cap?tulo 24

Bobby Tom Dentonresult? ser un borracho de lo m?s dif?cil. Destruy? el interior del Wagon Wheel, destroz? a patadas las ventanas de un Pontiac completamente nuevo y rompi? el brazo de Len Brown. Bobby Tom hab?a participado antes en peleas, pero no con alguien como Len y no con Buddy Baines, que le intent? robar las llaves de la camioneta para impedir que condujera en estado de embriaguez. Nadie hubiera supuesto el d?a antes que Telarosa sentir?a verg?enza de su hijo predilecto, pero esa noche todos sacudieron la cabeza.

Cuando Bobby Tom se despert?, estaba en la c?rcel. Trat? de girarse, pero le dol?a demasiado todo como para moverse. Le lat?a la cabeza y le dol?a cada m?sculo del cuerpo. Cuando intent? abrir los ojos, se dio cuenta de que uno estaba cerrado de la hinchaz?n. Al mismo tiempo, sent?a el est?mago revuelto como si hubiera pillado un mal virus.

Hizo una mueca de dolor cuando baj? lentamente las piernas por el lado del catre y se arrastr? hasta permanecer sentado. Ni siquiera despu?s de un partido particularmente brutal se hab?a sentido as? de mal. Dejando caer la cabeza entre las manos, se dej? llevar por la desesperaci?n. Mucha gente no recordaba lo que hac?a cuando estaba ebria, pero ?l recordaba cada miserable momento. Peor a?n, recordaba lo que lo hab?a llevado a eso.

Sin importar lo humillado que se hubiera sentido por su rechazo, ?c?mo pod?a haber permanecido de pie tras ese micr?fono para gritarle a Gracie esas cosas? La imagen de su cara mientras escapaba se quedar?a grabada en su memoria por el resto de su vida. Ella hab?a cre?do cada una de las irrecusables palabras que hab?a dicho y saberlo lo llenaba de verg?enza. Al mismo tiempo, el eco de sus palabras segu?a retumbando en su cerebro.

No puedo casarme contigo,Bobby Tom.Merezco algo mejor.

Y as? era. Por Dios, claro que lo merec?a. Merec?a un hombre, no un ni?o. Merec?a a alguien que la quisiera m?s de lo que ?l quer?a a su leyenda. Su leyenda. Por primera vez en su vida, al pensar en eso sinti? asco. No importaba en absoluto su leyenda, su comportamiento de la noche anterior la hab?a destruido y a ?l ni siquiera le importaba. Todo lo que importaba era recuperar a Gracie.

Se sinti? repentinamente sobrecogido por el p?nico. ?Qu? ocurrir?a si ya hab?a dejado el pueblo? Sus principios morales eran una de las cosas que m?s admiraba de ella, y ahora que era demasiado tarde, entend?a lo importante que eran para ella. Gracie siempre pensaba lo que dec?a y una vez que se convenc?a de que ten?a raz?n en algo no cambiaba de opini?n.

Le hab?a dicho que lo amaba, y eso era mucho trat?ndose de ella, pero al jugar r?pida y alegremente con sus emociones y no respetar sus sentimientos, la hab?a puesto en una situaci?n que pod?a no tener marcha atr?s. Cuando ?l hab?a mirado su rostro la noche anterior y la hab?a o?do decirle que no se casar?a con ?l, ella sent?a cada palabra, y ni siquiera la declaraci?n p?blica de su amor hab?a sido lo suficientemente buena para ella.

Un mont?n de emociones extra?as lo bombardearon, pero la menos familiar era la desesperaci?n. Despu?s de toda una vida de conquistar mujeres con facilidad, se dio cuenta de que hab?a perdido la confianza en s? mismo. De otra manera, no estar?a tan seguro de que ella se ir?a, de que nunca la encontrar?a, y de que sab?a que la hab?a perdido para siempre. ?Si no hab?a podido conquistarla en su tierra, en su casa, como pod?a esperar hacerlo en cualquier otra parte?

– Bueno, bueno, genial. Parece que el ni?ito mimado de la ciudad se meti? anoche en un mont?n de problemas.

?l levant? sus ojos vidriosos y vio a Jimbo Thackery, al otro lado de los barrotes de su celda con una desagradable sonrisa de satisfacci?n en la cara.

– No tengo ganas de hablar contigo ahora mismo, Jimbo -mascull?-. ?Qu? tengo que hacer para salir de aqu??

– Mi nombre es Jim.

– Jim, entonces -dijo ?l lentamente. Quiz? no era demasiado tarde, pens?. Quiz? ella hab?a tenido oportunidad de reconsiderar las cosas y la pod?a hacer cambiar de idea. Jur? ante Dios Todopoderoso que si se casaba con ?l, le comprar?a su propio asilo en su primer aniversario de boda. Sin embargo, antes de pensar en eso, ten?a que encontrarla. Luego ten?a que convencerla de que la quer?a m?s de lo que nunca hab?a cre?do amar a una mujer. Har?a lo que fuera para que ella lo perdonara.

?l se incorpor? en el borde del catre.

– Tengo que salir de aqu?.

