cap?tulo 13

Eso por ofrecerse, pens? Gracie mientras aparcaba el Thunderbird al lado del Trans de Willow y recog?a la manta Navaho que le hab?an enviado a buscar. Cuando sali? del coche, suspir?. Hab?an pasado dos semanas desde que Bobby Tom la hab?a llevado al Wagon Wheel, pero para su decepci?n, el lado f?sico de su relaci?n no hab?a progresado m?s. Era casi como si ?l hubiera cambiado de idea. Aunque por otra parte, las condiciones no hab?an sido propicias para disfrutar de algo de intimidad. ?l hab?a tenido largas jornadas de trabajo y muchos impedimentos.

El domingo, tras su noche en el bar de ligues, Bobby Tom y Suzy hab?an ido a jugar al golf, mientras, Gracie pasaba el d?a ayudando a Natalie a hacer m?s c?moda la peque?a casa que hab?a alquilado. Por la noche, uno de sus ex-compa?eros de equipo apareci? en la puerta y se hab?a quedado varios d?as, requiriendo cada minuto del tiempo libre de Bobby Tom. Al siguiente fin de semana, Bobby Tom hab?a volado a Houston para una reuni?n con la gente de American Express para negociar si hac?a un anuncio para ellos, y luego, hab?an estado ocupados rodando una secuencia de persecuci?n que involucraba a Bobby Tom y al villano de la pel?cula. Pero si bien ella sab?a que no hab?an tenido ninguna oportunidad real para tener intimidad, todav?a pensaba en la preocupante posibilidad de que la oferta solamente hubiera sido una de esas bromas de Bobby Tom y no tuviera intenci?n de enrollarse con ella. Como estaba a punto de llegar el fin de semana y ?l no hab?a hecho planes para salir del pueblo, pronto lo sabr?a.

Durante la ?ltima semana, hab?an estado rodando una secuencia de Bobby Tom y Natalie en un ca??n al norte del pueblo. Los camiones del equipo y las caravanas estaban aparcadas en la boca del ca??n, lo sufientemente lejos como para que el ruido de los veh?culos no interfiriera con el del tiroteo.

– Gracie.

Gracie levant? la mirada para ver a Connie Cameron que la llamaba desde el cami?n de aprovisionamiento. Sus labios formaban una sonrisa maliciosa mientras sal?a desde atr?s del mostrador.

– Bobby Tom te anda buscando. Fue duro hablar con ?l, as? que estoy bastante segura que lo has contrariado otra vez. Oh, querida…

Connie mir? su traje cr?ticamente, y Gracie se record? que no hab?a ninguna raz?n para sentirse intimidada. Esa ma?ana se hab?a vestido con un top amarillo y escotado y una faldita estilo sarong con un estampado selv?tico. Unos pendientes de ambar se balanceaban en las orejas y completaba su atuendo unas sandalias con finas tiras de cuero que exhib?an las u?as de sus pies pintadas en color coral oscuro. Deseaba tener el atrevimiento de comprar una discreta pulsera de oro para el tobillo, pero cuando le hab?a pedido a Bobby Tom su opini?n, se hab?a re?do tanto que hab?a descartado la idea. Probablemente hab?a sido lo mejor. De todas maneras no se la hubiera podido permitir.

Pagar a Bobby Tom, a plazos, el vestido negro de coctel brutalmente caro que le hab?a comprado sin su permiso en la Boutique de Millie disminu?a bastante su magro sueldo, pero Gracie hab?a encontrado la manera de devolv?rselo de todas maneras. Al principio, cuando hab?a sabido que Millie no aceptaba la devoluci?n del vestido, hab?a decidido que simplemente se lo devolver?a a Bobby Tom y le dir?a que se lo pusiera ?l. Desafortunadamente, hab?a cometido el error de probarse el vestido primero, y se hab?a visto tan exquisito que no hab?a podido resistir la tentaci?n. Era est?pido, lo sab?a, poseer algo tan extravagante, pero quer?a ver la expresi?n de su cara cuando finalmente se lo pusiera para ?l. Y para entonces, le habr?a pagado la deuda hasta el ?ltimo penique, lo que har?a el momento todav?a m?s dulce.

