cap?tulo 22

Graciese detuvo tras pasar la puerta del comedor m?s peque?o del club, donde la fiesta estaba en su apogeo. Mientras deportistas aguerridos y bellas mujeres se arremolineaban a su alrededor, se sinti? por un momento como si hubiese sido teletransportada a la noche en que hab?a conocido a Bobby Tom. Aunque no hab?a jacuzzi a la vista, reconoci? la atm?sfera festiva y parte de la gente.

Su viejo traje azul marino acrecentaba la sensaci?n d?ja vu, y como hab?a llegado a amar sus hermosas ropas, se sent?a todav?a m?s desali?ada y con la ropa m?s grande que esa noche. Tambi?n hab?a recuperado sus pr?cticos zapatos negros, dejando la cara limpia de maquillaje y sujetando el pelo hacia atr?s con un par de ?tiles horquillas. Esa noche, sin m?s, no hab?a sido capaz de sumergirse en la imagen que hab?a conseguido Bobby Tom, por mucho que le gustara esa imagen de s? misma. Especialmente no se hab?a podido poner el vestido negro de coctel con el que hab?a querido deslumbrarlo. En su lugar se hab?a despojado de todo hasta llegar a ser la persona que hab?a sido antes de que ?l hubiera jugado a ser Pygmalion con su vida.

?l nunca sabr?a lo dif?cil que hab?a sido para ella acudir esa noche y s?lo por el hecho de que siempre aceptaba sus responsabilidades se hab?a obligado a ir. ?l a?n no la hab?a visto. Estaba enfrascado en la conversaci?n que manten?a con una encantadora belleza rubia que a Gracie le record? a Marilyn Monroe en pleno apogeo. Era un poco mayor que Bobby Tom y luc?a un espectacular vestido plateado con una raja hasta medio muslo. Bobby Tom la miraba con tal afecto que Gracie sinti? una presi?n en el pecho. Ese era exactamente el tipo de mujer con el que ?l se casar?a alg?n d?a, una mujer tocada por el mismo polvo de estrellas que lo hab?a tocado a ?l la mayor parte de su vida.

La rubia pas? el brazo alrededor de la cintura de Bobby Tom y descans? la mejilla contra su chaqueta. Cuando ?l correspondi? al abrazo, Gracie la reconoci? como a Phoebe Calebow, la encantadora due?a de los Chicago Stars y anterior jefa de Bobby Tom. Record? las fotos de los peri?dicos en las que lo besaba antes de los partidos y se pregunt? por qu? dos personas tan afines no hab?an terminado juntas.

En ese momento ?l levant? la mirada y vi? a Gracie. La confusi?n de sus ojos fue reemplazada, casi inmediatamente, por la contrariedad, y quiso gritarle: ??sta soy yo,Bobby Tom!?Soy as?!Una mujer corriente que fue lo suficientemente tonta para creer que le pod?a dar algo a un hombre que ya ten?a todo.

Phoebe Calebow levant? la cabeza y mir? en su direcci?n. Gracie no pod?a postergarlo m?s. Enderezando los hombros, se dirigi? hacia ellos, un patito feo acerc?ndose a dos cisnes dorados.

El cisne masculino la miraba ce?udamente con sus plumas doradas encrespadas.

– Llegas tarde, ?d?nde te has metido y por qu? demonios te has vestido as??

Gracie le ignor? simplemente porque no ten?a fuerzas para hablarle directamente. Ignorando las desagradables garras de los celos que se clavaban en su piel, extendi? la mano hacia Phoebe.

– Soy Gracie Snow.

Esperaba el helado desprecio que una mujer tan encantadora deber?a sentir por alguien tan desali?ado como ella, pero la sorprendi? ver una combinaci?n de cordialidad y viva curiosidad en sus ojos.

– Phoebe Calebow -dijo devolvi?ndole el apret?n de manos-. Me alegro mucho de conocerte, Gracie. Me enter? de vuestro compromiso la semana pasada.