– El juez Gates no ha fijado tu fianza todav?a -dijo Jimbo con evidente placer ante su sufrimiento.

Se puso de pie sintiendo dolor, ignorando su est?mago revuelto y que su rodilla mala lat?a como una condenada hija de puta.

– ?Cu?ndo lo har??

– Antes o despu?s. -Jimbo sac? un palillo de dientes del bolsillo de la camisa y lo coloc? en la comisura de su boca-. Al juez no le agrada que lo haga madrugar demasiado.

Bobby Tom ve?a el reloj de la pared al otro lado de los barrotes.

– Son casi las nueve.

– Lo llamar? cuando tenga un momento. Es bueno que seas rico, porque hay un mont?n de cargos contra ti: Agresi?n, alteraci?n del orden p?blico, da?os a la propiedad ajena, resistencia al arresto. El juez no se va a sentir demasiado contento contigo.

Bobby Tom se sent?a m?s desesperado cada segundo que pasaba.

Cada instante que pasaba tras las rejas significaba que Gracie se alejaba cada vez m?s de ?l. ?Por qu? se hab?a comportado como un asno la noche anterior? ?Por qu? no se hab?a tragado el orgullo y hab?a ido tras ella en ese mismo momento, para arrodillarse a sus pies y decirle cuanto lo sent?a? En vez de hacer eso, hab?a estando actuando todo ese tiempo como si ella no significara nada para mantener la fachada ante sus colegas, primero con su desesperada proposici?n en p?blico y luego con sus repugnantes palabras ante el micr?fono. Ya no pod?a recordar porqu? le hab?a importado tanto sus opiniones. Disfrutaba con sus amigos, pero no era con ellos con quien quer?a vivir su vida ni tener sus hijos.

?l no pudo ocultar su agitaci?n cuando se acerc? cojeando a los barrotes.

– Har? lo que sea que tenga que hacer, pero no ahora. S?lo necesito un par de horas. Tengo que encontrar a Gracie antes de que deje el pueblo.

– Nunca pens? que ver?a el d?a que har?as el tonto por una mujer -se burl? Jimbo-, pero te aseguro que lo hiciste anoche. Lo cierto es que ella no te quiere, B.T. y ahora todo el mundo lo sabe. Supongo que todas esas Super Bowl no fueron suficientes para ella.

Bobby Tom agarr? los barrotes.

– ?S?lo d?jame salir de aqu?, Jimbo! Tengo que encontrarla.

– Demasiado tarde. -Con una ?ltima sonrisa afectada, dio un golpecito con el palillo en el pecho de Bobby Tom. Sus pasos resonaron sobre el suelo de ladrillo mientras llegaba a la puerta y sal?a.

– ?Ven aqu?, hijo de puta! -Bobby Tom meti? la cara entre los barrotes-. ?Conozco mis derechos, y quiero un abogado! ?Quiero un abogado ahora mismo!

La puerta reson? firmemente cuando la cerr?.

Sus ojos volaron al reloj. Quiz? no se ir?a ese d?a. Tal vez seguir?a por all?. Pero ni siquiera ?l se lo cre?a. La hab?a lastimado demasiado la noche anterior y se escapar?a tan pronto pudiera.

– ?Tengo derecho a hacer una llamada! -grit?.

– C?llate.

Por primera vez se percat? que no estaba solo. La c?rcel del pueblo ten?a s?lo dos celdas peque?as, y el catre de la otra estaba ocupado por un individuo con los ojos rojos y la barba descuidada.

Bobby Tom lo ignor? y sigui? gritando.

– ?Tengo derecho a una llamada! ?Y la quiero hacer ahora!

Nadie contest?.

Empez? a cojear fren?ticamente por su celda. Su rodilla lesionada asomaba a trav?s de un roto de sus vaqueros, le faltaban botones en la camisa y parte de una manga y sus nudillos parec?an haber pasado por una picadora de carne. Regres? a los barrotes y comenz? a gritar otra vez, pero el borracho de la celda de al lado fue el ?nico que respondi?.

El reloj marcaba los minutos. Sab?a cuanto estaba disfrutando Jimbo con eso, pero no le importaba. Se estaba quedando af?nico, pero le daba igual. Trat? de decirse a s? mismo que su comportamiento era est?pido, que no era l?gico sentir esa urgencia, pero el p?nico no decrec?a. Si no alcanzaba a Gracie de inmediato, sent?a que la perder?a para siempre.

Pas? casi media hora antes de que Dell Brady, el ayudante negro de Jimbo, abriera la puerta que comunicaba con la estancia principal de la comisar?a y entrara. Bobby Tom nunca hab?a estado tan contento de ver a nadie en su vida. Hab?a jugado al f?tbol con el hermano de Dell, y siempre se hab?a llevado bien con ?l.

– Joder, B.T., vas a tirar el lugar a gritos. Siento no haber entrado antes, pero tuve que esperar que Jim saliera.

– ?Dell! Tengo que hacer una llamada. S? que tengo derecho a una llamada.

– La hiciste anoche, B.T. Llamaste al viejo Jerry Jones y le dijiste al due?o de los Dallas Cowboys que no jugar?as en su equipo aunque fuera el ?ltimo de la tierra.