Ese era el d?a de paga, y en cuanto tuviera el dinero ten?a intenci?n de pagar el alquiler y un plazo del vestido negro, quedar?a una cantidad casi insignificante para cosas de primera necesidad. Aun as?, para ser alguien al borde del desastre financiero, se sent?a sumamente aliviada. Se hab?a prometido a s? misma que su amor ser?a ofrecido libremente y poder cumplir su promesa la llenaba de orgullo y de un fr?volo sentido de libertad.

Los pechos de Connie presionaban su ce?ido top cuando se inclin? para pasar una bayeta sobre una de las mesas que hab?a bajo el toldo azul marino dispuesto al lado del cami?n de aprovisionamiento.

– Es gracioso que vosotros dos no os lleveis mejor. S? que Bobby Tom nunca se enfada conmigo. Eres la ?nica mujer con la que lo he o?do discutir.

– Creemos que es mejor decirnos a la cara todo lo que pensamos. -Inform? Gracie con tanta dulzura como pudo reunir.

– ?Est?s aqu?! ?Qu? te entretuvo? -Mark Wurst, el ayudante de decorado, se abalanz? sobre ella, quit?ndole de las manos la manta navaja.

Durante el mes pasado, todos los del rodaje la hab?an llegado a considerar como la chica de los recados de la compa??a. Bobby Tom dec?a que la gente se aprovechaba de ella y que ten?a intenci?n de acabar con eso, pero ella le hab?a pedido que no interfiriera. A pesar de la elaboradas historias que ?l urdi? sobre que necesitaba una ayudante, no le hab?a llevado demasiado descubrir que ?l era una de las peresonas m?s competentes que conoc?a, y conforme pasaban los d?as, progresivamente, se hab?a vuelto m?s claro para ella que ?l no ten?a suficientes cosas pendientes como para mantenerla ocupada. Afortunadamente, Windmill s?, y como era quien la ten?a contratada, se sent?a satisfecha de poder trabajar por el dinero que le pagaban. Si bien nunca har?a carrera en Hollywood, estaba decidida a trabajar duramente mientras tuviera ese trabajo.

Gracie entreg? la manta al ayudante de decorado.

– Me dijiste que no hab?a prisa, y Willow me pidi? que cogiera unos documentos en la oficina para ella. -Gracie hab?a estado algo molesta de lo f?cilmente que Willow se hab?a olvidado de que hab?a llegado a despedirla.

– Hay cambios de ?ltima hora-explic? Mark-. Vamos a filmar la escena de amor en el ca??n hoy en vez de ma?ana y necesitamos la manta.

Gracie sinti? un nudo en el est?mago. Hab?a sabido que tendr?a que enfrentarse a eso tarde o temprano, pero hab?a esperado que fuera m?s bien tarde. Pocas pel?culas se rodaban en orden cronol?gico, y aunque esa ser?a la primera escena de amor que filmaban, era de hecho el final de la pel?cula y la m?s rom?ntica. Se record? seriamente que ten?a que comportarse como una profesional. Bobby Tom y Natalie ten?an varias escenas ardientes de amor, y no se pod?a permitir comportarse como una bruja celosa en cada una de ellas.

Gracie sab?a que no hablaba bien de ella que le dieran tanto placer las dificultades que Bobby Tom ten?a con Natalie, sobre todo cuando Natalie se hab?a convertido en una amiga. Pero todo lo que Natalie explicaba sobre Elvis y la lactancia lo hab?a puesto de los nervios. Incluso as?, trataba a su pareja de rodaje tan cort?smente que Natalie no se percataba de que lo sacaba de quicio.

– Creo que algunas cosas se deber?an mantener en privado -hab?a protestado Bobby Tom a Gracie durante uno de los descansos del d?a anterior-. No quiero saber nada de su subida -o como se llame- de leche.