– Lo cierto es que fue una sorpresa para todo el mundo -dijo Gracie r?gidamente, sin saber que hacer con esa mujer que parec?a una diosa sexual pero que se sent?a tan c?lida y acogedora como la Madre Tierra.

– Definitivamente eres un encanto.

Gracie la mir? con suspicacia, pensando que estaba haciendo un chiste a su costa, pero Phoebe parec?a hablar absolutamente en serio.

– Las gemelas van a estar desoladas. Mis hijas estaban convencidas que ?l esperar?a a que crecieran y entonces, de alguna manera, se casar?a con las dos. Tenemos cuatro hijos -explic?-, incluido un beb? de tres meses. A?n le doy el pecho, as? que lo hemos tra?do con nosotros. Est? en casa de Suzy con una canguro.

Bobby Tom pareci? alarmado.

– Te lo juro, Phoebe, si comienzas a hablar de lactancia, me voy corriendo de aqu?.

Phoebe se ri? entre dientes y le palme? el brazo.

– Bienvenido a la vida de casados. Te acostumbrar?s a esto.

Gracie apart? con fuerza la imagen que apareci? en su mente de los beb?s de Bobby Tom, ni?itos alborotadores a los que ser?a tan imposible resistirse como a su padre. Hab?a pensado que no podr?a sentir m?s dolor, pero la idea de unos hijos de Bobby Tom que no fueran suyos hizo que la envolviera una fr?a oleada de sufrimiento.

La gente comenzaba a dirigirse hacia el comedor cuando un hombre grande y guapo que parec?a tener alrededor de cuarenta y cinco a?os, apareci? por detr?s de Phoebe y la tom? por los hombros.

– Si quieres hacer alg?n fichaje, cari?ito, est?s en el lugar adecuado. Esta noche hay un par de jugadores realmente buenos entre toda esa gente y no parecen demasiado satisfechos con su equipo actual.

Phoebe se puso en guardia inmediatamente. Al mismo tiempo, ech? la cabeza hacia atr?s y mir? al hombre con tal ternura que Gracie quiso llorar. Bobby Tom algunas veces la miraba as?, pero no significaba lo mismo.

– Gracie, ?ste es mi marido, Dan Calebow. Era el entrenador de Bobby Tom. Dan, Gracie.

Calebow sonri?.

– Mucho gusto, Se?orita. O? algo interesante. -Mir? a Bobby Tom-. Alguien coment? que tu prometida anda por aqu?, Don Estrella de Cine. No me puedo creer que por fin hayas decidido a casarte. ?Cu?ndo me la vas a presentar?

Phoebe le toc? la mano.

– Gracie es la prometida de Bobby Tom.

Calebow ocult? r?pidamente la sorpresa.

– Bien, es todo un placer. Y t? pareces una chica muy agradable. La acompa?o en el sentimiento, madam. -Sus intentos de disimular su metedura de pata con humor no aliviaron la tensi?n. Gracie era normalmente h?bil para hablar de cualquier cosa, incluso en los casos m?s dificiles, pero sent?a como si se le hubiera pegado la lengua al paladar y permaneci? callada delante de ellos, desafiante, vulgar y silenciosa.

Finalmente habl? Bobby Tom.

– Si nos perdonais unos minutos, Gracie y yo tenemos que hablar de unas cosas.

Phoebe los disculp?.

– Adelante. Quiero hacer alg?n tanteo antes de que todo el mundo se siente.

Bobby Tom asi? el brazo de Gracie y empez? a alejarla del comedor para lo que ella estaba segura ser?a una bronca abrasadora, pero antes de que pudieran estar a solas, un hombre enorme de pelo oscuro, nariz aguile?a y boca delicada lo agarr?.

– Me has estado ocultando cosas, B.T. Acabo de o?r que te casas. ?D?nde est? la afortunada se?orita?

Bobby Tom rechin? los dientes.

– ?sta es la afortunada se?orita. -Ese hombre no fue tan h?bil como Dan Calebow para ocultar sus sentimientos y se mostr? claramente escandalizado. Gracie sinti? el brazo de Bobby Tom sobre los hombros y, si no lo hubiera conocido mejor, habr?a pensado que se estaba mostrando protector.

