cap?tulo 3

Bobby Tom condujo por las autopistas de la ciudad del viento como si fueran propiedad suya. Era el se?or de la ciudad, el rey del mundo, el amo del Universo. Mientras en la radio tronaba Aerosmith, ?l tamborileaba los dedos sobre el volante, llevando el comp?s de “Janie’s Got a Gun”.

Con su Thunderbird rojo descapotable y su stetson gris perla, llamaba f?cilmente la atenci?n. Para asombro de Gracie, los conductores empezaron a reconocerlo a su paso, sonaron bocinas y bajaron ventanillas para saludarlo. El devolvi? los saludos y sigui? su camino.

Ella sent?a sobre su piel la caricia del c?lido viento y la absoluta delicia de la velocidad en una autopista de una gran ciudad en un Thunderbird rojo con un hombre que no era en absoluto respetable. Mechones de pelo escapaban de su trenza y azotaban sus mejillas. Dese? tener un echarpe rosa de alg?n dise?ador para poder envolverlo alrededor de su cabeza, unas gafas de sol modernas ante los ojos y un l?piz de labios de color escarlata. Quer?a pechos grandes y llenos, un vestido ce?ido y unos tacones altos muy sexys. Quer?a una pulsera de oro en el tobillo.

Y, quiz?, un tatuaje muy discreto.

Se recre? ante esta tentadora visi?n de s? misma transformada en una mujer salvaje mientras Bobby Tom contestaba las llamadas recibidas con anterioridad en el tel?fono del coche. Algunas veces ?l us? el altavoz del coche; otras se llev? el tel?fono a la oreja y habl? en privado. La mayor?a de sus llamadas eran sobre diversos contratos comerciales y los efectos en sus finanzas, y tambi?n sobre diversas obras de caridad en las que estaba involucrado. Muchas de las llamadas, observ?, eran de gente pidi?ndole dinero. Aunque contest? esas llamadas con el tel?fono pegado a su o?do, tuvo la impresi?n de que en cada uno de los casos, acab? ofreciendo m?s dinero del que le ped?an. Despu?s de menos de una hora con ?l, hab?a llegado a la conclusi?n de que Bobby Tom Denton era presa f?cil.

Cuando llegaron a las afueras de la ciudad, habl? con alguien llamado Gail y se dirigi? a ella con esa perezosa voz arrastrada que envi? escalofr?os a la receptiva columna de Gracie.

– S?lo quer?a que supieras cuanto te echar? de menos. Ahora mismo tengo los ojos llenos de l?grimas.

?l levant? el brazo para saludar con la mano a una mujer que conduc?a un Firebird azul que pas? zumbando a su lado. Gracie, una conductora prudente, agarr? la manilla de la portezuela al percatarse que ?l estaba conduciendo el coche con la rodilla.

– Bien, es cierto…, lo s?, cari?o, yo tambi?n desear?a que hubi?ramos podido hacerlo. El rodeo no viene por Chicago demasiado a menudo. -Cerr? los dedos sobre la parte superior del volante, sosteniendo el tel?fono entre la cabeza y el cuello-. No me digas eso. Ahora mismo t? eres la mejor, ?oyes? Kitty y yo estuvimos bien hace un par de meses. Hizo el examen, pero no hab?a estudiado lo suficiente y no super? la Superbowl del 89. Te llamar? tan pronto como pueda, querida.

Cuando colg? el tel?fono, lo mir? con curiosidad.

– ?No se celan tus novias unas de otras?

– No, por supuesto que no. S?lo salgo con chicas agradables.

Y trataba a cada una de ellas como a una reina, sospech? ella. Incluidas las embarazadas.

– La Organizaci?n Nacional de Mujeres deber?a considerar seriamente demandarte.

?l pareci? genuinamente sorprendido.

– ?A m?? Amo a las mujeres. De hecho, m?s que la mayor?a de los hombres. Tengo carnet de feminista.

– No dejes que Gloria Steinem [7] te oiga decir eso.

– ?Por qu? no? Ella es la que me dio el carnet.

Los ojos de Gracie se abrieron de golpe.

?l le dirigi? una sonrisa picarona.

– Tengo que decirte que Gloria es una se?ora muy agradable.

Supo en ese mism?simo momento que no pod?a bajar la guardia cerca de ?l, ni por un momento.

Cuando los suburbios de Chicago dieron paso al campo de Illinois, le pregunt? si pod?a usar el tel?fono para llamar a Willow Craig, asegur?ndole que pagar?a la llamada con su nueva tarjeta de cr?dito del trabajo. Eso pareci? divertirlo.

Windmill hab?a establecido el cuartel general en el Hotel Cattleman de Telarosa, y en cuanto la pusieron con su jefa, comenz? a explicarle su problema.

– Me temo que Bobby Tom insiste en ir en coche a Telarosa en vez de en avi?n.

– Pues hazle cambiar de opini?n -contest? Willow con voz en?rgica y decidida.

– Hice lo que pude. Desafortunadamente, no ha cambiado de idea. Estamos ahora en camino, acabamos de salir de Chicago.

– Eso me tem?a. -Pasaron varios segundos y Gracie pudo imaginar a su sofisticada jefa jugueteando con uno de los grandes pendientes que siempre llevaba puestos-. Tiene que estar aqu? el lunes por la ma?ana a las ocho. ?Has entendido?

Gracie mir? de reojo a Bobby Tom.

– Puede que no sea tan f?cil.

– Para eso te contrat?. Se supone que puedes manejar a la gente dif?cil. Hemos invertido una fortuna en esta pel?cula, Gracie, y no podemos asumir m?s retrasos. Incluso la gente a la que no gusta el f?tbol sabe quien es Bobby Tom Denton y hemos gastado much?simo en publicidad para recalcar que esta es su primera pel?cula.

– Entiendo.

– Es demasiado escurridizo. ?Nos ha llevado meses cerrar ese contrato y quiero que se empiece la pel?cula de una vez! No permitir? que nos lleve a la bancarrota ?nicamente porque t? no sabes realizar tu trabajo.