– Reflejo de subida.

– Lo que sea, yo no quiero estar al tanto.

– Pienso que es admirable que Natalie d? de mamar a su beb?. No es f?cil para una mujer que trabaja.

– Tambi?n pienso que es admirable. Pero no soy su marido, Elvis no es mi hijo, y no hay necesidad de que yo conozca los detalles.

Gracie bostez? mientras caminaba hacia la caravana de Bobby Tom. Despu?s de pasarse la semana pasada rodando de noche, ahora lo volv?an a hacer de d?a otra vez, y su reloj interno no se hab?a acostumbrado. Aparentemente, le pasaba lo mismo a Bobby Tom. La noche anterior cuando se hab?a levantado para ir al cuarto de ba?o, hab?a mirado por la ventana de su habitaci?n encima del garaje y hab?a visto el parpadeo de la televisi?n a trav?s de la ventana del estudio.

Ella pas? junto a Roger, uno de los maquilladores, que llevaba a Elvis en una mochila. Natalie todav?a no hab?a encontrado la ni?era perfecta y el beb? estaba con cualquiera del equipo cuando ella rodaba. Gracie se par? un minuto a hacer cosquillas en la barbilla de Elvis. ?l se ri? con deleite y empez? a patalear en la mochila. Realmente era un beb? precioso, a pesar de que parec?a un Gerber. Le dio un beso r?pido en la frente y le record? a Roger que se mord?a el pu?o cuando se empezaba a dormir.

Ella subi? las escaleras de la caravana y cuando abri? la puerta, Bobby Tom se levant? de un salto.

– ?Pero d?nde demonios te has metido?

– Fui a recoger la manta que usar?s en la escena con Natalie esta ma?ana.

?l se acerc? a ella con el gui?n en la mano. Ella not? con alivio que aunque fuera por una vez estaba cubierto por completo. Resultaba ir?nico que la escena de amor era una de las pocas que se rodar?an donde ?l llevaba puesta toda la ropa. Para variar, sus vaqueros estaban cerrados hasta arriba y una camisa vaquera, con las mangas enrolladas, cubr?a la desnudez de su pecho.

– Ya no eres ayudante de producci?n. Eres mi ayudante y adem?s recoger una manta no lleva tres horas.

Como ella no ofreci? ninguna explicaci?n pues ser?a muy larga, ?l la mir? suspicazmente.

– ?Y bien?

– Tuve que recoger unos documentos en la oficina para Willow.

– Y…

Ella se rindi? a lo inevitable.

– Par? en Arbor Hills.

– ?Arbor Hills?

– Es el asilo local, Bobby Tom. Seguramente lo conoces. Lo v? un d?a, cuando hac?a un recado de Willow.

– Ya, lo s?. ?Pero para qu? fuiste all?? Pensaba que hu?as de los asilos como de la peste.

– Curiosidad profesional. Cuando pasaba por delante, vi una grieta peligrosa en las escaleras. Naturalmente, tuve que entrar para avisarles y mientras estaba all?, descubr? que sus instalaciones recreativas son mal?simas. No estoy demasiado contenta con el administrador. -No vio necesidad de contarle que recientemente hab?a tomado la costumbre de pasar tiempo con algunos residentes en cuanto ten?a la oportunidad y esperaba hablar con el administrador en breve.

– Bueno, pues yo no me lo paso tan bien como t?. Me tengo que aprender el gui?n de la pr?xima escena y me gustar?a que me ayudaras un poco.

– ?Pero no gimes y gimes?

– No es divertido. -Empez? a caminar de un lado a otro por el estrecho espacio de la caravana-. Por si no te has dado cuenta, Gracie, no todo en la vida es un gran chiste.

?Estaba Bobby Tom Denton, el hombre que nunca se tomaba nada en serio, dici?ndole que no se deb?an gastar bromas? Ella reprimi? su diversi?n mientras un interesante pensamiento la golpeaba.