– Gracie, ?ste es Jim Biederot. Fue el quarterback de los Star durante un mont?n de tiempo. Eramos realmente buenos cuando jug?bamos juntos.

La incomodidad de Biederot fue obvia.

– Encantado de conocerte, Gracie.

Luther apareci? por detr?s de ellos, ahorrando a Gracie la necesidad de contestar.

– El pastor Frank est? a punto de dar la bienvenida. Venga, moveos.

Gracie pod?a sentir la frustraci?n de Bobby Tom mientras Luther los empujaba hacia el comedor.

– Hablaremos luego -la advirti? por lo bajo-. No creas que vas a librarte.

Para Gracie, la cena se hizo interminable, aunque los dem?s parec?an estar pasando un buen rato. La gente comenz? a levantarse de las mesas poco despu?s de que se sirviera el plato principal y sab?a que ella hab?a sido el tema principal de conversaci?n. Estaba segura de que ninguno de sus amigos pod?a entender que estuviera comprometido con un peque?o y soso gorri?n, especialmente cuando parec?a no saber hablar.

Aunque Bobby Tom no lo mostr?, obviamente lo hab?a avergonzado, y ?l nunca creer?a que no lo hab?a hecho deliberadamente. Incluso ahora ella no quer?a lastimarle. ?l no pod?a evitar ser como era, lo mismo que ella no hab?a podido ponerse ropa elegante y maquillaje esa noche.

Los de Telarosa se sintieron insultados y perplejos por su apariencia y silencio. Era como si se hubiera presentado borracha en vez de simplemente no haberse arreglado. Suzy quiso saber si estaba enferma, Toolee Chandler la sigui? al cuarto de ba?o y le pregunt? si se hab?a vuelto loca por aparecer as? y Terry Jo la busc? a la salida para rega?arla duramente por avergonzar a Bobby Tom.

Gracie no pudo soportarlo m?s.

– Bobby Tom y yo ya no estamos comprometidos.

Terry Jo abri? la boca con sorpresa.

– Pero, Gracie, no puede ser. Es obvio para todo el mundo lo enamorados que est?is.

Repentinamente, eso fue m?s de lo que ella pudo aguantar. Sin contestar, se dio la vuelta y sali? a toda prisa del edificio.

Una hora m?s tarde, oy? el ruido sordo de unas botas subiendo las escaleras de su apartamento de dos en dos, y luego un pu?o duro contra su puerta. Se mantuvo en silencio vestida con la blusa blanca y la falda azul marino. Hab?a estado sentada en su dormitorio en la oscuridad intentando decidir qu? hacer con su futuro. Se levant? de la silla, encendi? la luz y se pas? una mano por el pelo, libre ahora de las horquillas. Tratando de componerse, atraves? la sala y abri? la puerta.

Incluso ahora, tuvo que contener el aliento al verlo, maravilloso y rob?ndole espacio con su mera presencia. Los brillantes de la pechera de su camisa color lavanda refulg?an intensamente como planetas distantes y nunca le hab?a parecido hasta ahora m?s alejado de una existencia terrenal.

Hab?a esperado su c?lera, pero no su preocupaci?n. ?l se quit? el stetson mientras entraba.

– ?Qu? te pasa, cari?o? ?Est?s enferma?

Alguna parte suya, innoble y cobarde estuvo tentada a decir que s?, pero estaba hecha de otra pasta y nego con la cabeza.

?l empuj? la puerta para cerrarla con un duro ruido sordo y se enfrent? a ella.

– Entonces ser? mejor que me digas que crees que estabas haciendo esta noche. Llegas pareciendo un demonio y luego permaneces callada todo el tiempo. ?Y para rematarlo le dices a Terry Jo que ya no estamos comprometidos! Todo el pueblo lo sabe a estas alturas.

Ella no quer?a pelearse con ?l. S?lo quer?a dejar el pueblo y encontrar un lugar tranquilo donde lamerse las heridas. ?C?mo le pod?a hacer entender que ella le hubiera dado cualquier cosa que le hubiera pedido, pero s?lo si se lo hubiera podido dar libremente?