– ?Joder! –Bobby Tom cerr? los pu?os sobre los barrotes, sintiendo ramalazos de dolor ascender por sus brazos.

– Nadie te hab?a visto antes tan borracho -sigui? Dell-. Destruiste t? solo el Wagon Wheel, eso sin mencionar lo que le hiciste a Len.

– Lo arreglar? todo m?s tarde, y te aseguro que pedir? perd?n a Len. Pero ahora mismo tengo que llamar por tel?fono.

– No s? B.T., Jim est? muy cabreado. Desde que Sherri Hopper y t?…

– ?De eso hace quince a?os! -grit?-. Venga. S?lo una llamada.

Para su alivio, Dell tom? las llaves que llevaba en su cintur?n.

– Bueno. Supongo que te puedo soltar si te vuelvo a encerrar antes de que vuelva Jim de la cafeter?a. Ojos que no ven, coraz?n que no siente.

Dell estuvo tanto tiempo manoseando nerviosamente las llaves que Bobby Tom quiso agarrarle por el cuello y gritarle que se apresurase. Sin embargo, por fin estuvo fuera de su celda y atraves? la puerta que desembocaba en la estancia principal de la comisar?a. En cuanto entr?, Rose Collins, que llevaba trabajando all? desde antes de lo que ?l pod?a recordar, lo mir? y le tendi? el tel?fono.

– Es para ti, Bobby Tom. Es Terry Jo.

Le arrebat? el tel?fono de la mano.

– ?Terry Jo! ?Sabes d?nde est? Gracie?

– Le est? alquilando un coche a Buddy en este mismo momento para poder irse a San Antonio. No me puede ver -estoy en el despacho de atr?s- pero le dijo a Buddy que cogi? billete para un vuelo a primera hora de la tarde. Buddy me dijo que te llamara, aunque jur? anoche que no te iba a volver a hablar en mi vida. Nunca supe que pod?as ser tan bastardo. No s?lo por lo que le hiciste a Gracie -lleva las gafas de sol, pero s? que ha estado llorando- sino por lo que le hiciste a la cara de Buddy. Su mand?bula ocupa el doble de su tama?o y…

– ?Dile a Buddy que no le alquile el coche!

– Tiene que hacerlo o perder? la franquicia. Est? intentando que cambie de idea, pero ya sabes c?mo es ella. Estoy viendo que ahora mismo le da las llaves.

?l maldijo y se mes? el pelo, sobresalt?ndose cuando roz? una herida cerca de la sien.

– Llama al juez Gates ahora mismo y tr?elo. Dile…

– No hay tiempo; Ahora mismo acaba de subirse al coche. Es un Grand Am. azul y ella es una conductora bastante prudente, B.T. La podr?s alcanzar si te pones ahora mismo en marcha.

– ?Estoy en la c?rcel!

– ?Bueno, pues sal!

– ?Eso intento! Mientras tanto, intenta detenerla.

– Demasiado tarde. Acaba de arrancar. Tendr?s que darle alcance en la carretera.

Bobby Tom colg? de golpe el tel?fono y mir? a Rose y Dell, que hab?an estado escuchando con abierto inter?s.

– Gracie acaba de dejar el taller de Buddy. Est? de camino a San Antonio y necesito alcanzarla antes de que entre en la autopista interestatal.

– ?Qu? demonios haces fuera de la celda? –Jimbo Thackery atravesaba corriendo la puerta, con rastros de donuts en la camisa y su cara morena moteada por la c?lera.

– Gracie est? saliendo del pueblo -comenz? a explicar Dell- y Bobby Tom necesita llegar hasta ella antes de…

– ?Est? bajo arresto! -grit? Jimbo-. ?Enci?rralo ahora mismo!

Dell fue a rega?adientes en direcci?n a Bobby Tom.

– Lo siento, B.T., me temo que tengo que devolverte a la celda.

Bobby Tom alz? las manos, y su voz era lenta cuando le advirti?:

– No te acerques m?s, Dell. No voy a regresar a la celda hasta que haya tenido la oportunidad de hablar con Gracie. No quiero golpearte, pero lo har? si tengo que hacerlo.

Dell estudi? a Bobby Tom por un momento, despu?s se volvi? hacia Jimbo.

– ?Qu? da?o puede hacer, especialmente a ti, darle una hora m?s o menos para que arregle su vida amorosa?

Jimbo curv? la boca y sus cejas hisurtas se unieron cuando frunci? el ce?o.

– ?Det?nle, maldita sea, o est?s despedido!

A ninguno de los Bradys les hab?a gustado nunca que les dijeran lo que ten?an que hacer, y Dell no fue la excepci?n.

– T? no me puedes despedir; ?Luther no te dejar?! ?Si tanto lo quieres all? dentro, entonces m?telo t? mismo!

Jimbo se puso fuera de s?. Con un rugido de furia, se abalanz?. Bobby Tom agarr? una silla de atr?s del escritorio m?s cercano y la empuj? sobre el suelo de ladrillos, golpeando a Jimbo en las rodillas y tumb?ndolo.

