmediato por las fotos. ?l permanec?a de pie al lado del jacuzzi como un sult?n examinando a su har?n, y mientras lo miraba, todas sus fantas?as sexuales secretas tomaron vida. Ese era Bobby Tom Denton. Santo Dios.

Era la personificaci?n de cada hombre con el que hab?a so?ado alguna vez; Todos los chicos del colegio que la hab?an ignorado, todos los jovencitos que nunca recordaron su nombre, todos los hombres atractivos que hab?an elogiado su madurez pero que nunca hab?an pensado en invitarla a salir. ?l era una brillante criatura sobrehumana que deb?a haber sido puesta sobre la tierra por alg?n Dios perverso, para recordarles a las mujeres feas como ella que algunas cosas eran inalcanzables.

Sab?a por las fotos que hab?a visto, que su sombrero vaquero ocultaba un cabello rubio y grueso y que el ala del sombrero escond?a unos ojos color azul medianoche. A diferencia de ella, sus p?mulos podr?an haber sido cincelados por un escultor renacentista. Ten?a la nariz firme y recta, la mand?bula fuerte y una boca que deber?a de venir con una etiqueta de advertencia. Era completa y soberanamente masculino, y mientras lo miraba, sinti? el mismo deseo penetrante que experimentaba en las c?lidas noches de verano cuando yac?a sobre la hierba con los ojos clavados en las estrellas. ?l brillaba intensamente, y era totalmente inalcanzable.

Llevaba un sombrero de vaquero negro, unas botas vaqueras de piel de serpiente y un albornoz de terciopelo con motivos rojos y verdes con forma de rel?mpago. Ten?a?a una botella de cerveza en una mano y el humo ascend?a desde el cigarro que sujetaba en una esquina de su boca. La piel entre el borde de las botas y la bastilla del albornoz estaba desnuda, revelando unas pantorrillas poderosamente fuertes; se le sec? la boca al preguntarse si estar?a desnudo bajo el albornoz.

– ?Oye! Te dije que me esperaras junto a la puerta.

Dio un brinco cuando el corpulento hombre que la hab?a dejado entrar apareci? detr?s de ella con un casete en la mano.

– Stella dijo que eras bastante caliente, pero le dije que quer?a una rubia. -La mir? dubitativamente-. A Bobby Tom le gustan las rubias. ?Eres rubia bajo la peluca?

Llev? la mano hasta la trenza.

– Realmente…

– Me gusta el disfraz de bibliotecaria que llevas puesto, pero necesitas bastante m?s maquillaje. A Bobby Tom le gustan las mujeres maquilladas.

Y los pechos, pens? ella, dejando vagar los ojos hacia la plataforma. A Bobby Tom tambi?n le gustaban las mujeres con los pechos grandes.

Ella devolvi? la mirada al radiocasete, intentando buscar la manera de aclarar el malentendido entre ellos. Cuando comenzaba a formular una explicaci?n razonable, el hombre se rasc? el pecho.

– ?Te dijo Stella que queremos algo especial, ya que est? algo deprimido por su retirada? Incluso habla de dejar Chicago para irse a vivir a Texas todo el a?o. Los chicos y yo creemos que esto le puede divertir. A Bobby Tom le encantan las strippers.

?Strippers! Gracie cerr? los dedos con fuerza alrededor de sus perlas falsas.

– ?Oh, Dios m?o! Deber?a saber…

– Hubo una stripper con la que pens? que se casar?a, pero no pas? su examen sobre f?tbol. -Neg? con la cabeza-. Todav?a no me puedo creer que el mejor receptor del mundo haya colgado su casco por Hollywood. Maldita rodilla.

Ya que ?l parec?a hablar para s? mismo, Gracie no respondi?. Estaba intentando asimilar el incre?ble hecho de que ese hombre la hab?a confundido a ella, -la ?ltima virgen de treinta a?os del planeta- con ?una stripper!

Era embarazoso.

Aterrador.

?Era emocionante!

Otra vez, la mir? cr?ticamente.