La mir? con ira, todo su encanto hab?a sido sustituido por una c?lera crujiente.

– No voy a jugar a las preguntas contigo, Gracie. Acabo de dejar plantadas a un mont?n de personas que me est?n haciendo un favor y quiero saber por qu? elegiste esta noche para avergonzarme.

– Hoy me enter? de que eres t? quien paga mi sueldo.

El primer indicio de cautela apareci? en sus ojos.

– ?Y qu? m?s da?

El hecho de que ?l tratara quitarle importancia a eso, mostraba lo poco que la entend?a e hizo que el dolor fuera m?s afilado. ?C?mo hab?a podido creer, aunque fuera por un momento, que la amaba?

– ?Me mentiste!

– No recuerdo haber comentado nunca qui?n pagaba tu sueldo.

– ?No juegues conmigo! T? sabes c?mo me siento sobre aceptar tu dinero, pero te dio exactamente lo mismo.

– Estabas trabajando para m?. Te lo ganaste.

– ?No hab?a trabajo, Bobby Tom! Tuve que buscar cosas que hacer.

– Eso es una locura. Has estado trabajando un mont?n de tiempo para organizar el torneo de golf.

– Solo eso. ?Qu? pasa con el tiempo de antes de que me dedicara a eso? ?Me pagabas por no hacer nada!

?l lanz? el sombrero sobre una silla

– Eso no es cierto, y no s? por qu? le das tanta importancia. Iban a despedirte, y, a pesar de lo que digas, necesitaba un ayudante. Es as? de simple.

– Si es tan simple, entonces, ?por qu? no me lo ofreciste sin rodeos?

?l se encogi? de hombros y se dirigi? rode?ndola hacia la peque?a cocina del fondo de la sala.

– ?Tienes Alka-Seltzer?

– Porque sab?as que dir?a que no.

– ?sta es una conversaci?n rid?cula. Willow te iba a despedir por mi culpa. -Abri? la alacena de encima del fregadero.

– As? que me contrataste por piedad, porque pensabas que era demasiado incompetente para cuidar de m? misma.

– Eso no es as?. ?Est?s tergiversando mis palabras! -Dej? de buscar en la alacena-. Trato de entenderlo, pero sigo sin ver el problema.

– Sab?as lo importante que era para m? y no te import? nada.

Fue como si ella no hubiera abierto la boca. ?l rode? el mostrador que separaba la cocina de la sala de estar, quit?ndose la chaqueta mientras hablaba.

– Quiz? sea mejor que todo se haya aclarado por fin. He estado considerando la idea y este es probablemente tan buen momento como cualquier otro para que hagamos unos arreglos m?s permanentes. -Lanz? la chaqueta sobre una silla-. Salimos para Los Angeles en un par de semanas y he decidido contratarte como ayudante a jornada completa por el triple de lo que cobras ahora. Y no comiences a actuar como si no te fueras a ganar el sueldo. No voy a tener tiempo de atender mis asuntos si me paso diez horas diarias en un estudio de sonido.

– No puedo hacerlo.

– Lo cierto es que estaba pensando en que te fueras t? antes y buscaras algo agradable donde pudi?ramos vivir. -Se sent? en el sof? y apoy? las botas en la mesita de caf?-. Creo que estar?a bien que tuviera una bonita piscina, ?no te gustar?a? y que tambi?n tenga buena vista. C?mprate un coche mientras est?s all?; Vamos a necesitar otro.

– No hagas esto, Bobby Tom.

– Y deber?as tener m?s ropa, as? que te abrir? una cuenta de gastos. Nada de comprar en outlets, Gracie. Te vas a Rodeo Drive y te compras lo mejor.

– ?No voy a ir a Los Angeles contigo!

?l se sac? la camisa de la cinturilla de los pantalones y comenz? a abrir los botones brillantes.