– ?Bobby Tom, est?s nervioso por tener que rodar esa escena de amor?

?l se detuvo.

– ?Nervioso? ?Yo? Es mejor que te acerques y me dejes oler tu aliento, porque pienso seriamente que le has vuelto a dar al vino otra vez. -Se pas? los dedos por el pelo-. Deber?as saber que hay m?s escenas de amor en mi vida que las que la mayor?a de los hombres tienen en sue?os.

– No detr?s de la c?mara. Y no con un mont?n de gente mirando. -Ella hizo una pausa mientras un pensamiento preocupante la golpeaba-. ?O s??

– ?Claro que no! Bueno, no exactamente. ?No como est?s pensando! La cosa es que aunque hago esta pel?cula est?pida, no tengo intenci?n de parecer un idiota. -Abri? el gui?n-. Aqu?, al principio, “estos musculos deber?an venir con licencia”. -La mir? con un oscuro semblante ce?udo-. Y no quiero un comentario sarc?stico sobre el dialogo, ?entendido?

Ella reprimi? firmemente una sonrisa. ?l estaba realmente molesto por el asunto de la escena de amor. Mientras se apoyaba contra el peque?o mostrador de la cocina, se sinti? mucho mejor que momentos antes.

Despu?s de encontrar la frase en el gui?n, dijo la primera l?nea de la mejor manera posible.

– Estos m?sculos deber?an venir con licencia.

– ?Qu? te pasa en la voz?

– Nada. Estoy actuando.

?l puso los ojos en blanco.

– S?lo d? la est?pida frase.

– No es necesariamente est?pida. Alguien la podr?a encontrar provocativa.

– Es est?pida, y los dos lo sabemos. Ahora, sigue.

Ella se aclar? la voz.

– Estos m?sculos deber?an venir con licencia.

– No tienes que leerlo como si estuvieras en coma.

– No sabes la siguiente l?nea, ?verdad? Por eso me criticas.

– Estoy pensando.

– En vez de criticarme a m?, por qu? no reconoces que te has olvidado la respuesta y me dices: “Gracie, cari?ooo, me parece que olvid? mi dialogo. ?Por qu? no me diiiices como empiiiieza?”

La imitaci?n de su acento arrastrado lo hizo re?rse. Se tumb? desgarbadamente sobre el sof?. Era demasiado peque?o para sus piernas largas, y apoy? sus pies, cubiertos por un par de gruesos calcetines blancos, contra la pared.

– Lo siento, Gracie. Tienes raz?n. Dime como empieza.

– Dices: “Y t? deberias…

– Ya me acuerdo: “ Y t? deberias venir con una advertencia, querida”. Joder, eso es todav?a m?s est?pido. No es extra?o que no la pueda recordar.

– Pues no es tan mala como la siguiente: “Por qu? no me registras y miras si la tengo.” -Ella mir? el gui?n con preocupaci?n-. Tienes raz?n, Bobby Tom. Esto es realmente est?pido. No creo que al guionista le gusten m?s las escenas de amor que a t?. El resto del gui?n es por el estilo.

– Ya te lo dije. -?l se incorpor? en el sof?-. Me dan ganas de tener una de esas pataletas en plan estrella que se lee en People. Necesitamos que se reescriba.

– En realidad, no hay tiempo para eso. -Ella mir? otra vez el gui?n-. Sabes, esto podr?a funcionar si los dos lo dec?s con naturalidad. S?lo con una sonrisa. Los dos sabeis que es est?pido. Una especie de broma sexual, nada m?s.

– A ver -Tendi? la mano para que se lo pasara. Ella se lo dio y ?l lo estudi?-. Puede que tengas raz?n. Hablar? con Natalie sobre ello. Cuando no tiene delante ese beb?, alguna que otra vez muestra algunos atisbos de sentido com?n.