– La ?ltima chica que nos envi? Stella vino vestida de monja. Bobby Tom casi se muere de risa. Pero estaba m?s maquillada. A Bobby Tom le gustan las mujeres con m?s maquillaje. Puedes hacerlo arriba.

Era el mejor momento para poner fin a ese malentendido, se aclar? la voz-: Desafortunadamente, se?or…

– Bruno. Bruno Metucci. Jugu? con los Stars en la ?poca en la que Bert Somerville llevaba la batuta. Desde luego, nunca fui tan bueno como Bobby Tom.

– Entiendo. Bueno, lo que pasa es que…

Un chillido de mujer surgi? del jacuzzi y la distrajo. Levant? la vista para ver a Bobby Tom mirando con indulgencia a las mujeres que retozaban a sus pies, mientras en la ventana a sus espaldas se ve?a brillar tenuemente en la distancia las luces del lago Michigan. Por un momento tuvo la ilusi?n de que ?l flotaba en el espacio, un vaquero c?smico, con su stetson, sus botas y su albornoz, un hombre que no estaba gobernado por las mismas reglas gravitatorias con las que los ordinarios mortales estaban atados a la tierra. Parec?a llevar puestas espuelas invisibles en esas botas, espuelas que giraban a velocidad supers?nica, como una rueda de chispas brillantes que iluminaban todo lo que ?l hac?a en su vida.

– Bobby Tom, me dijiste que me volver?as a hacer las preguntas -dijo una de las mujeres desde las burbujas del jacuzzi.

Lo hab?a dicho bastante alto y se oyeron gritos de ?nimo cada vez m?s elevados entre los invitados. Como si fueran un solo cuerpo, todos se giraron hacia la plataforma, aguardando su respuesta.

Bobby Tom, con el cigarro en la boca y el botell?n de cerveza en una mano, meti? la otra en el bolsillo del albornoz y la mir? con preocupaci?n.

– ?Est?s segura de que est?s preparada, Julie, cari?o? Sabes que s?lo tienes dos oportunidades y fallaste la pregunta sobre la carrera de Eric Dickerson y su record de cien yardas la ?ltima vez.

– Estoy segura. He estudiado much?simo.

Julie ten?a el mismo aspecto que si estuviera posando en ba?ador para la portada de Sports Illustrated. Cuando sali? del agua, su cabello rubio y mojado ca?a en p?lidos mechones sobre sus hombros. Se sent? en el borde del jacuzzi, mostrando un traje de ba?o formado por tres diminutos tri?ngulos turquesa bordeados en amarillo brillante. Gracie sab?a que muchas de sus amistades desaprobar?an un ba?ador tan revelador, pero como fiel creyente de que cada mujer deb?a resaltar sus atractivos, Gracie pens? que estaba maravillosa.

Alguien baj? el volumen de la m?sica. Bobby Tom estaba sentado sobre una de las grandes rocas redondeadas y apoy? una de sus botas vaqueras de piel de serpiente sobre la otra rodilla desnuda.

– Ven aqu? y te dar? un beso de buena suerte. Y no me decepciones esta vez. He puesto mi coraz?n en que t? ser?s la se?ora de Bobby Tom.

Mientras Julie cumpl?a con su petici?n, Gracie contempl? inquisitivamente a Bruno.

– ?Les hace un examen sobre f?tbol?

– Por supuesto. El f?tbol es la vida de Bobby Tom. No cree en el divorcio, y sabe que no podr?a ser feliz con una mujer que no entendiera el juego.

Mientras Gracie intentaba asimilar esa informaci?n, Julie besaba a Bobby Tom, que luego palme? su trasero mojado envi?ndola de regreso a su sitio en el borde del jacuzzi. Los invitados se hab?an arremolinado cerca de la plataforma para observar el espect?culo. Gracie aprovech? que Bruno tambi?n miraba el intercambio para subir uno de los escalones que hab?a a sus espaldas para no perderse nada.

Bobby Tom dej? el cigarro en un cenicero negro.

– Est? Bien, cari?o. Comencemos con los quarterbacks. Terry Bradshaw, Len Dawson y Bob Griese, ?c?al de ellos obtuvo el mejor promedio? Ya ves que intento facilitarte las cosas. No te pido los porcentajes de cada uno, sino que me digas cual fue el mejor.