A Gracie se le hizo un nudo en el est?mago mientras o?a otros cinco minutos de advertencias sobre lo que pasar?a si no consegu?a que Bobby Tom estuviera en Telarosa a las ocho en punto del lunes por la ma?ana.

?l colg? el tel?fono.

– Realmente espera mucho de ti, ?no?

– Espera que haga el trabajo para el que me contrat?.

– ?No se le ha ocurrido a nadie de Windmill Studios que mandarte a ti para convencerme ha sido como mandar un cordero al matadero?

– Yo no lo veo de ese modo. Soy excepcionalmente competente.

Ella oy? su risa ahogada que son? d?bilmente diab?lica, pero que fue ahogada r?pidamente cuando ?l subi? el volumen de la radio.

Escuchar los roncos sonidos del rock and roll en vez de la m?sica inocua que se o?a en Shany Acres le produjo un placer tan delicioso que su tensi?n se desvaneci? y casi se estremeci? de deleite. Sus sentidos parec?an especialmente agudos. Estaba envuelta en el olor acre del after shave de Bobby Tom, sus manos acariciaban inconscientemente los suaves asientos de cuero de lo que ?l hab?a llamado un Thunderbird 1957 rehabilitado. Y si el coche tuviese un par de dados rosas colgando del espejo retrovisor, todo ser?a perfecto.

Como hab?a dormido poco la noche anterior, comenz? a cabecear, pero ni siquiera as? permiti? que sus ojos se cerraran. El que Bobby Tom le hubiera permitido acompa?arlo la primera parte del viaje no la llevaba a pensar que lo pudiera persuadir f?cilmente de acompa?arlo el resto del trayecto. A menos que se equivocara mucho, ?l ten?a intenci?n de deshacerse de ella tan pronto como tuviera oportunidad, lo cual quer?a decir que no pod?a perderlo de vista, costara lo que costase.

Son? el tel?fono del coche. Con un suspiro, Bobby Tom oprimi? el bot?n para contestar.

– Hola, B.T., soy Luther Baines -anunci? una voz tempestuosa-. Joder chico, espero que no est?s haciendo el ganso por ah?.

La expresi?n dolorida de la cara de Bobby Tom le dijo a Gracie que desear?a que Luther hubiera tenido raz?n.

– ?C?mo ‘st?, Sr. Alcalde?

– Ligero como una pluma. He perdido cinco kilos desde la ?ltima vez que nos vimos, B.T. Cerveza Light y mujeres j?venes. Demasiado trabajo. Por supuesto, no debemos contarle nada a la Sra. Baines.

– No, se?or, no lo haremos.

– Buddy tiene ganas de verte.

– Yo tambi?n tengo ganas de verlo.

– Pero, B.T., el comit? organizador del Festival de Heavense est? poniendo un poco nervioso. Te esper?bamos en Telarosa la semana pasada y necesitamos asegurar que confirmas la asistencia de tus amistades al Torneo de golf “Bobby Tom Denton”. S? que el Festival no ser? hasta octubre, pero tenemos que poner en marcha lo de la publicidad y ser?a bueno adelantar algunos nombres conocidos en los carteles. ?Podr?an ser Michael Jordan y Joe Montana?

– He estado algo ocupado. Sin embargo, creo que podr?a ser.

– Ya sabes que escogimos ese fin de semana porque no juegan ni los Stars ni los Cowboys. ?Y Troy Aikman?

– Eh, estoy pr?cticamente seguro de que asistir?.

– Bien, realmente bien. -Gracie percibi? una gran satisfacci?n en el sonido de su risa-. Toolee me dijo que no te dijera nada hasta que llegaras, pero me gustar?a que lo supieras inmediatamente. -Otra risa de satisfacci?n-. ?Estamos dedicando el Festival de Heavena la casa donde naci? Bobby Tom Denton!

– Pero hombre,… ?Luther, esa idea es una locura! No quiero que me dediqu?is nada. En primer lugar, nac? en un hospital como todos los dem?s, as? que ni siquiera tiene sentido. S?lo crec? en esa casa. Pens? que ibas a detener todo eso.

– Me sorprende y me hiere tu actitud. La gente dijo que s?lo era cuesti?n de tiempo que la fama se te subiera a la cabeza. Ya sabes lo mal que van las cosas aqu? y con ese hijo de puta planeando trasladar Tecnolog?as Rosa, vamos derechos al desastre. Nuestra ?nica esperanza es convertir Telarosa en un lugar tur?stico.

– ?Abrir una vieja casa al p?blico no va a convertir a Telarosa en un lugar tur?stico! Luther no soy el presidente de los Estados Unidos, ?soy futbolista!

– Creo que has vivido en el norte demasiado tiempo, B.T., demasiado tiempo. Eso ha estropeado tu perspectiva. Has sido el mejor receptor de la historia. Aqu? no olvidamos nada de eso.

Bobby Tom cerr? los ojos con frustraci?n. Cuando los abri?, dijo con paciencia infinita:

– Luther, dije al consejo que ayudar?a con el torneo de golf, pero ya te advierto que no voy a tener nada que ver con eso de “La casa donde nac?”

– Claro que s?. Toolee piensa dejar el dormitorio de tu infancia exactamente igual que cuando dorm?as all?.

– Luther…

– Ahh, y de paso, tienes que ayudar en un libro de cocina para vender en la tienda de regalos. Quieren incluir un cap?tulo sobre celebridades al final. Ivonne Emerly quiere que llames a Cher y a Kevin Costner y a la gente de Hollywood que conozcas por sus recetas de carne picada o cosas semejantes.

Bobby Tom mir? desoladamente la vac?a carretera que se extend?a ante ?l.

– Entro en un t?nel, Luther, estoy perdiendo la se?al. Tendr? que llamarte m?s tarde.

– Espera un momento, B.T. No hemos hablado sobre…

Bobby Tom desconect? la llamada. Con un profundo suspiro, se reclin? en su asiento.

Gracie hab?a estado absorbiendo cada palabra, y ahora rebosaba curiosidad, pero no quer?a irritarle, as? que se mordi? la lengua.