Pasaron los diez minutos siguientes estudiando el gui?n. En cuanto Bobby Tom decid?a hacer algo, lo hac?a bien. Result? tener una memoria r?pida y cuando lo llamaron al escenario, lo sab?a sin fallos.

– Te vienes conmigo, Gracie.

– Me temo que no puedo. Tengo que hacer demasiadas cosas. -Si bien Bobby Tom no sent?a nada por Natalie, era un hombre saludable y viril, e inevitablemente, iba a disfrutar de todo ese contacto f?sico. Ella no quer?a verlo. ?Qu? mujer en sus cabales observar?a deliberadamente al hombre que amaba hacer el amor con otra mujer, especialmente una tan bella como Natalie Brooks?

– Todo lo dem?s tendr? que esperar. Te quiero conmigo all? mismo, en el ca??n. -Se puso un par de botas de cuero.

– Molestar?. Ser? lo ?nico que haga.

– Es una orden, Gracie. De tu jefe. -Agarr? r?pidamente el gui?n y su brazo y la empuj? a la puerta. Pero cuando iba a agarrar el picaporte, se par? repentinamente. Gir?ndose, la comenz? a estudiar de una manera que hizo que punzadas de excitaci?n recorrieran su piel.

– Gracie, cari?o, si no te importa, me gustar?a que me dieras tus bragas antes de irnos.

– ?Qu?!

– Creo que lo dije bien claro.

Su pulso aceler? a toda velocidad ante el sonido de esa ronca voz arrastrada.

– ?No puedo salir sin bragas!

– ?Por qu? no?

– Porque… porque estar?a afuera, y estar?a…

– Estar?as desnuda bajo esa linda faldita tuya, pero mientras aparentas ser una dama delante de todo el mundo, yo lo sabr?a.

Otra vez, la recorri? con la mirada, haciendo que su piel se volviera h?meda y caliente. ?l no entend?a que ella no era el tipo de mujer que se paseaba sin ropa interior, ni siquiera en su versi?n “arreglada”.

Ante su vacilaci?n, ?l suspir? pacientemente con exageraci?n, de la manera que lo hac?a cuando quer?a manipular a alguien.

– No me puedo creer que discutamos por esto. Aparentemente todas esas distracciones de estas dos semanas han hecho que olvides nuestro trato. T? y yo sabemos lo que hay debajo de la falda. -Otro suspiro-. Nunca pens? que tendr?a que darte a ti, una catequista, un serm?n sobre ?tica.

Ocultando el deseo con una risa nerviosa, que s?lo lo animar?a a ser todav?a m?s escandaloso, intent? sonar razonable.

– Las catequistas no se pasean sin ropa interior.

– Ind?came la parte de la Biblia donde pone eso.

Esta vez ella se ri?.

– Estoy perdiendo la paciencia, querida. -Las chispas en aquellos ojos azul oscuro, la dejaron sin aliento. -D?melas, querida. O te las quitar?.

Oh,Se?or, esa voz arrastrada y ardiente. Reptaba por su cuerpo como una caricia ?ntima, y ella tuvo un momento de pura temeridad. Toda una vida de moderaci?n, donde hab?a sido la vieja Gracie Snow, vol? ante sus ojos. Ahora, era una mujer salvaje.

Con la piel ardiendo, le dio la espalda, meti? las manos bajo su falda, y baj? unas braguitas amarillo dorado.

Bobby Tom se ri? entre dientes y las tom? de sus manos.

– Gracias, querida. Creo que me inspirar?n.

Las meti? hasta el fondo del bolsillo de sus vaqueros; eran tan diminutas que no dejaron ni el m?s m?nimo bulto.

*****

– Estos m?sculos deber?an venir con licencia.

– Y t? deberias venir con una advertencia, querida.

– Por qu? no me registras y miras si la tengo.

Natalie y Bobby Tom sonrieron mientras dec?an el est?pido di?logo, haci?ndolo sonar provocativo, pero sin empalagar. Estaban encima de la manta que Gracie hab?a ido a recoger horas antes, que estaba extendida en un claro del bosque lleno de hierba y sombreado por sicomoros y robles.