Julie lanz? su pelo mojado y liso sobre su hombro y le dirigi? una sonrisa confiada.

– Len Dawson.

– Realmente bien. -Las luces del jacuzzi apuntaban hacia el techo, y su cara estaba visible bajo el ala del sombrero. Aunque Gracie estaba demasiado lejos para estar segura, crey? detectar una chispa de diversi?n en esos ojos azul oscuro. Como una estudiante devota de la naturaleza humana, estaba plenamente interesada en observarlo.

– Ahora veamos si has resuelto tus lagunas del ?ltimo examen. Vamos a 1985 y nombra el mejor receptor de la NFC.

– Bien. Marcus Allen.

– ?Y de la AFC?

– Curt… ?No! Gerald Riggs.

Bobby Tom se llev? la mano al coraz?n.

– ?Uf!, por un momento me has detenido el coraz?n. De acuerdo, ahora ?el gol de campo m?s largo en un partido de la Super Bowl?

– 1970. Jan Stenerud. 4? Superbowl.

?l mir? a la gente y sonri? ampliamente.

– ?Soy yo el ?nico que est? oyendo campanas de boda?

Gracie sonre?a ante su aire chulesco cuando se inclin? hacia adelante para murmurar en el o?do de Bruno:

– ?No es esto un poco humillante?

– No s? ella gana. ?Tienes idea de lo que vale Bobby Tom?

Bastante, supuso. Oy? como ?l hac?a dos preguntas m?s, las cuales contest? Julie perfectamente. Adem?s de bella, la rubia estaba bien informada, pero Gracie ten?a el presentimiento de que no lo suficiente como para ser rival de Bobby Tom Denton.

Otra vez, murmur? al o?do de Bruno.

– ?Creen esas jovencitas que ?l va en serio?

– Por supuesto que va en serio. ?Por qu? crees si no que un hombre al que le gustan las mujeres tanto como a ?l no se ha casado nunca?

– Tal vez sea gay -sugiri? ella, s?lo para hacerle pensar.

Las frondosas cejas de Bruno se elevaron r?pidamente y empez? a hablar como si se estuviera ahogando.

– ?Gay! ?Bobby Tom Denton? Joder, tiene m?s muescas en su haber que un cazador de la frontera. Jes?s, que no te oiga decir eso. Si lo hiciera probablemente…, bueno, no quiero ni imaginarme lo que har?a.

Gracie siempre hab?a cre?do que cualquier hombre completamente heterosexual no deber?a sentirse amenazado por la homosexualidad, pero ya que no era precisamente una experta en comportamiento masculino, pens? que quiz?s se estaba perdiendo algo.

Julie contest? una pregunta sobre alguien llamado Walter Payton y otra sobre los Steelers de Pittsburgh. Bobby Tom se levant? de su silla y comenz? a pasearse por el borde trasero de la plataforma, como si estuviera pensando profundamente, cosa que Gracie no se crey? ni por un momento.

– Bien, querida, ahora conc?ntrate. Esta es la pregunta que te puede echar del pasillo central de la iglesia; ya estoy viendo los preciosos beb?s que tendr?amos. No hab?a sentido tanta presi?n desde mi primera SuperBowl. ?Est?s concentrada?

Las arrugas inundaban la perfecta frente de Julie.

– Concentrad?sima.

– De acuerdo, cari?o, ahora no me decepciones. -Llev? la cerveza a sus labios, la vaci?, y coloc? sobre el suelo la botella-. Todo el mundo sabe que entre los postes de la porter?a tienen que haber cinco metros y 16 cent?metros. La altura m?xima del larguero…

– ?Tres metros desde el suelo! -grit? Julie.

– Ay, cari?o, te respeto demasiado para insultar tu inteligencia con una pregunta tan f?cil. Espera hasta que termine, o prefieres que te haga una pregunta sobre penaltis.

Ella lo mir? tan afligida que Gracie la compadeci?.

Bobby Tom cruz? los brazos sobre el pecho.