Bobby Tom se gir? y la mir?.

– Venga. Preg?ntame c?mo logr? mantenerme cuerdo entre tanto loco.

– ?l parec?a muy… entusiasmado.

– Es tonto, eso es lo que es. El alcalde de Telarosa, Texas, es un tonto redomado. Todo eso del Festival de Heaven se ha salido completamente de madre.

– ?Qu? es exactamente el Festival de Heaven?

– Es una celebraci?n de tres d?as que est?n planeando para octubre, que forma parte de un alocado plan para resucitar econ?micamente a Telarosa por medio del turismo. Han arreglado el centro del pueblo, han abierto una sala de arte de pinturas del Oeste y un par de restaurantes. Hay un campo de golf bastante decente, un rancho de recreo y un hotel mediocre, pero eso es todo.

– Has olvidado “La casa donde naci? Bobby Tom Denton”.

– No me lo recuerdes.

– Parece bastante desesperado.

– Es una locura. Creo que la gente de Telarosa tiene tanto miedo de perder sus trabajos que se han quedado sin cerebro.

– ?Por qu? le llaman Festival de Heaven?

– Heaven es el nombre original del pueblo

– Algunas comunidades religiosas parecen haber tenido una gran influencia en la fundaci?n de algunos de los primeros pueblos el Oeste.

Bobby Tom se ri? entre dientes.

– Los vaqueros lo llamaron Heaven [8] porque all? se encontraban los mejores burdeles entre San Antonio y Austin. No fue hasta principios de siglo que los ciudadanos m?s respetables del pueblo lo llamaron Telarosa.

– Ya veo. -Gracie ten?a una docena de preguntas m?s, pero sospech? que ?l no estaba de humor para conversar y como no quer?a irritarle se mantuvo en silencio. Se le ocurri? que ser una celebridad ten?a sus inconvenientes. Si esa ma?ana era un ejemplo, un mont?n de gente horrible parec?a andar detr?s de Bobby Tom Denton.

El tel?fono son?. Bobby Tom suspir? y se frot? los ojos.

– Gracie, contesta por m? y dile a quien quiera que llame que estoy en el campo de golf.

A Gracie no le gustaba mentir, pero ?l parec?a tan desesperado que hizo lo que le pidi?.

*****

Siete horas m?s tarde, Gracie se encontraba mirando con s?bita desilusi?n la puerta roja de un bar de carretera de Memphis que se llamaba Whoppers.

– ?Llevamos recorridos cientos de kil?metros para acabar aqu??

– Ser? muy educativo para ti, se?orita Gracie. ?Has estado en un bar alguna vez?

– Por supuesto que he estado en un bar. -No vio necesidad alguna de decirle que hab?a sido en un respetable restaurante. Ese bar luc?a un letrero de ne?n con una M rota destellando en una ventana sucia y la acera llena de basura. Como la hab?a llevado con ?l m?s tiempo del que hab?a esperado, no quer?a llevarle la contraria, pero tampoco pod?a abandonar su responsabilidad.

– Me temo que no tenemos tiempo para parar.

– Gracie, cari?o, vas a tener un ataque al coraz?n antes de cumplir los cuarenta si no te tomas la vida con m?s calma.

Ella se mordi? con nerviosismo el labio inferior. Pero estaba acabando el s?bado y a?n les quedaban casi mil kil?metros de viaje por el rodeo que estaban dando. Se record? que no ten?an que estar en Telarosa hasta el lunes por la ma?ana, as? que a no ser que al pretencioso Bobby Tom se le ocurriera alguna otra cosa, ten?an tiempo de sobra. Pero a?n as?, no estaba tranquila.

Ella todav?a no se pod?a creer que ?l hab?a decidido ir a Telarosa pasando por Memphis cuando ella le hab?a demostrado varias veces en el mapa de la guantera que la ruta m?s directa era atravesando St. Louis. Pero ?l no hizo m?s que decir que no podr?a dejar que ella viviera un d?a m?s sin conocer el sitio con la mejor comida al este del Mississippi. Hasta hac?a unos momentos, ella se hab?a imaginado un sitio peque?o, caro y posiblemente franc?s.

– Necesitamos conducir varias horas m?s antes de detenernos.

– Lo que t? digas, cari?o.

?speros sonidos de m?sica country asaltaron sus o?dos cuando ?l mantuvo la puerta abierta para ella y entr? en el interior lleno de humo del Whoppers Bar. Las mesas cuadradas de madera se asentaban sobre un mugriento suelo ajedrezado en marr?n y naranja. Publicidad de cerveza, calendarios de chicas llenos de manchas y las cornamentas de venado llenaban el ambiente. Mientras recorr?a con la vista a los parroquianos que los miraban groseramente, ella le toc? el brazo.

– S? que quieres deshacerte de m?, pero apreciar?a much?simo que no lo hicieses aqu?.

– No tienes nada de qu? preocuparte, cari?o. Mientras no me irrites.

Mientras ella asimilaba esa preocupante informaci?n, una morena artificial con una falda turquesa de lycra y un top blanco muy ce?ido se arroj? en sus brazos.

– ?Bobby Tom!

– Hola, Trish.

?l se inclin? para darle un beso. En el momento que sus labios rozaron los de ella, ella abri? la boca y lo absorbi? como una aspiradora, aspirando su lengua como si fuera un alfombra. ?l se apart? primero y le dirigi? la amplia sonrisa que otorgaba a cada mujer que se acercaba a ?l.

– Joder, Trish, cada vez que te divorcias te pones m?s guapa; ?Shag est? a?n por aqu??

– En la esquina con AJ y Wayne. Me llama Pete, cuando quieras algo me avisas.

– Buena chica. Hola, t?os.

Hab?a tres hombres alrededor de una mesa rectangular en la esquina m?s alejada de la barra que lo recibieron ruidosamente. Dos eran negros, uno blanco, y los tres parec?an tan compactos como Humvees [9]. Gracie fue detr?s de Bobby Tom cuando se acerc? para saludarlos.