– Y esa idea tuya, la de la Fundaci?n, no es que me vaya a comprometer por ahora porque a?n pienso que es una locura, pero dejar? que intentes convencerme a ver si lo consigues. -Puso los pies sobre el suelo y se abri? la camisa lavanda sobre su pecho desnudo-. Me tengo que levantar a las cinco de la ma?ana, cari?o, as? que a no ser que me quieras ver hacer el rid?culo en el campo de golf, ser? mejor que nos vayamos ya a la cama.

– Acortando la distancia entre ellos, empez? a desabotonar la blusa de Gracie.

– No est?s oyendo nada de lo que digo. -Trat? de alejarse, pero ?l la sujet? firmemente.

– Eso es porque hablas demasiado. -Le baj? la cremallera de la falda y la empujo al dormitorio.

– No voy a ir a L.A.

– Claro que s?. -Casi la tir? para sacarle los zapatos, tir?ndolos a un lado junto con la falda. Despu?s tirone? de sus pantys. Ella se qued? delante de ?l con bragas, sujetador y la blusa abierta.

– Por favor, Bobby Tom, escucha.

Sus ojos la acariciaron.

– Compl?ceme. Eso es lo que dijiste que querias hacer, ?verdad? -Se llev? las manos a la cremallera de sus pantalones y la baj?.

– S?, pero…

?l agarr? su brazo.

– No hables m?s, Gracie. -Todav?a vestido, aunque con la camisa y los pantalones abiertos, la derrib? sobre la cama y cay? sobre ella.

El desasosiego se apoder? de ella cuando ?l abri? sus piernas e introdujo la rodilla entre sus muslos.

– ?Un momento!

– No hay raz?n para esperar. -Sus manos tiraron de sus bragas y la liber? de su peso mientras se las sacaba. Sinti? sus nudillos contra su hueso p?bico cuando ?l se liber?.

– ?Esto no me gusta! -gimi? ella.

– Dame un minuto y te gustar?.

?l estaba usando el sexo para evitar hablar con ella y lo odi? por ello.

– ?Dije que no me gusta! Qu?tate de encima.

– Vale. -Atrap?ndola entre sus brazos, rod? sobre s? mismo para colocarla encima de ?l, pero mantuvo su trasero tan apretado y empuj? tan insistentemente contra ella que no se sinti? m?s libre.

– ?As? no!

– Dec?dete. -?l rod? para colocarla bajo ?l otra vez.

– ?Basta!

– No quieres que me detenga y lo sabes. -Su pecho musculoso la presion? contra el colch?n mientras la cog?a por la parte de atr?s de las rodillas y las separaba bruscamente, dej?ndola abierta y vulnerable. Cuando sinti? que sus dedos la tanteaban, cerr? la mano en un pu?o y le golpe? en la parte trasera de su cabeza tan fuerte como pudo.

– ?Ay! -?l aull? de dolor y rod? para salir de encima de ella, llev?ndose la mano a la cabeza-. ?Y ahora por qu? haces eso? -gimi? indignado.

– ?Gilipollas! -Ella fue a por ?l, golpeandolo con sus pu?os a pesar del dolor de su mano. ?l se tumb? en la cama y ella golpe? todo lo que ten?a a su alcance. ?l levant? los brazos para evitar los golpes, gritando cuando daba en alg?n punto sensible, pero sin tratar de sujetarla.

– ?Basta! ?Eso duele, maldita sea!?Ay! ?Qu? te sucede?

– ?Maldito seas! -Sus manos palpitaban del dolor. Le dio un ?ltimo golpe y se sent? sobre los talones. Jadeaba cuando agarr? firmemente la blusa y la cerr?. Su asalto no hab?a sido causado por el sexo, hab?a sido por el poder, y en ese momento lo odi?.

?l levant? los brazos y la mir? con precauci?n.

Ella sali? de la cama y busc? la bata que colgaba en la parte de atr?s de la puerta. Sus manos dol?an tanto que ten?a dificultades para cogerla.

– Quiz? ser?a mejor que habl?ramos, Gracie.

– Largo de aqu?.