– La altura m?xima del larguero es tres metros desde el suelo. Los postes verticales tienen que sobresalir al menos nueve metros quince cent?metros por encima del larguero. Esta es tu pregunta, cari?o, y antes de que contestes, recuerda que tienes mi coraz?n en tus manos. -Gracie esper? impacientemente-. Para que tengas la oportunidad de ser la Sra. de Bobby Tom Denton, dime las dimensiones exactas del list?n de la parte superior de cada uno de los postes verticales.

Julie se levant? r?pidamente del borde del jacuzzi.

– ?Lo s?, Bobby Tom! ?Lo s?!

Bobby Tom rompi? el silencio.

– ?En serio?

Una suave risita nerviosa se escap? de los labios de Gracie. Le estar?a bien que Julie contestase a la pregunta.

– ?Un metro cincuenta y dos cent?metros por diez cent?metros!

Bobby Tom se apret? el pecho.

– ?Ay, mi amor! Acabas de arrancarme el coraz?n y estamparlo contra el suelo.

La cara de Julie se arrug?.

– Es un metro veintid?s cent?metros. Un metro veintid?s cent?metros, cari?o. Estuvimos a s?lo treinta cent?metros de la dicha conyugal eterna. No puedo recordar la ?ltima vez que me sent? tan deprimido.

Gracie lo observ? tomar a Julie entre sus brazos y besarla a fondo. Ese hombre pod?a ser la representaci?n m?s patente del machismo de Estados Unidos, pero no ten?a m?s remedio que admirar su audacia. Observ? con fascinaci?n como su mano bronceada y excepcionalmente fuerte se cerraba sobre la parte del trasero de Julie que quedaba al aire. Los m?sculos del suyo propio se pusieron inconscientemente tensos en respuesta.

Los invitados comenzaron a moverse y algunos de los hombres subieron a la plataforma para ofrecer sus condolencias a la bella perdedora.

– Vamos. -Bruno tom? el brazo de Gracie, y antes de que ella lo pudiera detener, la hab?a arrastrado hacia delante.

Jade? alarmada. Lo que hab?a empezado como un simple malentendido hab?a comenzado a ?rsele de las manos y precipitadamente se volvi? hacia ?l.

– Bruno, hay una cosa que tenemos que comentar. Es realmente gracioso, de verdad, y…

– ?Oye, Bruno! -Otro hombre enorme, ?ste con el pelo rojo, se acerc? a ellos. Recorri? a Gracie con la mirada y luego la volvi? a Bruno con aire cr?tico.

– No lleva suficiente maquillaje. Sabes que a Bobby Tom le gustan las mujeres maquilladas. Y espero que sea rubia bajo esa peluca. Y tambi?n que tenga tetas. Esa chaqueta es tan floja que no se sabe que tiene. ?Tienes tetas, mu?eca?

Gracie no sab?a que la asombraba m?s, que le preguntaran si ten?a tetas o que la llamaran mu?eca. Se qued? moment?neamente sin palabras.

– Bruno, ?a qui?n tienes aqu??

Le dio un vuelco en el est?mago al o?r la voz de Bobby Tom. ?l se hab?a acercado al borde de la plataforma del jacuzzi y la miraba con gran inter?s y algo casi parecido a la especulaci?n.

Bruno palme? el radiocasete.

– Lo chicos y yo pensamos que estar?a bien un poco de diversi?n.

Gracie observ? con creciente temor como una amplia sonrisa se extend?a por la cara de Bobby Tom, revelando unos dientes blanqu?simos. Sus ojos encontraron los de ella, que sinti? como si caminara demasiado r?pido en una cinta m?vil.

– Ac?rcate aqu?, cari?o, para que el viejo Bobby Tom te pueda echar un vistazo antes de que comiences. -Su suave voz con acento texano recorri? su cuerpo e hizo desaparecer su habitual sentido com?n, por lo que dijo lo primero que le pas? por la mente.

– Yo… ehhh… tengo que ponerme primero m?s maquillaje.

– No te preocupes por eso ahora.