Los hombres se dieron la mano e intercambiaron juramentos de bienvenida sembrados con incomprensibles conversaciones sobre deportes antes de que Bobby Tom recordase que ella estaba all?.

– ?sta es Gracie. Es mi guardaespaldas.

Los tres hombres la miraron con curiosidad. El hombre al que Bobby Tom hab?a llamado Shag, y que parec?a haber sido su compa?ero de equipo, la se?al? con su botella de cerveza.

– ?Para qu? necesitas un guardaespaldas, B.T.? ?Dejaste pre?ada a alguien m?s?

– No tiene nada que ver con eso. Ella es de la CIA.

– Est?s de co?a.

– No soy de la CIA -protest? Gracie-. Y no soy su guardaespaldas. S?lo lo dice por…

– ?Bobby Tom, eres t?? ?B.T est? aqu?, chicas!

– Hola, Ellie.

Una explosiva rubia con unos vaqueros dorados rode? con sus brazos su cintura. Tres mujeres m?s aparecieron al otro lado de la barra. El hombre llamado AJ acerc? otra mesa y, sin saber muy bien c?mo, Gracie se encontr? sentada entre Bobby Tom y Ellie. Se dio cuenta de que a Ellie no le gustaba no estar sentada al lado de Bobby Tom, pero cuando Gracie trat? de cambiarse de lugar, sinti? una mano firme en el muslo que le indicaba que no se moviera.

Mientras la conversaci?n se arremolinaba a su alrededor, Gracie intent? sacar algo en claro sobre Bobby Tom. Aunque cada cosa que sab?a indicaba lo contrario, sent?a que ?l no quer?a estar all?. ?Por qu? hab?a ido hasta all?, si no quer?a estar con esas personas? Deb?a ser todav?a m?s renuente de lo que ella se hab?a supuesto a regresar a su ciudad natal y estaba prolongando el viaje deliberadamente.

Alguien le hizo llegar una cerveza, y ella que se hab?a distra?do con una depresiva imagen de s? misma con el pelo gris sentada en el porche de Shany Acres que bebi? un sorbo antes de acordarse de que no beb?a. Dejando la botella a un lado, mir? un reloj de propaganda de Jim Beam. En media hora le dir?a a Bobby Tom que ten?an que irse.

La camarera reapareci?, y Bobby Tom insisti? en pedir por ella, dijo que ella no habr?a vivido hasta haber probado la hamburguesa triple de queso y tocino de Whoppers con unos aros de cebolla y una crema de col. A pesar de haber pedido para ella una comida llena de colesterol se dio cuenta de que ?l com?a y beb?a muy poco.

Pas? una hora. Firm? aut?grafos, pag? absolutamente todo, y, a menos que ella no lo hubiese entendido bien, entreg? dinero a uno de los negros. Se inclin? bajo el ala de su sombrero para murmurarle-: Tenemos que irnos.

?l la mir? y le dijo con mucha suavidad:

– Una palabra m?s, cari?o, y llamo personalmente al taxi que te llevar? al aeropuerto. -Y tras decir eso, se dirigi? a la mesa de billar de la esquina.

Pas? otra hora. Si no hubiera estado tan preocupada por la hora, habr?a disfrutado de la novedad de estar con una gente tan pintoresca. Como era demasiado simple para ser objeto de deseo de Bobby Tom, las otras mujeres no la consideraban una amenaza. Disfrut? de una larga conversaci?n con ellas, incluyendo a Ellie, que era ayudante de vuelo, y result? ser una mina de informaci?n sobre el sexo masculino. Y el sexo en general.

Ella advirti? que Bobby Tom le dirig?a miradas furtivas y ella se puso alerta, convencida de que ten?a intenci?n de irse cuando ella no mirara. Aunque necesitaba con urgencia ir al ba?o, tem?a perderlo de vista, as? que cruz? las piernas. A medianoche, sin embargo, supo que no pod?a esperar ni un minuto m?s. Esper? hasta que lo vio profundamente absorto en una conversaci?n con Trish en la barra y se fue sigilosamente al ba?o.

Se le encogi? el est?mago cuando sali? unos minutos m?s tarde y no lo vio. Recorri? con la mirada a la gente, buscando fren?ticamente en busca de su stetson gris, pero no lo vio en ning?n sitio. Se abri? camino entre la gente hacia la barra, sintiendo que se le revolv?a el est?mago por la ansiedad. Estaba a punto de rendirse a la evidencia cuando lo divis? apoyado con Trish al lado de la m?quina del tabaco.

Hab?a aprendido la lecci?n y no ten?a intenci?n de alejarse de ?l otra vez. As? que se dirigi? hacia donde ?l estaba, qued?ndose en un lugar estrecho al lado del tel?fono. Examin? los n?meros del tel?fono y estudi? los graffitis de la pared, d?ndose cuenta de que donde estaba hab?a un leve eco. Aunque no ten?a intenci?n de escuchar a escondidas, no tuvo ninguna dificultad para distinguir una voz muy familiar con arrastrado acento texano.

– Eres una de las mujeres m?s comprensivas que he conocido, Trish.

– Me alegro que conf?es en mi en algo como eso, B.T. S? lo duro que es para un hombre como t? hablar sobre su pasado.

– Algunas mujeres no lo comprenden, pero t? eres una dama, no podr?a hacerte esto, especialmente cuando a?n eres tan vulnerable por tu ?ltimo divorcio.

– Supongo que todos nos hemos preguntado por qu? nunca te has casado.

– Ahora ya lo sabes, cari?o.

Esa era claramente una conversaci?n privada y Gracie sab?a que deber?a de ponerse en otro sitio. Reprimiendo firmemente su curiosidad, empez? a alejarse cuando tras una pausa, Trish habl? otra vez:

– Nadie deber?a de tener una madre que es una…, bueno, una madre as?.

– Puedes decirlo, Trish. Mi madre era una puta.

Gracie abri? mucho los ojos.

La voz provocativa de Trish estaba llena de simpat?a.

– No tienes porqu? hablar de eso si no quieres.