– Es exactamente lo que voy a hacer. -Bobby Tom sigui? sonriendo mientras abrazaba con fuerza a Natalie y deshacia el nudo que cerraba su blusa campesina.

?Y por qu? estaba sonriendo?, pens? Gracie, apartando la vista de la tela que ca?a dejando al descubierto el cremoso hombro de Natalie. Realmente era un maestro en convertir el sexo en un jueguecito divertido.

La c?lida brisa se col? bajo su falda, acariciando su trasero desnudo. Dejando hipersensible su piel. Estaba excitada por su desnudez y asustada de que una repentina racha de viento levantara la parte delantera de su falda y mostrara su secreto al mundo. Todo era culpa de Bobby Tom. Ya era bastante malo haberla convencido de salir casi desnuda, pero mientras ?l y Natalie rodaban, ?l hab?a agravado su pecado mir?ndola y tocando deliberadamente el bolsillo de sus vaqueros, record?ndole lo que all? hab?a. Nunca hab?a compartido un secreto sexual con un hombre, y la hac?a sentirse mareada y febril.

Los ?rboles susurraban por encima de ella, y el aire en el ca??n llevaba un leve aroma a cedro. El di?logo continu? hasta que se interrumpi? por el suave sonido de un beso. A pesar de su intenci?n de comportarse profesionalmente, no se resignaba a mirar. Quer?a ser la mujer que estuviera en sus brazos sobre la manta. A solas con ?l, s?lo los dos. Desnudos.

– ?Oh, mierda!

La exclamaci?n de Natalie interrumpi? su ensue?o.

– ?Corten! -grit? el director-. ?Qu? sucede? -Gracie mir? al mismo tiempo a Bobby Tom y a su bella acompa?ante-. ?Te duele algo, Natalie?

– Me subi? la leche. Dios m?o, lo siento much?simo. Estoy empapada. Necesito una blusa nueva.

Bobby Tom se puso de pie tan r?pidamente como si hubiera estado expuesto a una enfermedad mortal.

– Diez minutos, para todos -anunci? el director-. Los de guardarropa, otra blusa para la se?orita Brooks. Y ser? mejor que traigais otra tambi?n para el Sr. Denton.

Bobby Tom se qued? helado.

Baj? la cabeza.

Una expresi?n de absoluto horror apareci? en su rostro cuando vio dos c?rculos h?medos en la parte delantera de su camisa.

Una risita se escabull? por los labios de Gracie. Ella pens? que nunca hab?a visto a nadie desabotonar una prenda tan r?pidamente. Se la pas? al ayudante de guardaropa e inmediatamente se acerc? a Gracie.

– Vamos.

Con los ojos entrecerrados y la mand?bula fuertemente apretada, la gui? a trav?s de los ?rboles sobre el terreno rocoso, caminando tan r?pido que ella tropez?. ?l tir? de ella, pero no afloj? el paso. S?lo cuando estaban fuera de la vista de los dem?s, se par? y se apoy? contra el tronco de un nogal.

– Esto es la peor experiencia de mi vida. No puedo hacerlo, Gracie. Antes me comer?a una rata que ir all? para quitarle la blusa a esa mujer. No puedo hacer el amor con una madre que est? dando de mamar.

?l parec?a tan apesadumbrado que Gracie no pudo evitar sentir simpat?a por ?l, si bien iba contra sus sentimientos m?s feministas. Intent? usar su tono m?s razonable, algo verdaderamente dif?cil cuando estaba tan cerca de ?l.

– La funci?n del pecho de una mujer es alimentar a los beb?s, Bobby Tom. No dice nada bueno de ti que lo encuentres tan ofensivo.

– No es que lo encuentre ofensivo. Es s?lo que no permite que me olvide de que estoy besando a la esposa de otro. Hacer el amor con Natalie Brooks es algo imposible. En contra de lo que puedas haber o?do, no me l?o con mujeres casadas.