Dej? escapar s?bitamente un peque?o grito de consternaci?n cuando Bruno la empuj? el trecho que le faltaba por recorrer. Antes de que pudiera echarse para atr?s, la gran mano de Bobby Tom se cerr? alrededor de su mu?eca. Con frialdad, ella mir? hacia abajo, a los dedos largos y afilados que s?lo momentos antes hab?an moldeado el trasero de Julie y que ahora la izaban a su lado en la plataforma.

– Dejadle sitio a la dama, chicas.

Alarmada, observ? como las mujeres dejaban el jacuzzi para observarla. Intent? explicarse.

– Sr. Denton, es necesario que le diga…

Bruno presion? el bot?n del radiocasete, y su voz qued? ahogada por completo por la ?spera m?sica de “The Stripper”. Los hombres comenzaron a ovacionar y silbar. Bobby Tom le dirigi? un gui?o alentador, la solt? y se dio la vuelta para sentarse en una de las grandes rocas redondeadas y observar la funci?n.

Sus mejillas ardieron ruborizadas. Permaneci? de pie, sola, en medio de la plataforma del jacuzzi, con todos los ojos de la habitaci?n clavados en ella. ?Todos esos especimenes con un f?sico perfecto estaban esperando que ella, la imperfecta Gracie Show, se desnudara!

– ?Vamos, cari?o!

– ?No seas t?mida!

– ?Mu?vete, cari?o!

Mientras algunos de los hombres hac?an ruidos animales, una de las mujeres puso los dedos entre los labios y silb?. Gracie los contempl? con impotencia. Comenzaron a re?rse, como cuando en su clase de ingl?s de segundo a?o de secundaria se hab?a re?do cuando los algodones que acolchaban su sujetador hab?an cambiado de posici?n. Eran adultos en una fiesta de animales comport?ndose conforme a su especie, y aparentemente pensaban que iba a renunciar.

Mientras segu?a all?, paralizada delante de ellos, la idea de ser confundida con una stripper se volvi? repentinamente menos bochornosa que pensar en explicar a toda esa gente, a gritos sobre la m?sica, lo que realmente le hab?a tra?do hasta all?, provocando que se dieran cuenta de lo paleta que era.

No m?s de cinco metros la separaban de Bobby Tom Denton, y supo que todo lo que ten?a que hacer era acercarse lo suficiente como para susurrarle su identidad. En cuanto ?l supiera que era Windmill quien la hab?a enviado, ?l sentir?a tanta verg?enza por su error que la ayudar?a a salir discretamente y cooperar?a con ella.

Una nueva r?faga de ruidos soeces se elev? sobre la m?sica que sal?a del radiocasete. Con lentitud, ella levant? la pierna derecha varios cent?metros y estir? el pie dentro de su zapato negro. Una vez m?s volvieron a re?rse.

– ?As?!

– ?Ens??anos m?s!

La distancia entre Bobby Tom y ella parec?a ahora de unos cien kil?metros. Tirando con fuerza de la falda de su traje azul marino, le dio la espalda con indecisi?n. M?s silbidos se unieron a la risa cuando la bastilla lleg? a la altura de la rodilla.

– ?Eres ardiente, nena! ?Nos encanta!

– ?Qu?tate la peluca!

Bruno se adelant? de entre la gente para dibujar un c?rculo con el dedo ?ndice. Al principio no entendi? lo que quer?a, pero luego se dio cuenta de que le ordenada girarse hacia Bobby Tom mientras se desvest?a. Tragando saliva, se enfrent? a esos ojos azul oscuro.

?l ech? el stetson hacia atr?s sobre su cabeza y habl? en voz alta para que pudiera o?rle:

– Deja las perlas para el final, cari?o. Me gustan las damas con perlas.

– ?Nos aburrimos! -grit? uno de los hombres a voz en cuello-. ?Qu?tate algo!

Ella casi perdi? el valor. S?lo el pensar qu? dir?a su superior si sal?a a toda mecha de la casa sin haber cumplido su misi?n hizo que se envarara. ?Gracie Snow no hu?a! Este trabajo era la oportunidad que hab?a estado esperando toda su vida, y no iba a acobardarse ante la primera adversidad.