Bobby Tom suspir?.

– Algunas veces ayuda a hablar de las cosas. Aunque no lo entiendas, lo peor de todo no era que trajera hombres a casa a pasar la noche o no saber qui?n era mi padre. Lo peor era cuando llegaba a mis partidos de secundaria borracha como una cuba y con el maquillaje corrido. Llevaba pendientes de diamantes falsos y unos pantalones tan apretados que todos se daban cuenta de que no llevaba nada debajo. Nadie m?s llevaba unos tacones tan altos a los partidos de los viernes, pero mi madre s?. Era lo m?s bajo que hab?a en Telarosa, Texas.

– ?Qu? fue de ella?

– A?n vive all?. Bueno, se pasa la vida fumando, d?ndole a la botella y cambiando de t?o cada vez que cambia de humor. No s? que hace con el dinero que le doy, da igual cuanto sea. Supongo que cuando una es una puta, muere siendo una puta. Pero es mi madre y la quiero.

Gracie se conmovi? ante su lealtad. Al mismo tiempo, sinti? una profunda c?lera hacia la mujer que tan horriblemente hab?a pasado de sus responsabilidades maternas. Tal vez el estilo de vida disipado de su madre explicaba su renuencia a regresar a Telarosa.

Se hab?an quedado en silencio y se arriesg? a mirar a hurtadillas ?nicamente para desear haberse quedado oculta. Trish envolv?a a Bobby Tom como una manta. Mientras esa bella mujer de pelo oscuro lo besaba, el interior de Gracie se volvi? suave y d?bil. A pesar de que sab?a que deseaba un imposible, quer?a ser una de las mujeres que se presionaban contra ese cuerpo firme y duro. Quer?a ser el tipo de mujer que se sent?a lo suficientemente libre como para besar a Bobby Tom Denton.

Se apoy? contra la pared y cerr? con fuerza los ojos, reprimiendo un anhelo punzante y doloroso. ?Besar?a alguna vez a un hombre as??

A ninguno, suspir?. Y menos a un texano mundano con una mala reputaci?n.

Aspir? profundamente y se dijo a s? misma que no fuera est?pida. No ten?a sentido desear la luna cuando la s?lida tierra era mejor de lo que nunca hab?a esperado.

– ?Trish? ?D?nde est? esa perra?

Su ensue?o ces? repentinamente ante el sonido de una voz beligerante y borracha. Vio como un hombre corpulento de pelo oscuro se abalanzaba sobre Bobby Tom y Trish desde la entrada del bar.

Los ojos de Trish se abrieron con alarma. Bobby Tom r?pidamente dio un paso adelante, escud?ndola con su espalda.

– Joder, Warren, cre?a que hab?as muerto de rabia hace mucho tiempo.

Warren sac? pecho y se pase? por delante.

– Pero si es el Ni?o Bonito. ?Has chupado alguna polla ?ltimamente?

Gracie contuvo la respiraci?n, pero Bobby Tom s?lo sonri? ampliamente.

– Te aseguro que no, Warren, pero si alguien me pregunta le mandar? a hablar contigo.

Obviamente Warren no apreci? el sentido del humor de Bobby Tom. Con un gru?ido amenazador, dio un bandazo de borracho.

Trish se llev? la mano a la boca.

– No lo enfurezcas, B.T.

– Ay, cari?o, Warren no se enfurecer?. Es demasiado tonto para darse cuenta de cu?ndo lo insultan.

– Lo que s? es que te voy a arrancar la cabeza, Ni?o bonito.

– ?Est?s borracho, Warren! -exclam? Trish-. Por favor vete.

– ?C?llate, puta!

Bobby Tom suspir?.

– ?Por qu? has tenido que llamar a tu ex-esposa algo as?? -Con un movimiento tan r?pido que Gracie apenas vio, llev? atr?s el pu?o y golpe? a Warren en la mand?bula.

El ex-marido de Trish acab? tumbado en el suelo con un aullido de dolor, y la gente del bar inmediatamente lo rode?; dos hombres taparon la vista a Gracie. Ella se abri? paso a codazos entre varias mujeres. Cuando lleg? delante del todo, Warren se hab?a puesto de rodillas y se llevaba una mano a su mand?bula.

Bobby Tom apoy? las manos en sus esbeltas caderas.

– Ten por seguro que desear?a que estuvieras sobrio, Warren, as? podr?amos hacer esto m?s interesante.

– Yo estoy sobrio, Denton. -Un neardenthal hosco que parec?a amigo de Warren se adelant?-. ?Qu? pas? en el ?ltimo partido del a?o pasado contra los Raiders, gilipollas? Menuda mierda de jugadas. ?Estabas con la regla?

Bobby Tom pareci? tan contento como si le acabaran de dar un regalo de Navidad.

– Ahora s? que se pone interesante.

Para alivio de Gracie, Shag el amigo de Bobby Tom dio un paso al centro del c?rculo, levantando las mangas al mismo tiempo.

– Dos contra dos, B.T. No me gustan las desigualdades.

Bobby Tom le indic? que se fuera.

– No hay necesidad de que te despeines tu tambi?n, Shag. Estos t?os solo quieren un poco de ejercicio y yo tambi?n.

El Nearderthal se movi?. Los reflejos de Bobby Tom no parec?an estar afectados por su lesi?n de rodilla. Esquiv? al hombre al tiempo que Warren se inclinaba y golpeaba el costado de Bobby Tom.

Bobby Tom se tambale?, gir? sobre s? mismo, y lanz? un pu?etazo al est?mago del ex de Trish que acab? en el suelo. No pareci? tener inter?s en levantarse.

El Neandertal hab?a bebido poco, pero no dur? mucho m?s. Incluso logr? conectar algunos golpes, pero finalmente no pudo vencer la rapidez letal de Bobby Tom. Por fin se dio por vencido. Sangrando por la nariz y jadeando, se tambale? hacia la salida.