Bobby Tom se dirigi? a la puerta antes de que el jefe de polic?a se pudiera levantar, gritando a Rose cuando sal?a.

– ?Necesito un coche!

Ella agarr? r?pidamente un juego de llaves de su escritorio y se lo lanz?.

– Ll?vate el de Jimbo. Estar? justo delante de la puerta.

?l sali? y se meti? en el coche m?s cercano, el brillante coche patrulla blanco del jefe de polic?a. Las ruedas chirriaron cuando dej? el aparcamiento y se incorpor? a la Calle Mayor. S?lo le llev? unos segundos encontrar los botones que activaban la sirena y las centelleantes luces rojas.

En el interior de la comisar?a, Rose Collins acababa de levantar su tel?fono para difundir la noticia de que Bobby Tom Denton acababa de escaparse de la c?rcel.

*****

HEAVEN, TEXAS

UN LUGAR EN EL CORAZ?N

La pancarta colorida que colgaba en el l?mite del pueblo se hac?a cada vez m?s peque?a en el espejo retrovisor de Gracie, hasta que ya no la pudo ver. Cogi? un kleenex de su regazo y mientras se sonaba la nariz se pregunt? si iba a llorar hasta San Antonio. La noche anterior se hab?a quedado sin l?grimas y estaba totalmente destrozada cuando Ray la hab?a llevado al apartamento para recoger sus cosas y luego conducirla al motel donde hab?a pasado la noche. Pero no hab?a dormido. Se hab?a tumbado en la cama recordando una y otra vez las irrecusables palabras de Bobby Tom.

Los dos sabemos que s?lo trataba de hacerte un favor…?Por qu? demonios querr?a casarme con alguien como t???No quiero volver a verte en la vida!

?Qu? hab?a esperado? Lo hab?a humillado delante de todos los que eran importantes para ?l y Bobby Tom hab?a contraatacado con crueldad.

Meti? el kleenex bajo las gafas y se sec? los ojos hinchados. El nuevo due?o de Shady Acres iba a enviar a alguien a recogerla al aeropuerto de Columbus para llevarla a New Grundy. Su sitio estaba en Shady Acres y en veinticuatro horas, se asegurar?a de estar tan ocupada que no tendr?a tiempo de pensar en nada.

Hab?a sabido que eso ten?a que acabar, pero nunca hubiera imaginado un final tan amargo. Hab?a querido que la recordara con cari?o como la ?nica mujer que no hab?a querido nada de ?l, pero la noche anterior hab?a destruido cualquier posibilidad de que ocurriera. No hab?a tomado dinero, pero al final, hab?a terminado por tomar algo m?s importante para ?l, su reputaci?n. Trat? de disculparse ante s? misma pues sab?a que hab?a sido su propia arrogancia la que finalmente hab?a llevado a eso, pero como todav?a lo amaba, no pod?a disfrutar vi?ndolo sufrir.

Oy? una sirena detr?s de ella, y cuando mir? por el espejo retrovisor, vio la luz intermitente de un coche de polic?a que avanzaba r?pidamente por la carretera comarcal. Una mirada al veloc?metro le asegur? que estaba dentro de los l?mites de velocidad; se apart? ligeramente hacia la derecha para dejarle paso. Se acerc? m?s, pero en vez de adelantarla, permaneci? detr?s de ella.

La sirena hizo un ruido brusco, indic?ndole que se echara a un lado. Preocupada, mir? m?s atentamente por el espejo y no se pudo creer lo que ve?a. ?El hombre que hab?a detr?s del volante era Bobby Tom! Se quit? las gafas de sol. Hasta ahora, se hab?a mantenido en pie por pura fuerza de voluntad, pero no podr?a resistir otro enfrentamiento con ?l. Cuadrando la mand?bula con determinaci?n, aceler?, con el ?nico resultado de que ?l hiciera lo mismo.

Una vieja camioneta surgi? amenazadoramente delante de ella. Sus nudillos se pusieron blancos cuando apret? el volante para pasar al carril izquierdo y adelantar. El veloc?metro marcaba noventa y cinco kil?metros por hora y Bobby Tom se manten?a pegado a ella.

?C?mo pod?a ?l hacerle esto? ?Qu? tipo de pueblo dejar?a que un civil condujera un coche patrulla para perseguir a una persona inocente? La aguja avanz? hasta ciento diez kil?metros por hora. Odiaba conducir r?pido y estaba sudando. ?l puso la sirena otra vez, poni?ndola todav?a m?s nerviosa. Sise? con alarma cuando ?l se acerc? a?n m?s y temi? que le diera por detr?s bruscamente. ?Por Dios bendito, ten?a intencion de sacarla de la carretera!

No ten?a otra opci?n. Era demasiado temerario, y mientras ?l pod?a estar perfectamente a sus anchas alcanzando los ciento veinte kil?metros por hora, ella ciertamente no lo estaba. La c?lera la consumi? cuando levant? el pie del acelerador y gradualmente desaceler? para echar el coche a un lado de la carretera. Tan pronto como detuvo el coche, abri? de golpe la puerta para dirigirse hacia ?l.

