cap?tulo 15

Graciese desliz? en los brazos de Bobby Tom tan f?cilmente como si no hubiera hecho otra cosa en su vida. ?l apoy? en ella la barbilla mientras met?a una mano bajo su jersey. Con la oreja presionada contra su pecho, ella oy? el latido fuerte y regular del coraz?n de Bobby Tom.

?l roz? su pelo al tiempo que acaricaba la piel de su espalda con el pulgar.

– Gracie, cari?o, sabes que esto no es para siempre, ?verdad? -Su voz era tierna y m?s seria de lo que nunca hab?a o?do-. Eres una buena amiga y no quiero lastimarte, pero no soy de los que se atan. A?n puedes cambiar de idea si piensas que no puedes manejar algo temporal.

Ella hab?a sabido desde el principio que su relaci?n no era para siempre, pero no porque ?l no fuera de los que sientan cabeza. Simplemente no se atar?a a alguien tan ordinario como ella. A ?l le iban rubias despampanantes y pelirrojas de infarto, mujeres con cuerpos modelados por el aerobic y magnificos pechos. Reinas de la belleza y del rodeo que posaban nada m?s que con una sonrisa. Su esposa, ser?a alguien as?, pero Gracie esperaba que por lo menos tuviera tambien algo de cerebro o ?l nunca ser?a feliz.

Ella aspir? su olor y dibuj? la L de su vieja camiseta de secundaria con la yema del dedo.

– Lo s?. No estoy esperando un final feliz. -Levant? la mirada hacia ?l y lo observ? con gran seriedad-. No quiero nada de ti.

?l levant? una ceja, claramente desconcertado por su declaraci?n.

– Lo digo en serio, lo sabes. No quiero ropa, ni dinero, ni tu aut?grafo para ninguno de mis parientes. No voy a vender tu historia a los peri?dicos sensacionalistas, ni a pedirte que hagas negocios conmigo. Cuando me vaya. No me llevar? nada de ti.

?l entrecerr? los ojos con una expresi?n inescrutable.

– No s? por qu? dices todo eso.

– Por supuesto que lo sabes. Todos toman algo de ti, pero yo no lo har?. -Levant? la mano y acarici? la l?nea dura de su mand?bula con los dedos. Luego tom? su stetson y lo dej? caer en el asiento de atr?s.

– Bobby Tom, mu?strame c?mo complacerte.

?l cerr? los ojos y, solo por un instante, pens? haberlo sentido temblar, pero cuando abri? los ojos, vio all? acechando la guasa familiar.

– ?Te has puesto esa ropa interior de fantas?a esta noche?

– Si.

– Ese es un buen principio.

Ella se lami? los labios, recordando repentinamente que hab?a olvidado algo de suma importancia. Decidida a sonar pr?ctica, se aclar? la voz.

– Yo… probablemente necesites saber algo antes de que vayamos m?s lejos… Tomo la p?ldora -dijo de sopet?n.

– ?Desde cuando?

– Desde antes de salir de New Grundy. Como hab?a decidido que esto iba a ser un nuevo comienzo, necesitaba estar preparada para no perderme ninguna… nueva experiencia. -Mir? fijamente la T voladora de su camiseta-. Pero si bien yo estoy preparada, t? has tenido una vida muy activa -otra vez se aclar? la voz-, sexualmente hablando. -Hizo una pausa-. Asi que espero que… uses condones.

?l sonri?.

– S? que esta conversaci?n no es f?cil para ti, pero has hecho lo correcto; aseg?rate de hacer lo mismo con tus futuros amantes. -Una sombra ti?? su rostro y tens? los m?sculos que rodeaban la boca. Luego, acarici? su mejilla con los nudillos-. Ahora voy a decirte algo, que si bien es verdad, no quiero que me creas ni por un segundo porque a los hombres no les gusta usar condones y te diran cualquier cosa para evitar pon?rselos.

»El hecho es, cari?o, que estoy limpio como una patena. Tengo los an?lisis que lo prueban. Incluso antes de todos esos casos de paternidad, he sido realmente cuidadoso en todas la relaciones que he mantenido.

– Te creo.

?l suspir?.