Bobby Tom arrug? la frente con desilusi?n. Mir? a la gente con una vaga expresi?n de tristeza en la cara, pero nadie m?s se adelant?. Cogi? una servilleta de papel, la presion? contra un peque?o corte de su labio y se inclin? para susurrar algo al o?do de Warren. La palidez del hombre se acentu? a?n m?s y Gracie lleg? a la conclusi?n de que Trish no tendr?a m?s problemas con su ex-marido. Despu?s de ayudar a levantar a Warren, Bobby Tom puso el brazo sobre los hombros de Trish y la condujo hacia la gramola.

Gracie suspir? de alivio. Al menos no tendr?a que llamar a Willow para decirle que su estrella hab?a sido noqueado en una ri?a de bar.

Dos horas m?s tarde, Bobby Tom y ella estaban ante la recepci?n de un hotel de lujo localizado a veinte minutos de all?.

– ?Sab?as que no soy capaz de dormir tan temprano? -se quej? ?l.

– Son las dos de la madrugada. -Gracie se hab?a pasado la mayor parte de su vida acost?ndose a las diez para poder levantarse a las cinco, y estaba muerta de cansancio

– Eso he dicho. Todav?a es temprano. -Termin? de registrar la suite que hab?a pedido y despidi?ndose del recepcionista se puso la correa de su bolsa en el hombro y cogi? el malet?n del port?til que hab?a puesto sobre el mostrador-. Te veo por la ma?ana, Gracie. -Y se dirigi? a los ascensores.

El recepcionista la mir? impacientemente.

– ?La puedo ayudar?

Poni?ndose roja como una amapola, tartamude?:

– Yo… eh… estoy con ?l.

Ella cogi? su maleta y corri? tras de ?l, sinti?ndose como un cocker siguiendo a su due?o. Se desliz? dentro del ascensor justo cuando la puerta comenzaba a cerrarse.

?l la mir? con curiosidad.

– ?Ya te has registrado?

– Como t?… eh… pediste una suite, pens? que dormir?a en el sof?.

– Pues has pensado mal.

– Te prometo que ni te enterar?s de que estoy all?.

– Pide una habitaci?n, se?orita Gracie -dijo con suavidad, pero la amenaza disimulada de sus ojos la molest?.

– Sabes que no lo puedo hacer. En cuanto te deje solo, te marchar?s sin m?.

– Eso no lo sabes. -Las puertas se abrieron y ?l salio al momento al pasillo alfombrado.

Ella corri? tras ?l.

– No te molestar?.

?l mir? los n?meros de las puertas.

– Gracie, perdona que te lo diga, pero te est?s poniendo realmente pesada.

– Lo s? y lo siento.

Una sonrisa surc? su rostro y desapareci? cuando se detuvo delante de la ?ltima puerta del vest?bulo y desliz? la tarjeta magn?tica por la ranura. Parpade? una luz verde y oprimi? el pomo. Antes de entrar, se inclin? y le dio un r?pido beso en los labios.

– Me ha encantado conocerte.

Alucinada, vio como le daba con la puerta en las narices. Le cosquilleaban los labios. Los presion? con las puntas de los dedos, deseando poder conservar all? su beso para siempre.

Pasaron unos segundos. El placer de su beso se desvaneci?, y baj? los hombros bruscamente. ?l iba a marcharse. Esa noche, al d?a siguiente por la ma?ana… No sab?a cu?ndo, pero sab?a que ten?a intenci?n de irse sin ella, y supo que no pod?a dejar que ocurriera.

Exhausta, apoy? su maleta sobre la alfombra, se sent? sobre ella y se apoy? contra la puerta. Simplemente tendr?a que pasar la noche all?. Doblando las rodillas apoy? en ellas los brazos y luego la mejillas sobre ellos. Si por lo menos le hubiera dado un beso de verdad…, los ojos se le cerraron.

Con una suave exclamaci?n, cay? hacia atr?s cuando se abri? la puerta a su espalda. Poni?ndose en pie, se prepar? para enfrentarse a Bobby Tom. Como ?l parec?a particularmente sorprendido de verla, sospech? que hab?a estado mirando por la mirilla, esperando que ella se fuera.

– ?Qu? crees que haces? -pregunt? con exagerada paciencia.

– Trato de dormir.

– No pensar?s pasar la noche delante de mi puerta.

– Si alguien me ve, s?lo pensar? que soy una de tus admiradoras.

– ?Pensar?n que eres una loca, eso es lo que pensar?n!

Para alguien que era tan amable con todos los dem?s, ciertamente se hab?a puesto borde con ella. A veces, ella tambi?n hac?a eso con algunas personas.

– Si me das tu palabra de honor que no te ir?s sin m? por la ma?ana, pedir? una habitaci?n.

– Gracie, ni siquiera s? lo que har? dentro de una hora, as? que mucho menos ma?ana.

– Entonces mucho me temo que me quedar? aqu?.

?l se frot? la barbilla con el pulgar, un gesto que ella ya hab?a notado que significaba que ?l hab?a tomado una decisi?n sobre algo pero que quer?a que pareciera que a?n estaba pens?ndolo.

– Mira. Es demasiado temprano para dormir. Podemos entretenernos juntos.

A pesar de que estaba agradecida, se pregunt? qu? considerar?a entretenimiento para ?l.

Entr? su maleta en la suite y cerr? la puerta. Cuando ella pas?, percibi? una amplia sala decorada en colores verde y melocot?n.

– Esto es precioso.

?l mir? alrededor como si lo viera por primera vez.

– Supongo que es agradable. No lo hab?a notado.

?C?mo pod?a no haber notado algo tan maravilloso? Hab?a un grupo de sof?s y de sillas ocupando el centro de la habitaci?n. Hab?a un escritorio delante de un gran ventanal y montones de flores llenaban la estancia de color. Ella lo contempl? con deleite.

– ?C?mo es posible que no lo hayas notado?

– He estado en tantos hoteles que supongo que ya no me fijo.

Ella apenas lo oy? mientras se acercaba a las ventanas y miraba el agua oscura que corr?a por debajo y las luces centelleantes.

– Ese es el r?o Mississippi.