?l sali? del coche patrulla antes de que ella hubiera dado m?s de cuatro o cinco pasos, y entonces vacil?. ?Qu? le hab?a sucedido a Bobby Tom? Ten?a uno de sus ojos cerrado por la hinchaz?n y se ve?a totalmente salvaje. Ten?a las ropas rasgadas y su omnipresente stetson no estaba. La costra que se estaba formando en la herida de su sien lo hac?a parecer un hombre primitivo y peligroso. Record? lo que le hab?a hecho y, por primera vez desde que lo conoc?a, le tuvo miedo.

?l avanz? hacia ella. Ella se sinti? aterrorizada y se dio la vuelta para saltar dentro del coche y echar el seguro, s?lo para descubrir que hab?a esperado demasiado y era tarde para hacerlo.

– ?Gracie!

Por el rabillo del ojo, vio que intentaba alcanzarla y se movi? justo a tiempo de evitarlo. Dej?ndose llevar por puro instinto, comenz? a correr. Las suaves suelas de sus sandalias se llenaron r?pidamente de grava, haciendo que casi se cayera de rodillas. Tropez?, pero de alguna manera logr? recuperar el equilibrio y continuar. Vol? sobre la l?nea blanca de la carretera, corriendo tan r?pido como pod?a. Esperaba que en cualquier momento la agarrara y como no lo hac?a, mir? por encima del hombro.

?l iba gan?ndole terreno, pero cojeaba tanto que eso le retrasaba considerablemente. Aprovech? su ventaja apur?ndose todo lo que pod?a y mientras lo hac?a, record? la historia que le hab?a contado Suzy de cuando era un ni?o de nueve a?os al que hab?an castigado p?blicamente por golpear a una chica.

Despu?s de todos esos a?os de tratar amablemente a todas las mujeres, algo se hab?a desatado dentro de ?l.

Le resbal? el pie en el borde del asfalto y se sali? del arc?n dando bandazos por los matorrales. Las piedras del terreno entraron en sus sandalias. El terror la invadi? cuando lo oy? justo detr?s de ella.

– ?Gracie!

Ella grit? cuando ?l la hizo caer sobre los matorrales con un empuj?n que le sacudi? hasta el tu?tano. Ella se gir? mientras ca?a y cuando choc? contra el suelo estaba de cara a ?l. Por un momento solo sinti? dolor y miedo. Luego sinti? que se quedaba sin aire.

Ella hab?a yacido bajo ?l muchas veces, pero antes hab?an estado haciendo el amor y lo que hab?a sentido no se acercaba a lo que sent?a en ese momento. Su peso brutal e implacable la sujetaba contra el suelo. Olores poco familiares a cerveza rancia y sudor emanaban de ?l, y la barba sin afeitar cubr?a sus mejillas.

– ?Maldita sea! -grit? ?l apoy?ndose sobre sus brazos. La agarr? y levant? sus hombros lo justo para poder sacudirla como si fuera una mu?eca de trapo-. ?Por qu? demonios estabas huyendo?

El encanto f?cil y su cortes?a impecable se hab?a resquebrajado, dejando un hombre violento y enojado que hab?a sido empujado hasta el l?mite.

– ?Para! -solloz? ella-. No…

?l la atrajo hacia sus brazos, manteni?ndola tan firmemente apretada que no pod?a respirar. Ella era d?bilmente consciente del sonido agudo de una sirena en la lejan?a. Su pecho presionaba contra ella y su respiraci?n entrecortada da?aba su o?do.

– No puedes… No te… marches. -Su boca se movi? contra su sien, y luego, bruscamente, se sinti? libre de ?l.

Por breves segundos, el sol la ceg? y no supo que suced?a. Luego vio como Bobby Tom era arrastrado por el Jefe Thackery. Mientras se pon?a de pie, el jefe de polic?a retorci? brutalmente sus brazos en su espalda y le coloc? unas esposas.

– ?Est?s arrestado, hijo de puta!

Bobby Tom no le prest? atenci?n. Toda su atenci?n se centraba en ella que sinti? la urgente necesidad de ahuecar su pobre y herido rostro entre sus manos.

– ?No te vayas, Gracie! No puedes marcharte. ?Por favor! Tenemos que hablar.

Sus rasgos parec?an devastados y a ella se le llenaron los ojos de l?grimas. De fondo oy? el sonido de ruedas y puertas cerr?ndose de golpe, pero no prest? atenci?n. Negando con la cabeza, se apart? de ?l antes de ceder a la debilidad.

– Lo siento, Bobby Tom. Nunca imagin? que ocurrir?a nada as?. -Un sollozo estrangulado subi? por su garganta-. Tengo que irme. No puedo aguantar m?s.

Thackery se burl?.

– Parece que la se?ora no te quiere.

Hizo girar a Bobby Tom y le dio un empuj?n en direcci?n al coche patrulla. La rodilla mala de Bobby Tom cedi? y se cay?. Gracie se qued? sin aliento y se apresur? a adelantarse, s?lo para ver con horror como Thackery tiraba con fuerza de sus brazos para volver a ponerlo de pie.