Ella oy? el ruido del colch?n y el sonido de sus pasos cuando sali? de la habitaci?n. Presionando las manos contra su regazo se dej? caer en la cama reprimiendo un sollozo. Finalmente todo hab?a acabado entre ellos. Ese mismo d?a hab?a sabido que ten?a que pasar, pero nunca hubiera imaginado que acabar?a tan amargamente.

Ella se tens? al o?rlo regresar a la habitaci?n.

– Te dije que te fueras.

?l puso algo fr?o entre sus manos, cubitos de hielo envuelto en una tela. Su voz son? dura y ligeramente ronca, como si lo hiciera a trav?s de un lugar lleno de humo.

– Esto deber?a evitar que se hincharan.

Ella mir? fijamente el trozo de hielo porque no lo pod?a mirar. Su amor por ?l siempre hab?a sido algo c?lido y bueno, pero ahora lo sent?a agobiante.

– Por favor, vete.

Su voz fue apenas un susurro.

– Nunca en mi vida hice nada as? a ninguna mujer. Gracie, lo siento. Dar?a cualquier cosa del mundo para borrar lo que ha ocurrido.

El colch?n se hundi? a su lado.

– No soportaba o?r que no ven?as conmigo y ten?a que hacer que dejaras de hablar. ?Por qu? haces esto, Gracie? Lo pasamos bien juntos. Somos amigos. No hay ninguna raz?n para que se vaya todo al garete por un malentendido.

Ella finalmente se permiti? mirarle y se sinti? herida por la tristeza de sus ojos.

– Es bastante m?s que un malentendido -murmur? ella-. Ya no puedo estar contigo.

– Por supuesto que puedes. Nos divertiremos a lo grande en L.A. Y tan pronto como se termine la pel?cula, he estado pensando que deber?amos llevar a mi madre a un crucero.

En ese momento supo que ten?a que ser honesta con ?l. Necesitaba encontrar el valor para decirle lo que hab?a en su coraz?n, no porque pensara que cambiar?a algo, sino porque ella nunca podr?a seguir adelante si no lo hac?a. Tomando el toro por los cuernos dijo las palabras m?s dificiles que nunca hab?a tenido que pronunciar.

– Te amo, Bobby Tom. Te he amado casi desde el principio.

?l no pareci? sorprendido por su declaraci?n y esa aceptaci?n fue como otro cuchillazo. Se dio cuenta de que ?l lo hab?a sabido todo el tiempo y, que al contrario de lo que hab?a fantaseado, no le correspond?a.

?l acarici? su mejilla con el pulgar.

– No te preocupes, cari?o. Ya he pasado esta experiencia antes y lo podremos manejar.

Su voz fue un chirrido seco.

– ?Experiencia con qu??

– Con esto.

– ?Con una mujer dici?ndote que te ama?

– Caray, Gracie, es s?lo una de esas cosas. No quiere decir que no podamos ser amigos. Somos amigos. Es probable que seas la mejor amiga que tuve nunca.

La estaba lastimando y ni siquiera lo sab?a.

– Mira, Gracie, no tiene que cambiar las cosas. Si hay algo que he aprendido durante todos estos a?os es que mientras tratemos el tema de manera amistosa, no hay necesidad de ning?n tipo de esc?ndalo o escenita. Todav?a podemos seguir siendo amigos.

Los cubitos de hielos se clavaron en sus manos palpitantes.

– ?Sigues siendo amigo de las dem?s mujeres que te dijeron que te amaban?

– De la mayor parte. Y quiero que sea as? contigo. Y ahora, de verdad, no creo que tengamos que seguir hablando de esto. Seguiremos como est?bamos y todo se arreglar?. Ya lo ver?s.

La declaraci?n de amor que la hab?a destrozado interiormente no era m?s que una ridiculez para ?l. Si hab?a necesitado alguna prueba de lo poco qu? significaba para ?l, acababa de tenerla y se sinti? humillada y aturdida.

– ?A?n piensas que voy a aceptar ese trabajo que me ofreces?

– Estar?as loca si no lo hicieras.