– ?Qu? voy a hacer contigo? Sabes que miento m?s que Pinocho. Soy la ?ltima persona de la tierra a la que deber?as creer en algo as? de importante.

– Siempre te creer?. Nunca he conocido a nadie que le repugne tanto la idea de lastimar a otra persona. Es algo ir?nico, ?no?, considerando la violenta manera en que te ganabas la vida.

– ?Gracie?

– ?S??

– No llevo ropa interior.

Levant? la mirada de golpe.

?l sonri? ampliamente y bes? la punta de su nariz. Lentamente su sonrisa se desvaneci? y sus ojos se oscurecieron. Desliz?ndose fuera del volante hacia su lado del asiento, ahuec? su mand?bula entre sus manos y baj? la boca para cubrir la de ella.

En el instante en que sus labios la tocaron, su cuerpo revivi? con las sensaciones y sinti? como si cada una de sus c?lulas vibraran con nueva vida. Su boca era caliente y suave sobre la de ella y entreabri? los labios para ?l. La punta de su lengua se desliz? entre ellos y ella celebr? el placer de tomar cualquier parte de ?l dentro de su cuerpo. Envolvi? sus brazos alrededor de su cuello y toc? su lengua con la de ella. Con el movimiento se subi? su top y ?l aprovech? para meter una de sus manos debajo, justo por encima de su cintura.

Cuando su beso se hizo m?s hondo, ella sinti? el calor h?medo de su cuerpo a trav?s de su camiseta. Hundi? los dedos en sus hombros y tom? su lengua m?s profundamente en su boca. El resto del mundo desapareci?, y s?lo quedaron las sensaciones. Le comenzaron a arder los pulmones, y se dio cuenta de que se hab?a olvidado respirar. Se ech? para atr?s para coger aire. ?l enterr? los labios en la V de su garganta y mordisque? el delicado hueso con sus dientes.

– ?Bobby Tom! -jade? su nombre.

– ?S?, cari?o? -Su respiraci?n era a?n m?s superfical que la de ella.

– ?Lo podemos hacer ahora?

– No, cari?o. No est?s lista.

– Oh, lo estoy, realmente lo estoy.

?l se ri? entre dientes, luego gimi? cuando repas? con los pulgares sus costados desnudos.

– Esto es simplemente el precalentamiento. Ven aqu?. M?s cerca. -La iz? hasta que la mont? a horcajadas sobre su regazo.

Cuando ella se acomod? encima de ?l, lo sinti? duro y r?gido, presionando contra ella a trav?s de sus vaqueros y sus pantalones cortos.

– ?Yo provoqu? eso? -murmur? ella contra sus labios.

– Hace unas tres horas -murmur? ?l.

Con un estremecimiento de placer, ella se asent? en su regazo. Frotando sus caderas contra las de ?l, y tomando su boca.

– Para -gimi? ?l.

– Eres t? quien quer?a jugar -le record?, hablando contra sus labios abiertos.

– Algunas veces soy demasiado listillo para mi gusto. ?Dios, no hagas eso!

– ?Hacer qu?? -Ella meci? su pelvis otra vez, queriendo hacer desaparecer las barreras entre ellos.

?l agarr? la bastilla de su top y tir? hacia arriba, arrastrando su sujetador al mismo tiempo. La empuj? hasta que su espalda choc? contra el salpicadero, exponiendo sus pechos.

Ella dej? escapar un gritito cuando ?l levant? un seno y llev? el pez?n a su boca. Clav? los dedos en sus hombros mientras la succionaba. Su posici?n, montando a horcajadas sobre sus rodillas y apoy?ndose contra el salpicadero, era inc?moda, pero su cuerpo ya no le pertenec?a a ella y la tensi?n poco familiar entre sus muslos abiertos s?lo aument? su excitaci?n. Ella sinti? la succi?n caliente de su boca, el latido entre sus piernas, la humedad de su fina camiseta desgastada bajo las palmas de sus manos. ?l meti? bruscamente las manos bajo sus muslos y desliz? los pulgares bajo las perneras de sus pantalones cortos.

Incorpor?ndose, ella tom? la camiseta y la sac? de los vaqueros, luego, tante? entre sus cuerpos hasta la leng?eta de su tensa cremallera. La tom? y comenz? a bajarla. ?l ya hab?a abierto la suya y antes de que se diera cuenta, le hab?a bajado los pantalones cortos hasta donde sus muslos abiertos tensaban la tela.