Bobby Tom gimi? de dolor, luego empuj? al jefe de polic?a con el hombro, ap?rtandole lo suficiente para poder girarse hacia Gracie.

– ?Dijiste que no te llevar?as nada de mi! -gimi? ?l.

Thackery grit? con ferocidad y golpe? ruidosamente la espalda de Bobby Tom, haciendo que casi cayera de rodillas.

Bobby Tom dej? escapar un aullido de desesperaci?n que proven?a de las mismas profundidades de su alma.

– ?Te amo!?No me dejes!

Ella permaneci? all? de pie, estupefacta, observando como ?l comenzaba a pelear como un salvaje. Con un gru?ido, Thackery cogi? su cachiporra.

Ella no esper? ni un momento m?s. Gritando con ferocidad, se arroj? contra el jefe de polic?a.

– ?No te atrevas a golpearle! ?No te atrevas a intentarlo siquiera! -Embisti? a Thackery con la cabeza y lo golpe? con los pu?os oblig?ndolo a soltar a Bobby Tom para protegerse.

– ?Detente ahora mismo! -?l comenz? a maldecir cuando el borde de la sandalia impact? en su espinilla-. ?Basta! ?Para o te arrestar? a ti tambi?n!

– ?Qu? diablos pasa aqu?? -rugi? Luther Baines. Los tres volvieron la cabeza a la vez para ver al alcalde corriendo hacia ellos, bambole?ndose sobre sus cortas piernas, con Dell Brady a su lado y el coche patrulla parado en una posici?n inveros?mil en la carretera. Detr?s de los dos hombres, rechinaban ruedas de otros coches que comenzaban a pararse. Terry Jo y Buddy llegaron en su Explorer y Buddy que ten?a el labio roto y la mand?bula hinchada se baj? primero. Connie Cameron salt? de su Sunbird.

Luther golpe? el brazo de Jimbo Thackery, oblig?ndolo a dar un paso atr?s.

– ?Has perdido el juicio? ?Qu? demonios crees que est?s haciendo?

– ?Bobby Tom! -Suzy grit? el nombre de su hijo mientras bajaba corriendo por la carretera con Way Sawyer a su lado.

Thackery mir? con furia a Luther.

– ?l se escap? de la c?rcel. Y ella me atac?. ?Los arresto a los dos!

– ?Est?s como una cabra! -grit? Buddy ante sus palabras.

Luther clav? su dedo ?ndice sobre el pecho de Thackery.

– ?No te bastaba con ser un grano en el culo, no, Jimbo! ?Ten?as que ir y joderla bien!

La cara de Thackery se puso roja. Abri? la boca, luego se mordi? la lengua y la cerr? y dio otro paso atr?s. Suzy corri? hacia delante s?lo para que Way la retuviese al ver c?mo los brazos de Gracie se cerraban protectoramente alrededor del pecho de su futuro hijastro.

– ?Qu? se aparte todo el mundo! -grit? Gracie, con su pelo cobrizo destelleando bajo la luz del sol y una expresi?n tan feroz como la de una amazona-. Que nadie lo toque, ?habeis o?do? ?Qu? nadie lo toque!

Bobby Tom, con las manos esposadas a su espalda, la mir?, con una expresi?n d?bilmente aturdida.

El que ?l no pareciera estar en peligro inminente no hizo que Gracie bajara la guardia. Cualquiera que intentara lastimarlo tendr?a que pasar sobre ella primero.

Ella sinti? la presi?n de su mejilla contra su coronilla, y ?l comenz? a murmurar las cosas m?s maravillosas del mundo tan bajo que s?lo los que estaban muy cerca de ellos pod?an o?rlas.

– Te amo tanto, cari?o. ?Me perdonar?s por lo de anoche? S? que todo lo que dijiste de m? es cierto, lo s?; Soy insensible, egoc?ntrico, ego?sta y un mont?n de cosas m?s. Pero voy a cambiar, lo juro. Si te casas conmigo, cambiar?. Pero no me dejes, porque te amo demasiado.

Alguien hab?a debido quitar sus esposas porque repentinamente sus brazos la rodearon. Ella mir? hacia arriba y vio que sus ojos, incluso el que estaba hinchado, brillaban por las l?grimas. El sent?a cada palabra que dec?a, descubri? ella con un sentimiento de admiraci?n. Esa declaraci?n de amor no ten?a nada que ver con el orgullo herido ni ninguna otra cosa por el estilo. ?l estaba hablando con el coraz?n en la mano.

– Dime que lo vas a reconsiderar -murmur? ?l, ahuecando su mejilla en la palma de su mano-. Dime que de alguna manera, a?n me amas a pesar de todo.

Se le hizo un nudo en la garganta por la emoci?n.

– Es mi debilidad.

– ?El qu??

– Amarte. Te amo, Bobby Tom Denton; Y siempre lo har?.

Ella sinti? como temblaba su pecho contra el suyo.

– Nunca sabr?s lo feliz que me hace o?r eso. -Por un momento cerr? los ojos con fuerza como si estuviera arm?ndose de valor. Cuando los reabri?, ten?a las pesta?as h?medas-. ?Te vas a casar conmigo, no es cierto, cari?o? Dime que te casar?s conmigo.