Lentamente se quit? la chaqueta. Bobby Tom le sonri? aprobatoriamente, como si ella hubiera hecho algo asombroso. Los tres metros que todav?a les separaban parec?an un mill?n de kil?metros. ?l puso el tobillo de una de sus botas de vaquero sobre la rodilla opuesta, y el albornoz se abri? involuntariamente para revelar un muslo desnudo, poderosamente fuerte. La chaqueta se le cay? de los dedos.

– As?, coraz?n. Lo est?s haciendo muy bien. -Sus ojos centellearon de admiraci?n, como si fuera la bailarina con m?s talento que hubiera visto en su vida en vez de la m?s inepta.

Con una serie de torpes movimientos, ella se acerc? contone?ndose, tratando de ignorar los exagerados abucheos que comenzaba a proferir la audiencia.

– Realmente bien -dijo ?l-. Creo que nunca vi nada que me gustara tanto.

Con un contoneo final de caderas, lleg? a su lado, con todo salvo la chaqueta, y forz? sus labios tensos con una sonrisa. Desafortunadamente, cuando ella se inclin? hacia adelante para murmurar lo que pasaba en su o?do, su mejilla roz? el ala del stetson, inclin?ndolo. Con una mano, ?l lo enderez? mientras, con la otra, la pon?a sobre su regazo.

La fuerte m?sica ocult? su chillido de protesta. Ella se qued? por un momento aturdida y muda ante las sensaci?n de su cuerpo duro bajo el suyo y la pared s?lida de su pecho presionando contra su costado.

– ?Necesitas ayuda, cari?o? -Dirigi? su mano al bot?n superior de su blusa.

– ?Oh, no! -protest? ella agarrando firmemente su brazo.

– Un espect?culo muy interesante, cari?o. Un poco lento, pero probablemente eres principiante. -Le mostr? una amplia sonrisa que ten?a m?s regocijo que lascivia-. ?C?mo te llamas?

Ella trag? saliva.

– Gracie…, esto…, Grace. Grace Snow. Se?orita Snow -complet?, en un intento tard?o de poner alg?n tipo de distancia entre ellos-. Y no soy…

– Se?orita Snow… -arrastr? las palabras, sabore?ndolas como si fueran un vino de solera. El calor de su cuerpo enturbiaba su cerebro e intent? escapar de su regazo.

– Sr. Denton…

– Ve al grano, querida. Los chicos se impacientan. -Antes de que lo pudiera detener, le abri? el bot?n del cuello de su blusa blanca de poli?ster-. Debes ser nueva en esto. -La punta de su dedo ?ndice explor? el hueco de la base de su garganta, haci?ndola temblar-. Pens? que conoc?a a todas las chicas de Stella.

– S?, yo…, digo no, yo no soy…

– No te pongas nerviosa ahora. Est?s haci?ndolo genial. Y tienes unas piernas muy bonitas, si no te importa que te lo diga. -Sus ?giles dedos abrieron el siguiente bot?n.

– ?Sr. Denton!

– Se?orita Show.

Ella vio la misma diversi?n que hab?a notado en sus ojos un rato antes cuando estaba examinando a Julie sobre f?tbol, y se dio cuenta de que hab?a desabotonado otro bot?n, exponiendo su sujetador de color melocot?n, con su gran escote central y su borde de encaje. Ropa interior provocativa era una cosa tonta en una mujer fea, por tanto era un secreto celosamente guardado. Boque? con repentina verg?enza.

Un ronco bullicio aument? entre la gente, pero no fue en respuesta a su sujetador color melocot?n, sino a una de las mujeres que sobre la mesa de billar se hab?a quitado la parte superior del bikini y lo hac?a girar sobre su cabeza. Gracie se dio cuenta de inmediato que esa mujer necesitar?a algo que recogiera m?s que su sujetador.

Los hombres batieron palmas y gritaron. Ella intent? agarrar su blusa firmemente para cerrarla, pero Bobby Tom atrap? sus dedos, sujet?ndolos suavemente con la palma de su mano.

– Parece que Candi se te adelant? se?orita Show.

– Creo…, es mejor…, -trag? saliva-. Hay una cosa que deber?a comentarle. En privado.