El sonido ?spero de su respiraci?n llenaba la camioneta. Ella se desliz? hacia atr?s sobre sus muslos hasta que estuvo arrodillada en el asiento a su lado y pudo bajar la cremallera con ambas manos. ?l sac? la camiseta sobre su cabeza y en el proceso golpe? el volante con el codo haciendo sonar el clax?n. Maldijo, y ella se inclin? hacia sus tetillas para tomarlas en su boca mientras segu?a luchado con la terca cremallera.

Sinti? en la lengua la dura prominencia. La lami?, tal como ?l hab?a hecho con ella y sinti? como todo su cuerpo se pon?a r?gido.

Abri? la cremallera.

?l la separ? bruscamente, lo suficiente como para sacarle el top por la cabeza y arrojarlo al asiento de atr?s. Sigui? el sujetador y ella permaneci? de rodillas delante de ?l, excitada, con el pelo alborotado, el anillo de la Super Bowl colgando entre sus pechos desnudos y los desabrochados pantalones cortos deslizandose hasta sus caderas.

Ella contempl? la cremallera abierta.

– Est? demasiado oscuro -murmur?-. No te puedo ver. -Toc? su est?mago con la punta de un dedo.

– ?Quieres verme?

– Oh, s?.

– Gracie… -sonaba como si luchara por respirar con normalidad-. Parec?a una buena idea, pero las cosas van un poco m?s r?pido de lo que hab?a pensado y la camioneta es demasiado peque?a. -Gir? la llave en el arranque y meti? la marcha con tal brusquedad que ella choc? contra la puerta. La ruedas salpicaron grava cuando meti? la marcha atr?s y luego la primera. La camioneta rebot? sobre la tierra compacta de la carretera oscura.

Ella se inclin? sobre el asiento de atr?s para coger su top. ?l la agarr? del brazo antes de que lo pudiera localizar.

– Ven aqu?. -Sin esperar su consentimiento, la empuj? hacia abajo hasta que Gracie yaci? sobre su espalda, con la cabeza sobre el muslo de Bobby Tom. Entonces ?l comenz? a conducir demasiado r?pido, usando la mano libre para atormentar su pecho.

La camioneta sali? disparada a trav?s de la noche con sus dedos acarici?ndola. A trav?s del parabrisas, ella pod?a ver el cielo y las copas de los ?rboles. Estaba al borde de algo inexplicable y cuando no pudo soportar m?s su dulce tortura, se gir? y presion? sus pechos contra ?l.

La camioneta surcaba la carretera oscura, y su cremallera abierta rasp? su mejilla. Ella presion? los labios contra su est?mago duro y plano, tocando cada m?sculo. ?l gimi? y levant? el muslo de Gracie. Ahuec? la palma de la mano sobre sus pantalones cortos. Movi? el tal?n de la mano y ella comenz? a volar.

– No, no lo har?s -murmur? ?l, apart?ndose-. No esta vez. No hasta que est? dentro de ti.

Ella sigui? viaje en el borde del asiento mientras ?l conduc?a alocadamente hacia su casa. Una lluvia de grava choc? contra el lateral del veh?culo al dar un frenazo. Al cabo de unos segundos, hab?a apagado el coche y saltado al suelo.

Ella todav?a buscaba su top en el asiento de atr?s cuando abri? la portozuela.

– No vas a necesitarlo -tom?ndola de la cintura la sac? de la camioneta.

Si bien la casa estaba apartada y el patio desierto, ella se tap? los pechos con las manos mientras la conduc?a sobre la hierba. Ella vio su amplia sonrisa con el reflejo de la solitaria luz que iluminaba el porche y se dio cuenta de que ?l presentaba la misma imagen que en las primeras escenas de la pel?cula, con el pecho desnudo y la cremallera de los vaqueros abierta. El sordo ruido de sus botas en las escaleras del porche de madera ahogaba por completo el ligero golpeteo, mas suave, de sus sandalias. Meti? la llave en la cerradura y, cuando abri? la puerta, la condujo bruscamente dentro de la casa.