La incertidumbre que oy? en su voz la hizo amarle todav?a m?s, y lo mir? plenamente.

– Oh, claro que voy a casarme contigo. Puedes apostar algo.

Durante unos momentos, olvidaron todo el mundo a su alrededor. Estaban solos al lado de esa carretera de Texas con un brillante sol sobre ellos y un futuro a?n m?s brillante delante. Uno lleno de risas, ni?os y abundante amor. ?l la bes? con su pobre boca hinchada y ella presion? sus labios suaves contra los de ?l. Suzy finalmente rompi? su abrazo, tocando el rostro magullado de su hijo para asegurarse que no estaba mal herido, mientras Way abrazaba a Gracie cuando Bobby Tom la solt?. Gradualmente, todos fueron conscientes de puertas de coches que se cerraban de golpe y m?s ciudadanos de Telarosa que se acercaban bloqueando la carretera para ser testigos de la fuga de prisi?n de Bobby Tom. Gracie vio a Toolee Chandler y Judy Baines, junto con el Pastor Frank y el club de bridge de Suzy.

Jimbo Thackery se apart? a un lado del camino, donde Connie Cameron pareci? reportarle algo de sosiego. Luther aunque parec?a suspicaz, pareci? bastante contento consigo mismo cuando mir? a Bobby Tom, que otra vez abrazaba a Gracie.

– Voy a darte un par de horas para arreglar las cosas con Gracie y luego, t? y yo vamos a tener una bonita reuni?n con el Juez Gates. No tiene fama de juez inflexible as? porque s?, B.T. Antes de que terminemos, te puedo asegurar que te vas a encontrar con un mont?n de multas y alg?n tipo de servicio comunitario realmente duro. Esta escapada te va a costar un dineral, chico.

Gracie no pudo resistirse a apartarse del pecho de Bobby Tom para dar su opini?n.

– En el centro de la tercera edad comentaron lo bien que vendr?a disponer de un autob?s con rampa motorizada.

Luther le dirigi? una sonrisa orgullosa.

– Una idea excelente, Gracie. Ser?a bueno que asistieras a la vista previa por si acaso el Juez Gates necesita inspiraci?n.

– Me encantar?a.

Bobby Tom arque? las cejas con indignaci?n.

– Pero vamos a ver, ?de parte de qui?n est?s t??

A ella le llev? un momento responder porque estaba imaginando todas las buenas obras que la Fundaci?n Bobby Tom Denton har?a en el futuro.

– Ya que voy a formar parte de este pueblo, tengo un deber hacia la comunidad.

De alguna manera, ?l pareci? todav?a m?s indignado.

– ?Y qui?n te ha dicho a ti que vamos a vivir aqu??

Ella sonri? mostrando todo el amor que sent?a por ?l, pensando que, para ser un hombre inteligente era realmente obtuso. Se pregunt? cu?nto tiempo tardar?a ?l en darse cuenta que nunca ser?a verdaderamente feliz en otra parte.

– ?Por qu? no volv?is con nosotros? -dijo Way.

Bobby Tom estaba justo a punto de aceptar esa sugerencia cuando Terry Jo se adelant? entre la multitud.

– ?No tan r?pido! -La decidida expresi?n de su cara hizo patente que ella a?n no hab?a perdonado a Bobby Tom el da?o que le hab?a infligido a su marido-. Necesitas un castigo despu?s de lo que le hiciste a mi Buddy, y que me maten si dejo que esto sea tan f?cil para ti.

– ?F?cil! -exclam? Bobby Tom, manteniendo firmemente el brazo alrededor de Gracie como si todav?a temiera que se pudiera marchar sigilosamente-. ?Pero si casi me mato!

– Bueno, eso est? bien, porque casi mataste a Buddy anoche.

– No hizo eso, Terry Jo. -Buddy parec?a desconcertado-. Caramba, Bobby Tom y yo s?lo tuvimos un desacuerdo.

– T? te callas. No es lo ?nico. Tambi?n est? el hecho de que Gracie es mi amiga y es demasiado obvio que est? tan enferma de amor que no puede cuidar sus intereses, y voy a hacerlo yo por ella.

A Gracie no le gust? el brillo en los ojos de Terry Jo. Le record? que la mayor?a de los habitantes de Telarosa, Texas, pod?an considerarse rematadamente locos aunque no lo parecieran. Tambi?n le record? que consideraban divertidas algunas cosas muy peculiares.

– Est? bien, Terry Jo -dijo precipitadamente-. De verdad.

– No, no lo est?. T? no te das cuenta de esto, Gracie, pero la gente ha estado hablando a tus espaldas desde el momento en que Bobby Tom anunci? vuestro compromiso y ahora que parece que realmente vais a casaros, va a ir a peor. La cosa es que una gran parte del pueblo se han dado cuenta de que da la impresi?n de que no sabes demasiado de f?tbol y dicen que Bobby Tom nunca te hizo el examen.

Oh,v?lgame Dios.

– Algunos incluso dicen que hizo trampa, ?no es cierto, Suzy?

Suzy cruz? las manos remilgadamente por delante.