– Aj?. -?l se quit? el stetson y entr? en el dormitorio.

La admiraci?n la embarg? mientras trataba de asimilar que iba a permanecer en una habitaci?n con una vista tan maravillosa. Se pase? de un lado a otro, prob? la comodidad del sof? y las sillas, abri? los cajones del escritorio y toc? el material que ten?a encima. Fij? la atenci?n en el imponente mueble que conten?a la televisi?n. Sus ojos autom?ticamente leyeron la gu?a de las pel?culas de la semana y se detuvieron en una que se llamaba Red Hot Cheerleaders[10].

Las palabras la llamaron. Las pocas ocasiones que se hab?a alojado en un hotel, hab?a estado tentada en ver una de esas pel?culas para adultos, pero pensar que pod?a aparecer en su cuenta, donde cualquiera lo podr?a ver siempre la desalentaba.

– ?Quieres ver algo?

Levant? la cabeza de golpe cuando Bobby Tom apareci? detr?s de ella.

Ella dej? caer la gu?a de pel?culas.

– Oh, no. Ya no es hora. Es demasiado tarde. De verdad, deber?amos… tendr?amos que madrugar…

– Gracie, ?estabas mirando el titulo de una peli porno?

– ?Una peli porno? ?Yo?

– T?. Eso es exactamente lo que estabas haciendo. Apuesto algo que nunca has visto una peli porno en tu vida.

– Por supuesto que s?. Un mont?n.

– Dime alg?n t?tulo.

– Una proposici?n indecente es bastante er?tica.

– ?Una proposici?n indecente? ?Es esa tu idea de una peli porno?

– Lo es en New Grundy.

?l sonri? ampliamente y mir? la gu?a TV.

– Pit stop for passion[11] acaba de empezar, ?quieres verla?

Su moralidad apenas pudo m?s que su curiosidad.

– No apruebo ese tipo de cosas.

– No te he preguntado si la apruebas. Te he preguntado si la quieres ver.

Ella vacil? demasiado tiempo.

– Creo que no.

?l se ri?, tom? r?pidamente el mando y encendi? la tele.

– Acom?date en el sof?, se?orita Gracie. No me perder?a esto por nada del mundo.

?l ya estaba presionando los botones para acceder a la pel?cula de adultos. Ella intent? parecer renuente y remilgadamente cruz? las manos sobre su regazo.

– Quiz? vea un poco. Siempre me han gustado las pel?culas de carreras de coches.

Bobby Tom se ri? tanto que casi se le cay? el mando. ?l continuaba ri?ndose cuando la pantalla se llen? con cuatro cuerpos desnudos y contorsionantes.

Ella sinti? como comenzaban a llamearle las mejillas.

– Oh, Dios. -Bobby Tom se ri? entre dientes y se sent? a su lado-. Dime si tienes alg?n problema para coger la trama. Estoy seguro de haberla visto antes.

No hab?a trama; Se dio cuenta de eso en pocos minutos. S?lo unos cuerpos desnudos pas?ndoselo bien encima de un deportivo rojo.

Bobby Tom apunt? hacia la pantalla.

– ?Ves a esa morena con el cintur?n de herramientas rodeando su cintura? Es la mec?nica principal. La otra mujer es su ayudante.

– Y ese chico con esa gran…

– S? -susurr? Gracie-. El de la derecha.

– No, cari?o. Ese no. Te hablo del que tiene las manos bien grandes. Como sea, es el due?o del coche. ?l y su amigo lo han llevado para que las chicas le arreglen la v?lvula.

– ?Arreglar la v?lvula?

– Y una manguera que tiene un agujero que requiere atenci?n.

– Ya veo.

– Les preocupa la junta de la culata. Y la inclinaci?n de la varilla del aceite.

Gracie se gir? r?pidamente y vio que su pecho se estremec?a.

– ?Te lo est?s inventando!

?l solt? una carcajada y se enjug? las l?grimas.

Ella alz? la barbilla.

– Podr?a coger la trama yo sola si dejaras de hablar.

– Si, se?ora.

Gracie se gir? hacia la pantalla y trag? con dificultad cuando el hombre de las manos grandes sumergi? una en una lata de aceite y despu?s dej? que goteara sobre el pecho desnudo de la mec?nica principal. Su pez?n se arrug? cuando las gotitas de aceite resbalaron sobre el mont?culo blanco. Los mismos pezones de Gracie se tensaron en respuesta.

Los juegos sexuales continuaron y Gracie no pudo apartar los ojos de la pantalla, aunque era dolorosamente consciente de que no estaba sola. Se lami? los labios resecos. Su coraz?n lat?a con fuerza. Nunca hab?a pasado tanta verg?enza ni hab?a estado tan excitada en toda su vida; quer?a hacer cada cosa que estaba viendo en la pantalla con el hombre que estaba sentado a su lado.

El actor de las manos grandes comenz? a jugar con el cintur?n de herramientas de la mujer. Su boca sigui? el camino de sus dedos, m?s abajo y m?s abajo. La humedad surgi? entre los pechos de Gracie cuando su lengua se pase? por una grieta justo a la izquierda del conector.

Ella apret? los muslos y se retorci?. Bobby Tom cambi? de postura. Ella lo mir? por el rabillo del ojo y vio para su alivio que la miraba a ella en vez de a la pantalla. Y ya no se re?a.

– Tengo unas cosas que hacer -dijo ?l bruscamente-. Ap?gala cuando quieras. -Cogiendo con rapidez el malet?n del ordenador, entr? en el dormitorio.

Gracie lo sigui? con la mirada desconcertada. ?Por qu? estaba tan gru??n de repente? Y luego su mirada regres? a la pantalla.

?Oh, Dios!

*****

Bobby Tom permaneci? de pie en el dormitorio a oscuras y mir? ciegamente por la ventana. De fondo, o?a los gemidos y susurros de la televisi?n. Jes?s. En los ?ltimos seis meses no hab?a tenido ni el m?s leve inter?s en hacer el amor con ninguna de las bellas mujeres que se le pon?an por delante como trofeos, pero hac?a un momento, Gracie Snow, con su cuerpo delgado, sus feas ropas, el peinado m?s horroroso que hab?a visto en una mujer y unos modales tan mandones que hac?an rechinar sus dientes lo hab?a puesto duro.