La llev? al dormitorio con una urgencia que la emocion? y asust? a la vez. Le encantaba ver cuanto la deseaba, pero tambi?n sab?a que lo pod?a acabar ahuyentando. Siempre hab?a sido algo torpe en las actividades f?sicas y seguramente ?sta no ser?a la excepci?n. Mir? fijamente la cama de la Bella Durmiente que dominaba la habitaci?n y trag? saliva.

– Es demasiado tarde para dudas, cari?o. Me temo que hace dos semanas que pasamos el punto de no retorno. -Se sent? en la cama y se quit? bruscamente las botas y los calcetines. Su mirada vag? sin rumbo hasta la tira de su tanga que se ve?a a trav?s de la cremallera abierta de sus pantalones cortos.

La empalagosa feminidad del dormitorio lo deber?a hacer menos intimidatorio, pero sin embargo nunca le hab?a parecido tan abrumador, tan completamente masculino. Su excitaci?n se transform? en ansiedad. Lo mir? a los ojos y s?lo pudo preguntarse c?mo se hab?a metido en ese l?o. ?C?mo hab?a llegado a estar a punto de ofrecerse a un deportista mundano y millonario que era perseguido por las mujeres m?s bellas del mundo?

Y luego ?l le sonri?, y sus dudas desaparecieron al tiempo que su coraz?n se llenaba de amor. Se ofrec?a a ?l porque quer?a. Creaba recuerdos que la acompa?ar?an el resto de su vida. ?l tendi? su mano y ella camin? hacia ?l.

Los dedos que la envolvieron fueron firmes y reconfortantes.

– Todo ir? bien, cari?o.

– Lo s?.

– ?Lo sabes? -Cogi?ndola por las caderas, la atrajo hasta situarla en medio de sus muslos abiertos.

– Aj?. Ya me dijiste que nada se te resiste.

– Cierto, cari?o. D?jalo en mis manos. -Acerc? sus labios al pecho de Gracie y meti? las manos dentro de sus pantalones cortos para deslizarlos hacia abajo junto con sus bragas. Ella coloc? una mano en su hombro y se liber? de la tela de encaje, contenta de estar libre de ella, sinti?ndose como una mariposa que finalmente se escapada de una cris?lida que la hab?a mantenido cautiva demasiado tiempo. Bobby tom centr? la mirada en el nido de rizos cobrizos de entre sus piernas. Cogi?ndolo por el brazo, tir? fuertemente de ?l hasta que se levant?.

Cuando ?l se puso de pie, ella desliz? sus dedos sobre la cinturilla de sus vaqueros, que colgaban a la altura de las caderas, y descubri? que ?l no hab?a bromeado cuando le dijo que no llevaba calzoncillos. Le temblaron las manos y vacil?.

?l la tom? por la nuca y ?gilmente enred? los dedos entre sus rizos.

– Venga, cari?o. No te preocupes.

Sinti? la boca seca cuando lentamente tir? con fuerza del tejido suave de los vaqueros. Mirando al suelo, ella se arrodill?. Con infinita lentitud, ella desliz? los vaqueros sobre sus caderas y sobre sus muslos firmes hasta sus tobillos. ?l los apart? de una patada. Sintiendo la anticipaci?n, ella se sent? sobre las pantorrillas.

Levantando la mirada de las cicatrices en su rodilla, se par? a la altura de sus caderas.

– Oh, Dios mio…

No hab?a esperado que fuera tan imponente, tan dominante. Abri? la boca sin poder apartar la vista. Era magn?fico, mucho m?s de lo que ella hab?a supuesto. Era incre?ble tener algo que empujara tan atrevidamente. Arrug? la frente, pero se neg? a dejar que el tama?o la preocupara. De alguna manera ?l se las arreglar?a para que ella lo acomodara.

– ?sto va a ser un desastre -murmur? ?l.

Levantando la cabeza r?pidamente le lanz? una mirada herida. Un rubor rojo quem? su piel. Mortificada, se puso r?pidamente de pie.

– ?Lo siento! No quer?a mirar tan fijamente. Yo…

– ?No, cari?o! -La envolvi? entre sus brazos y se ri? entre dientes-. No eres t?. Soy yo. Me pones tan cachondo cuando me miras as? que corremos el peligro de que se nos vaya todo de las manos en diez segundos.