– Dudo que hiciera trampas. Pero ha habido comentarios.

Gracie clav? los ojos en ella. Hasta ese momento siempre hab?a considerado a Suzy como un modelo de cordura.

Terry Jo plant? las manos en las caderas.

– Gracie, lo cierto es que, incluso la gente que vaya a tu boda va a cuestionar en secreto la legitimidad de tus hijos si no est?n seguros de que pasaste el examen. D?selo t?, Bobby Tom.

Ella levant? la mirada hacia Bobby Tom s?lo para notar con alarma que ?l se frotaba el dedo sobre la ceja.

– Supongo que tienes algo de raz?n, Terry Jo.

Cada una de esas personas deb?an estar en un manicomio, decidi? Gracie. Especialmente su futuro marido.

?l apret? los dientes.

– Pero s?lo le har? cinco preguntas ya que no es de Texas y no se cri? viendo f?tbol. ?Es un problema para alguien?

Unas cuantas mujeres, incluyendo a Connie Cameron, lo miraron como si tuvieran un gran problema con ello, pero nadie protest? en voz alta.

Bobby Tom asinti? con satisfacci?n. Solt? a Gracie y dio un peque?o paso hacia atr?s, haci?ndola saber que contestar?a sin ayuda de nadie.

– All? vamos. Pregunta n?mero uno. ?Qu? significan las siglas NFL?

La multitud gimi? ante una pregunta tan rid?culamente f?cil, pero ?l los silenci? con una mirada.

– Ah, Nacional Football League -contest? ella, pregunt?ndose a d?nde quer?a llegar sabiendo, como sin duda sab?a, que ?l pretend?a que ella aprobara ese rid?culo examen.

– Muy bien. Pregunta n?mero dos. -Arrug? la frente con concentraci?n-. En el mes de enero, los dos mejores equipos del pa?s, el ganador de cada liga, juegan el partido de f?tbol m?s importante del a?o. El mismo donde el ganador recibe un anillo grande, muy grande -agreg? ?l por si acaso ella necesitaba alguna pista-. ?C?mo se llama ese partido?

M?s gemidos del p?blico.

Gracie los ignor?.

– Es la Super Bowl.

– Excelente. Lo est?s haciendo muy bien, cari?o. -Hizo una pausa y se acerc? para besarle la punta de la nariz y luego se alej? otra vez-. Ahora una pregunta un poco m?s d?ficil, as? que espero que est?s lista. ?Cu?ntos postes verticales -tambi?n llamados uprights– tiene la porter?a que hay en cada extremo del campo de juego?

– ?Dos! -exclam? ella, inexplicablemente contenta consigo misma-. Y hay unos listones encima de cada poste, aunque no recuerdo exactamente cu?nto miden.

?l chasque? con la lengua admirativamente.

– Lo que midan no importa; Eso tambi?n cuenta como una cuarta pregunta, s?lo porque supiste que tienen esos listones. No todo el mundo lo sabe, ?sabes? Eso significa que te quedan s?lo una pregunta m?s. Conc?ntrate cari?o.

– Estoy concentrada.

– Para tener posibilidad de ser la Sra. Gracie Snow Denton… -?l hizo una pausa-. Si no te importa, apreciar?a que reconsideraras lo del gui?n.

– ?Yo nunca dije nada de que usar?a gui?n! Fuiste t? el que…

– Este no es el sitio apropiado para discutirlo, cari?o. Nada de gui?n y punto. Tu quinta y ?ltima pregunta… -?l vacil? y por primera vez pareci? preocupado-. ?Podr?as decirme el nombre de alg?n quarterback?

– Conozco a Troy Aikman.

– Ese no vale, Bobby Tom -grit? Toolee-. Gracie estuvo bailando con ?l ayer por la noche.

– Me suena un tal Joe Namath -a?adi? Gracie con triunfo.

– ?Veis? -apostill? ?l-. Est? bien, cari?o. Aqu? va tu ?ltima pregunta, y es realmente dif?cil, as? que no dejes que te distraigan todas esas mujeres celosas. Para asegurar la legitimidad de nuestros doce hijos… ?En qu? equipo de la ciudad de New York jug? Joe Namath?

Gracie palideci?. Se?or. Todo el mundo deber?a saber la respuesta a eso. New York. ?Cu?l era el equipo de la ciudad de New York? Su expresion se ilumin?.

– ?Los New York City Yankees!

La multitud estall? en risas, gritos y unos cuantos silbidos. Bobby Tom los silenci? a todos con una mirada. Al mismo tiempo, el destello de sus ojos desafiaba a cualquier a que la contradijera y aclarara que los Yankees era un equipo de beisbol.

Lo cierto es que cada uno de los presentes entendi? su mensaje. ?l se acerc? a Gracie y la envolvi? entre sus brazos. Con una tierna mirada y un sueve roce de labios, dijo-: Muy bien, cari?o. Correcto. No ten?a ni idea de que supieras tanto de f?tbol.

Y as? fue c?mo cada persona de Telarosa, Texas, se dio cuenta de que Bobby Tom Denton, finalmente y para siempre, se hab?a enamorado.

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