– No, supongo que no. A tu peculiar manera, machista, tienes sentido del honor.

Algunos hombres habr?an visto que era un cumplido un tanto dudoso, pero Bobby Tom pareci? complacido.

– Gracias.

Se miraron el uno al otro durante un buen rato. Cuando ?l habl?, su voz son? ronca.

– Me temo que vas a tener que ponerme de mejor humor para que haya alguna oportunidad de que el trabajo de hoy sea decente.

– ?Ponerte de mejor humor?

La atrajo hacia su pecho y presion? su boca sobre la de ella como si quisiera devorarla. Su respuesta fue inmediata. Las llamas recorrieron su sangre a toda velocidad y ella respondi? a su pasi?n con la suya. Su boca estaba abierta, su lengua era agresiva. Hundi? los dedos en su pelo grueso mientras ?l met?a la mano bajo la falda. Sus grandes manos ahuecaron su trasero y la levant? del suelo. Ella lo rode? con las piernas y sinti? la ruda abrasi?n de la tela de los vaqueros contra la sensible piel del interior de sus muslos. ?l se gir? de tal modo que la espalda de Gracie se apretara contra el tronco del ?rbol. Ella sinti? su deseo, grueso y duro, contra s? y una parte suya, muy lasciva, quiso desgarrar la cremallera de sus vaqueros para que no hubiera ninguna barrera entre ellos.

Los a?os de privaci?n la llevaron m?s all? de los l?mites del control. Hambrienta, gimi? y le apret? m?s entre sus muslos.

Ella oy? una suave maldici?n. ?l suaviz? el agarre de su culo y la baj? hasta que sus pies tocaron el suelo.

– Lo siento, cari?o. Me sigo olvidando de cuanto te excitas. No deber?a haber comenzado esto.

Ella se apoy? contra ?l. ?l la cogi? por la nuca y la atrajo contra su pecho desnudo. ?l ol?a a jab?n, a limpio y a verano. Ella apret? sus ojos cerrados, deseando haber manifestado m?s control.

– Dame mis bragas, por favor.

Ella temi? que se negara, pero aparentemente ?l comprendi? que ya se hab?a divertido bastante. La solt? para meter la mano en el bolsillo. Ella fij? los ojos en su pecho cuando le entreg? el naylon amarillo dorado. Cuando ?l habl?, no hab?a ni rastro de risa en su voz y ten?a el filo acerado de la determinaci?n.

– Ma?ana por la noche nadie detendr? lo que hemos empezado.

Antes de que ella pudiera contestar, ?l se dio la vuelta y se march?.

A ella le llev? varios minutos arreglarse; a rega?adientes regres? al lugar donde rodaban la pel?cula. Natalie se hab?a vestido con una blusa limpia, y mec?a a Elvis entre sus brazos mientras cantaba una canci?n. Bobby Tom, todav?a con el pecho desnudo, permanec?a de pie entre ella y el director, que parec?a darles los ?ltimos consejos. El director se dio la vuelta para hablar con un c?mara y uno de los maquilladores abord? a Natalie con un bote de laca.

Natalie lo detuvo con la mano.

– Un momento. No quiero que Elvis respire eso. ?Puedes cogerlo, Bobby Tom? -Sin esperar su consentimiento, meti? con fuerza el beb? entre sus brazos y se alej? unos pasos para que le rociaran el pelo.

Bobby Tom arque? las cejas con alarma. Al mismo tiempo, su cuerpo reaccion? con el instinto de un receptor profesional y autom?ticamente acerc? el beb? a su pecho.

Elvis emiti? un gorgoteo feliz. Rozando con familiaridad la piel con la mejilla, instintivamente movi? la cabeza buscando sobre el bien formado m?sculo pectoral desnudo de Bobby Tom y abri? su ?vida boquita.

Bobby Tom le dirigi? una severa mirada.

– Ni lo sue?es, colega.

Elvis ri? entrecortadamente y se chup? los dedos.

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