Ella se sinti? tan aliviada de no haber hecho nada mal que una risita subi? por su garganta.

– Supongo que entonces, tendr?amos que volver a empezar, ?no?

– Gracie Snow, te est?s convitiendo en una aut?ntica lasciva ante mis ojos. -Pas? la cadena del anillo de la Super Bowl sobre su cabeza-. Esta es, definitivamente, mi noche de suerte.

Comenz? a besarla otra vez. Sus manos estaban por todo su cuerpo, amasando sus nalgas y frot?ndola contra ?l. Ella se regocij? de la sensaci?n de su piel desnuda contra la suya. Envolvi? los brazos alrededor de su cuello y los elev? hasta rozar con la punta de los dedos la cortina de encaje que colgaba del dosel. ?l recorri? su espalda libre, la tendi? sobre la colcha, y la coloc? en medio de la cama de la Bella Durmiente. Pero ?l no era un pr?ncipe de cuento de hadas con s?lo besos castos en la mente.

Ella enlaz? su mirada con la de ?l y lentamente abri? las piernas, ofreci?ndose feliz. ?l sonri? y se tumb? al lado de ella en la cama, pasando la palma de la mano por su vientre.

– Tienes clase, cari?o.

Inclinando la cabeza, la bes? otra vez, arrastrando los dedos entre los rizos sedosos, luego los baj? m?s para acariciar el interior de sus muslos. Comenzando a torturarla con sus caricias, acerc?ndose m?s y m?s, pero sin tocarla donde m?s necesitaba.

Ella perdi? el control, arque?ndose contra su mano, tensando cada uno de sus m?sculos.

– ?Por favor! -susurr? sin aliento contra sus labios-. No te detengas…

– No lo har?, querida. Cr?eme, no lo har?.

?l la abri?, y su respiraci?n se transform? en un sollozo cuando ?l roz? sus pliegues con la yema del dedo. Se estremeci? de pies a cabeza. Meti? un dedo dentro de ella, y, de golpe, ella explot? con un grito.

?l la abraz? mientras temblaba en su ext?sis. Tan pronto como se calm? y lo sinti?, todav?a r?gido, contra su cadera, tuvo ganas de llorar. Todo lo que hab?a querido era dar, no tomar.

– Lo… lo he echado todo a perder. Lo… lo siento tanto. Sab?a que lo estropear?a. -Se trag? un sollozo-. Quer?a que… fuera perfecto, pero nunca he sido buena en las cosas f?…f?sicas. Nadie me quer?a en su equipo, y ahora ya sabes porqu?. Soy un desastre… y t?… t? no lo eres. Lo he… arruinado todo. -Estaba tan afligida por su orgasmo prematuro que apenas sinti? sus labios movi?ndose sobre su sien.

– Nadie puede ser h?bil en todo, cari?o. -Su voz ten?a un deje extra?o y sofocado.

– ?Pero quer?a tanto… ser buena en esto!

– Entiendo. -?l se coloc? encima de ella y abri? m?s sus piernas con las suyas-. Algunas veces hay que aceptar los defectos. ?brete un poco m?s, cari?o.

Era lo m?nimo que pod?a hacer por ?l.

Otra vez, ella sinti? el roce de sus manos en los muslos, y luego su dedo invasor. ?l gimi?.

– Eres tan estrecha.

– Lo siento. Eso es porque nunca… -Se qued? sin aliento cuando comenz? a mover el dedo lenta y r?tmicamente, acarici?ndola interiormente y provocando ardientes sensaciones. La explor? con sus h?biles e indagadores dedos, creando un sedoso ritmo ?ntimo.

– ?Bobby Tom? -Ella murmur? su nombre como si fuera una pregunta.

– No te disculpes, cari?o. No puedes evitar ser un fracaso. -En medio de la niebla de su excitaci?n, se percat? que ?l sonre?a contra su mejilla h?meda. Pero antes de que se pudiera plantear por qu? lo hac?a sinti? un duro empuje en la estrecha entrada de su cuerpo. Tens? las manos sobre sus hombros cuando sinti? el cosquilleo de un placer que invad?a todo su cuerpo.