Apoy? los nudillos contra el marco de la ventana. Si no fuera tan rid?culo, se reir?a. Esa pel?cula no era ni siquiera totalmente pornogr?fica, pero en cinco minutos, ella estaba tan absorta que podr?a haber explotado una bomba y no se habr?a enterado.

Por un momento mientras la estaba observando, hab?a realmente considerado aceptar lo que ella parec?a ofrecer, y eso era lo m?s est?pido de todo. ?l era Bobby Tom Denton, por el amor de Dios. Puede que estuviera retirado, pero eso no quer?a decir que tuviera que rebajarse a estar con un caso de caridad como Gracie Snow.

D?ndole la espalda a la ventana, ?l camin? hacia el escritorio, enchuf? el modem del port?til a la l?nea telef?nica y se sent?. Pero dej? caer las manos antes de meter las contrase?as de su correo electr?nico. No estaba de humor para ninguno de sus contratos.

?l segu?a viendo la expresi?n de la cara de Gracie cuando hab?a visto el r?o Mississippi. ?Cu?nto hab?a pasado desde que ?l hab?a sentido un entusiasmo similar? Durante todo el d?a, Gracie le hab?a mostrado cosas en las que no se fijaba desde hac?a a?os: la forma de una nube, el conductor de un cami?n que se parec?a a Willie Nelson, un ni?o que los saludaba desde la ventanilla trasera de una caravana familiar. ?Cu?ndo hab?a dejado de disfrutar de esos placeres simples?

?l mir? el teclado y record? cu?nto le sol?a gustar los regateos. Al principio le hab?a divertido la bolsa, pero luego hab?a comprado acciones de una peque?a empresa de deportes. Despu?s, hab?a invertido su dinero en una emisora de radio y de un equipo de tercera. Hab?a cometido algunos errores, pero tambi?n hab?a hecho mucho dinero. Ahora no pod?a recordar en qu? punto hab?a dejado de disfrutar. Hab?a pensado que hacer una pel?cula pod?a ser una buena manera de distraerse, pero tampoco parec?a emocionarle mucho la idea.

Se frot? los ojos con el pulgar y el ?ndice. Esta noche le hab?a prometido a Shag ayudarle en su nuevo restaurante. Le hab?a prestado dinero a Ellie y le hab?a dicho a AJ que su sobrino podr?a entrevistarle para el peri?dico de su colegio. Tal y como lo ve?a, cualquier persona que ten?a su suerte, no ten?a derecho a decir que no, pero algunas veces se sent?a agobiado por todas las demandas que le hac?an.

Ahora ten?a que ir a Telarosa para resolver otra deuda que ten?a con el peque?o pueblo que lo hab?a visto crecer, y lo tem?a. A pesar de haber insistido en que la pel?cula se rodara all?, no estaba preparado para enfrentarse a todo eso. ?l sab?a que estaba acabado, pero ellos no lo sab?an y a?n esperaban mucho de ?l.

Su presencia revolver?a las cosas, como siempre hac?a, y no todo el mundo le dar?a la bienvenida con los brazos abiertos. Se hab?a recuperado de un sucio enfrentamiento con Way Sawyer hac?a unos meses por el plan de Sawyer de cerrar Tecnolog?as Rosa, la empresa electr?nica que mov?a la econom?a de Telarosa. Ese era un hombre despiadado y Bobby Tom no ten?a ningunas ganas de verlo otra vez. Tendr?a que tratar tambi?n con Jimbo Thackery, el nuevo jefe de polic?a y enemigo de Bobby Tom en sus d?as de colegio. Y sobre todo, tendr?a detr?s un mont?n de mujeres que no ten?an ni la m?s remota idea de que su carrera sexual se hab?a enterrado junto con su carrera futbol?stica y, que costara lo que costase, deb?an seguir en la ignorancia.

Mir? ciegamente el teclado. ?Qu? iba a hacer el resto de su vida? Llevaba tanto tiempo viviendo con la gloria que no ten?a ni idea de c?mo vivir sin ella. Desde ni?o siempre hab?a sido el mejor: del estado, de los Estados Unidos, de la liga Profesional. Pero ya no era el mejor. Se supon?a que los hombres de ?xito ten?an este tipo de crisis a los sesenta a?os. Pero ?l se hab?a retirado con treinta y tres y no ten?a ni idea de qu? iba a hacer. Sab?a como ser receptor, como ser el mejor jugador, pero no ten?a ni idea de c?mo ser una persona normal.

Un gemido femenino particularmente prolongado lleg? desde la televisi?n e interrumpi? sus pensamientos; frunci? el ce?o al recordar que no estaba solo. La diversi?n genuina se hab?a vuelto rara poco a poco en su vida, pero Gracie Snow lo hab?a entretenido durante todo el d?a. Sin embargo, al recordar la reacci?n de su cuerpo ante su deseo, ya no se re?a. Excitarse ante un caso de caridad como Gracie, era -y no quer?a examinarlo m?s detenidamente- de alguna manera la indignidad final, un s?mbolo tangible de hasta d?nde hab?a descendido. No es que ella no fuese una se?ora realmente agradable, pero definitivamente no era el tipo de Bobby Tom Denton.

En ese mismo momento tom? una decisi?n. Ya ten?a suficientes problemas en su vida y no necesitaba m?s. A primera hora de la ma?ana, se deshar?a de ella.

 

[[7] Conocida activista de movimientos feministas. http://www.nwhp.org/tlp/biographies/steinem/steinem_bio.html (N de T)]

[[8] Heaven significa El cielo. (N de T)]

[[9] Veh?culo militar de gran resistencia. http://en.wikipedia.org/wiki/Humvee (NdT)]

[[10] Animadoras calientes. (NdT)]

[[11] Pepita hace autostop. (N de T)]

Contents

Обращение к пользователям