– ?Quieres bailar para mi en privado? Es realmente dulce, pero mis invitados se desilusionar?an si viera algo que ellos no pudieran ver.

Ella se dio cuenta de que ?l hab?a desabrochado el bot?n de la cinturilla de su falda y bajaba la cremallera.

– ?Sr. Denton! -Lo dijo m?s alto de lo que pretendi? y los invitados de las cercan?as se rieron.

– Ll?mame Bobby Tom, cari?o. Todo el mundo lo hace. -Las esquinas de sus ojos se arrugaron como si ?l se estuviera riendo de un buen chiste privado-. Mira que interesante. Creo que nunca conoc? a una stripper que llevara pantys.

– ?No soy stripper!

– Claro que lo eres. ?Por qu? si no estar?as desnud?ndote delante de un mont?n de futbolistas borrachos?

– Me voy de… ?oh! -Sus h?biles dedos hab?a manipulado sus ropas como si no tuvieran m?s consistencia que un kleenex y la blusa se abri?. Con toda la fuerza que pudo reunir, se escap? de su regazo ?nicamente para sentir como su falda se deslizaba hasta sus tobillos.

Mortificada, se agach? r?pidamente para cogerla. Su cara se puso como un tomate mientras tiraba bruscamente para colocarla en su sitio. ?C?mo una mujer orgullosa de su organizaci?n y eficiencia pod?a estar envuelta en algo tan abrumador? Agarrando firmemente la blusa se oblig? a enfrentarse a ?l.

– ?No soy una stripper!

– ?No? -Sac? un cigarro del bolsillo del pecho de su albornoz y lo gir? entre sus dedos. Se dio cuenta de que no parec?a asombrado por su declaraci?n.

Sus palabras obtuvieron la atenci?n de los invitados m?s cercanos a ella, y vio que sus planes de una conversaci?n privada se evaporaban r?pidamente. Baj? la voz hasta que no fue nada m?s que un susurro.

– Esto es un terrible error. ?Crees que parezco una stripper?

?l coloc? el cigarro apagado entre sus dientes y, paseando sus ojos por ella con lentitud, dijo en tono normal:

– Respecto a eso, algunas veces es dif?cil notarlo. La ?ltima que entr? aqu? iba vestida de monja y era tan bonita como para rejuvenecer a Mick Jagger.

Alguien hab?a desconectado la m?sica, y un antinatural silencio hab?a ca?do sobre la gente. A pesar de su determinaci?n de mantener el autocontrol, no pudo controlar su voz. Cogi? r?pidamente la chaqueta del traje que hab?a dejado caer anteriormente.

– Por favor, Sr. Denton. ?Podemos hablar en privado?

?l suspir? y se levant? de la roca.

– Supongo. Pero me tienes que prometer que no te desnudar?s. No ser?a justo que yo te viera desnuda y mis invitados no.

– ?Le prometo, Sr. Denton, que nunca me ver? desnuda!

?l pareci? no cre?rselo.

– No tengo la intenci?n de cuestionar tu buena voluntad, cari?o, pero a juzgar por mi historial, a lo mejor no te puedes resistir.

El tama?o de su ego la asombr?. Cuando lo mir? a los ojos, ?l encogi? los hombros levemente.

– Entonces, supongo que ser? mejor que vayamos a mi estudio, y tengamos esa conversaci?n tan importante. -Tom?ndola del brazo, la gui? para que bajara de la plataforma.

Mientras cruzaban la gruta, ella se dio cuenta de que ?l no hab?a parecido sorprendido en absoluto por su declaraci?n de que no era una stripper. Estaba demasiado despejado, calmado y divertido por la situaci?n. Antes de que llevara la deducci?n a su l?gica consecuencia, el futbolista pelirrojo que hab?a hablado anteriormente con ella, sali? de entre la gente y le dio a Bobby Tom un juguet?n pellizco en el brazo.

– Joder, Bobby Tom. Espero que ?sta no est? embarazada tambi?n

 

[[2] Pastillas contra la acidez estomacal y la indigesti?n. (N de T)]

[[3] Papel de arroz. (N de T)]

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