– ?No entiendes nada, verdad? -Las lagrimas brotaron de sus ojos.

– Mira, Gracie…

– No acepto el trabajo -dijo ella con suavidad-. El lunes me vuelvo a New Grundy.

– ?No est?s de acuerdo con el sueldo? Bueno, lo negociaremos.

– Deja de hablar, no sabes nada sobre el amor. -Las l?grimas cayeron y rodaron por sus mejillas. Tom? la cadena que sosten?a el anillo de la Super Bolw y la sac? por su cabeza y la puso sobre la palma de su mano-. Te amo, Bobby Tom y te amar? hasta el d?a que me muera. Pero nunca he estado en venta. Siempre me d? libremente.

*****

Lentamente, Bobby Tom dio unas largas zancadas para atravesar el patio trasero. En la mitad se detuvo para admirar la luna, por si acaso Gracie lo ve?a por la ventana, pero no pod?a apurar todo lo que quer?a porque estaba teniendo problemas para respirar. Sigui? caminando hacia la puerta trasera, oblig?ndose a seguir el paso. Incluso trat? de silbar, pero ten?a la boca demasiado seca. Sent?a como si el anillo que llevaba en el bolsillo estuviera haci?ndole un agujero en la cadera; Quer?a coger la jodida cosa y tirarla tan lejos como pudiera.

Cuando entr? en la casa, cerr? la puerta y se apoy? contra ella, cerrando los ojos con fuerza. La hab?a pifiado y ni siquiera sab?a c?mo. ?Maldita sea! Era ?l el ?nico que precipitaba las cosas. ?Era ?l quien decid?a cuando era el momento de terminar una relaci?n! Pero ella no lo entend?a. Nunca hab?a entendido ese tipo de cosas. ?Qui?n seria tan tonto como para rechazar una oportunidad as? por regresar a un pueblo de mierda a vaciar orinales?

Se apart? con fuerza de la puerta y mir? a trav?s de la cocina. No iba a sentirse culpable por esto. Era Gracie quien lo hab?a alejado y que fuera ella la que se arrepintiera, no ?l. As? que lo amaba. Por supuesto que lo amaba; no lo pod?a evitar. ?Pero se hab?a parado a pensar siquiera un minuto c?mo se sent?a ?l? Que ?l se preocupara por ella no parec?a importar. Ella pensaba que era muy sensible, pero no se hab?a parado a pensar ni una sola vez en sus sentimientos. Era la mejor amiga que hab?a tenido nunca, pero ni siquiera le importaba.

La puerta del dormitorio dio contra la pared cuando la abri? bruscamente. ?Maldita sea! Si Gracie cre?a que iba a caer rendido a sus pies, pod?a esperar sentada, porque no iba a ir tras ella. Le hab?a dicho que no se ir?a hasta el lunes y el supo que estar?a en la celebraci?n de la noche siguiente porque era quien dirig?a la rifa de la colcha de Arbor Hills y siempre se tomaba muy en serio sus responsabilidades. Bueno, pues que se preparara.

Antes de acostarse, iba a llamar a Bruno para que mandara unos cuantos de sus antiguos ligues. La noche siguiente, en el Hoedown , ten?a intenci?n de estar rodeado por bellas mujeres. Har?a que Gracie Snow viera exactamente qu? dejaba atr?s. Cuando ella tuviera que quedarse en la l?nea de fondo como un maldito patito feo mientras ?l estaba con todos esos trofeos sexuales pendientes de ?l, recuperar?a la cordura. Una dosis de realidad era exactamente lo que ella necesitaba. Antes de darse cuenta, lo buscar?a para decirle que lo hab?a reconsiderado. Y como la quer?a tanto como amiga, ni siquiera la har?a arrastrarse ante ?l.

Mir? desoladamente la cama vac?a. La noche siguiente ella habr?a aprendido la lecci?n. Sabr?a donde estaban los l?mites. ?Se enterar?a de que ninguna mujer en su sano juicio dejaba a Bobby Tom Denton!

 

[[17] Baile y fiesta country, t?pica de Texas. (N de T)]

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