– Oh…

?l se adentr?, invadi?ndola poco a poco, d?ndole tiempo para ajustarse a su tama?o. Ella sent?a su contenci?n en la tensi?n de los m?sculos bajo sus manos. Pero no quer?a que se contuviera. Llevaba esper?ndolo una eternidad.

– De prisa -dijo sin aliento-. Por favor, date prisa.

– No quiero, cari?o. -Su voz era tensa, como si estuviera levantando pesas.

– Por favor. No te contengas.

– No sabes lo que me pides.

– Lo s?. Lo quiero todo.

?l tembl? y se impuls? en su interior. Oleadas de placer recorrieron su piel y calentaron su sangre. Ella levant? las caderas y envolvi? las piernas alrededor de las de ?l. ?l enterr? las manos bajo ella y la levant? m?s, empuj?ndose profundamente en su interior. Ella celebr? su propia habilidad para soportar su peso, para aceptar su sexo, y dio una boqueada de pura alegr?a ante su magia de mujer que permit?a que su cuerpo acomodara el de ?l.

Su respiraci?n sonaba ?spera en su o?do, y ella se movi? contra ?l como si llevara toda la vida haci?ndolo. Las sensaciones que la envolvieron fueron las m?s poderosas que hab?a sentido, como el viento o el trueno. La llev? m?s y m?s alto, hacia las nubes, hacia un lugar misterioso donde s?lo exist?a el ?xtasis. La humedad de sus cuerpos se mezcl? con sus gritos hasta que alcanzaron el cielo. Por un momento permanecieron all?, perfectamente suspendidos. Luego se dejaron caer juntos en una cascada de lluvia plateada.

Quiz?s hab?an pasado minutos o horas antes de que recuperara sus sentidos. Volvi? a percibir el mundo poco a poco: el roce del aire fresco en su brazo, el sonido distante de un avi?n a reacci?n en lo alto. El cuerpo de ?l se sent?a pesado entre sus brazos. Pero le encantaba su peso y experiment? una sensaci?n de p?rdida cuando sinti? la suave succi?n al salir de ella.

?l rod? sobre su est?mago, manteniendo la cara hacia ella y colocando el brazo sobre su pecho, justo debajo de sus pechos. ?l cerr? los ojos y, cuando se puso boca arriba, lo estudi?, memorizando cada detalle de su cara: El sensual labio inferior, las pesta?as que descansaban sobre sus mejillas, la nariz recta y firme y el h?medo rizo rubio en su sien. Su piel parec?a dorada bajo la suave luz de la l?mpara. Era tan guapo que la dejaba sin respiraci?n.

La alegr?a la invadi?. Quer?a bailar; Quer?a subir al tejado y gritar de j?bilo. Nunca hab?a estado tan llena de energ?a.

– ?Bobby Tom?

– Uhmm…

– ?Puedes abrir los ojos?

– Urgmm…

Ella pens? en una caricatura que hab?a visto hac?a mucho tiempo de unos ratones danzando en la tela de un paraguas. As? era como se sent?a ella, desnuda en la cama con ese hombre, tan feliz como un rat?n bailando en la tela de un paraguas.

– Es todav?a mejor de lo que pens? que ser?a. Sab?a que eras un amante excelente -y realmente lo eres, Bobby Tom- te aseguro que eres excepcional. Pero no deber?as haberte re?do de mi cuando pens? que lo hab?a echado todo a perder con mi orgasmo precoz.

?l abri? un ojo y, manteniendo la mejilla contra la almohada, la mir? fijamente.

– En caso de que a?n no te hayas enterado, no existe nada que se parezca a un orgasmo precoz en las mujeres.

– ?Y por qu? se supone que deber?a saberlo? Voy a hacerte una cr?tica constructiva, as? que no te ofendas, pero tienes la molesta costumbre de hacer chistes a los que s?lo t? ves la gracia.

?l sonri? y levant? el brazo que reposaba bajo sus pechos para juguetear con su pelo entre sus dedos.

– Es que era irresistible -se ech? a reir a carcajadas-. Un orgasmo precoz.

– Los hombres los tienen. No veo porqu? las mujeres no lo iban a tener.

– Joder, las mujeres modernas lo quieren todo, ?no es cierto? Pues bien, cari?o, eso es algo que los hombres nos reservamos para nosotros solos, aunque nos llev?is al Supremo. -Bostez? y comenz? a rodar sobre su espalda, llev?ndose la s?bana con ?l.

Ella se sent? con la espalda contra el cabecero.

– ?Tienes hambre? Yo s?. No pude tragar bocado antes, por lo nerviosa que estaba, pero te juro que ahora me comer?a hasta un caballo. Me voy a preparar un sandwich, o mejor, un taz?n de cereales, o sopa. O tal vez…

– Eres una charlatana, ?no?

– ?Crees que lo podemos hacer de nuevo?

?l gimi?.

– Necesito un poco de tiempo para recuperarme. No soy tan joven como era hace unas dos horas.

– Cre?a…, bueno, s? que hay diferentes posturas y todo eso, pero, para ser completamente sincera, me siento fascinada por… eh… el ?rgano masculino, y no he tenido oportunidad de estudiarlo bien, y…

Ella se interrumpi? cuando la cama comenz? a temblar por su risa.

– ??rgano masculino!

Ella lo mir? con mala cara.

– No le veo la gracia. Soy demasiado vieja para ser tan ignorante y tengo un mont?n de a?os que recuperar.

Bobby Tom arrug? la frente con fingida alarma.

– No en una noche, espero.

– Creo que de alguna manera no tendr?as problema para seguirme el ritmo. -Ella no hab?a pasado por alto que, a pesar de sus palabras, ?l hab?a estado observando algunas partes de su cuerpo con cierto inter?s.

El tel?fono se entrometi?. Aunque el que estaba en la mesita al lado de la cama estaba sin timbre, oyeron el que estaba en el despacho y que hab?a sonado intermitentemente desde que entraron en la casa. Ya estaba acostumbrada al hecho de que ?l dejaba que su contestador cogiera la mayor parte de sus llamadas y no le hab?a dado importancia. Esta vez ?l suspir? y estir? el brazo para cogerlo.

– Puede que si contesto, quien quiera que sea nos deje en paz por el resto de la noche. Hola… No, Luther, no importa, no estaba dormido… Aj?. Bueno, deber?a de tener confirmada la lista en un par de d?as… ?Quieres que venga tambi?n, George Strait? -Puso los ojos en blanco-. No puedo hablar m?s, Luther. Tengo una llamada en la otra l?nea y estoy seguro de que vendr? Troy Aikman. Bien, se lo dir?.

?l colg? de golpe el tel?fono y se incorpor? para sentarse con la espalda contra las almohadas.

– Me ha dicho que te recuerde que tienes una reuni?n del comit? de “La casa de Bobby Tom”. Pero no vas a ir. Condenados tontos.

– De hecho, creo que s? que ir?. Uno de los dos tiene que saber que se traen entre manos.

– Una locura, eso es lo que est?n haciendo y ser? mejor que te mantengas alejada porque puede ser contagioso. -Sus ojos vagaron por sus pechos-. ?Est?s lista para el segundo asalto o prefieres quedarte aqu? sentada farfullando toda la noche?

Ella sonri?.

– Definitivamente estoy lista para el segundo asalto. Pero… -Busc? valor, determinada a no dejar que se saliera en todo con la suya, aunque tuviera m?s experiencia que ella y no confiara del todo en sus nuevas habilidades como sirena sexual-. Estoy preparada para el segundo asalto, pero esta vez ser? yo quien lleve la voz cantante.

?l la mir? con cautela.

– ?Exactamente qu? quieres decir?

– No hay raz?n para que finjas ignorancia, Bobby Tom. Creo que nos entendemos perfectamente.

?l se ri? entre dientes.

Ella cogi? la arrugada s?bana que cubr?a sus caderas y la apart? de un tir?n.

– Pienso que el mejor lugar para satisfacer mi curiosidad puede ser la ducha.

– ?La ducha?

– No me est?s prestando atenci?n.

– Claro que te la presto. ?Pero est?s segura de estar preparada? Tomar una ducha conmigo significa que seguro que pasas de principiante a maestra en s?lo una noche.

Ella lo mir? y curv? sus labios en una sonrisa tan vieja como Eva.

– No puedo esperar m?s.

Contents

Обращение к пользователям